Guerra de Corazones

Capitulo 14

Vencardia se vistió de luto, pero bajo las telas negras, el castillo era un nido de víboras. Darian fue coronado en una ceremonia gélida. Mientras el aceite sagrado tocaba su frente, él no pensaba en el poder, sino en el frío que debía estar pasando Lyra en la cabaña.

Los primeros tres meses de su reinado fueron una batalla de voluntades. Darian se sumergió en el trabajo, cambiando leyes y reforzando las fronteras, todo para justificar sus constantes ausencias. Pero Morgana no se quedaba atrás. Como Reina, empezó a tejer su propia red, sustituyendo a los antiguos criados por espías traídos de Erythria.

Una tarde, Darian entró en sus aposentos y encontró a Morgana revisando unos informes de tesorería. Ella no se inmutó; simplemente deslizó un papel sobre la mesa de roble.

—Es curioso, esposo mío —dijo ella, acariciando el borde de su copa con una uña pintada de carmesí—. Las raciones de medicina, seda fina y comida de alta calidad que salen de las cocinas reales hacia el "Valle de los Suspiros" podrían alimentar a un pelotón entero. O... a una mujer muy especial.

Darian se mantuvo impasible, aunque por dentro sintió un vuelco.

—Azai está apostado allí con una patrulla de élite, Morgana. La frontera con las Tierras Altas es inestable. Mis hombres no comerán pan rancio mientras yo sea Rey.

— ¿Y la seda, Darian? ¿Tus soldados duermen ahora sobre almohadones de seda? —Morgana se puso de pie, acercándose a él hasta que el perfume de rosas dulces y venenosas lo envolvió—. No me creas tan tonta. Sé que algo crece en ese bosque. Sé que hay un secreto que

tú y mi hermano guardan como si fuera oro.

Ella le puso una mano en el pecho, justo sobre el corazón.

—Recuerda lo que te dije el día que tu padre murió. Lo que es tuyo, es mío. Y si descubro que me estás robando mi lugar... no habrá rincón en este mundo donde esa "cosa" pueda esconderse.

Darian le quitó la mano con una brusquedad que la hizo tambalear.

—Vigila tus palabras, Morgana. Eres Reina, no mi carcelera. Si tienes pruebas de traición, muéstralas. Si no, vuelve a tus bordados y déjame gobernar.

A diferencia de la tensión del palacio, la cabaña

en el valle era un oasis de calma agridulce. Lyra ya estaba en su sexto mes de embarazo. Su vientre era ahora una curva prominente que contenía toda la esperanza de Darian.

Azai entró en la cabaña cargando leña. Se detuvo al ver a Lyra sentada junto a la ventana, cosiendo una pequeña prenda de lana blanca. La luz del atardecer la envolvía, dándole un aire casi divino, pero Azai notó que sus manos temblaban un poco.

—Darian vendrá mañana —dijo Azai, dejando la leña junto al fuego—. Ha logrado despistar a los informantes de Morgana en el cruce del río.

Lyra sonrió, pero era una sonrisa cansada.

—A veces siento que Cyra tiene prisa, Azai. Se mueve tanto... es como si supiera que el mundo afuera es pequeño para ella.

Se llevó la mano al vientre y cerró los ojos, disfrutando de una patada enérgica.

Recordó el cómo supo que era ella. Una niña. Su

sol.

“Lyra estaba sentada frente al fuego, sosteniendo un pequeño hilo de seda del que colgaba el anillo de plata que Darian le había dado en secreto. Azai la observaba desde la mesa, limpiando su daga.

—El anillo no deja de girar en círculos, Azai —susurró Lyra con una sonrisa suave—. Las viejas del pueblo decían que eso significa que una pequeña mujer está reclamando su lugar.

Azai levantó la vista, suavizando su expresión. —En Erythria decimos que si la madre se vuelve más hermosa cada día, es porque lleva un sol por dentro. Y tú, pequeña bufona, nunca has brillado tanto.

Lyra suspiró, acariciando su vientre.

—Entonces es Cyra. Mi instinto me lo dice desde la primera noche. No necesito que un anillo me lo confirme. Siento su energía... es una luz que me quema por dentro.”

—Darian me dijo que su nombre significa Sol. A

veces tengo miedo de que yo sea solo la mecha que se consume para que ella pueda brillar.

Azai se acercó y se sentó en el suelo, cerca de ella, con la mirada de quien protege el tesoro más frágil del mundo.

—Tú eres la raíz, Lyra. Sin ti, el sol no tendría tierra sobre la que nacer. Pero Morgana está cerca. Ha empezado a preguntar por los gastos de la frontera. Tengo que doblar la guardia, pero no puedo traer a más hombres sin que sospechen.

Lyra lo miró con esos ojos azules que seguían siendo su mayor arma.

—Azai... si algo sale mal, si ella nos encuentra antes de que Cyra nazca... prométeme que salvarás a la niña. No importa qué pase conmigo.

—No digas eso —la cortó él con firmeza—. Las salvaré a ambos. O moriré en ese camino.

Al día siguiente, el sonido de unos cascos de caballo rompió el silencio del valle. No era el galope pesado de una patrulla, sino el ritmo rápido y rítmico de alguien que viaja con el corazón en la mano.

Darian entró en la cabaña sin siquiera quitarse la capa, que venía manchada de barro y escarcha. Sus ojos buscaron a Lyra antes que cualquier otra cosa. Al verla allí, viva y con el vientre iluminado por la luz de la mañana, soltó un suspiro que pareció liberarlo de semanas de tortura en el palacio.

—Cada vez es más difícil salir —dijo Darian, acercándose para envolverla en un abrazo protector—. Morgana ha empezado a patrullar

los establos personalmente. He tenido que salir por el pasadizo de los criados y cambiar de caballo tres veces.

—Darian... —Lyra lo apartó un poco para mirarlo a la cara. Notó las ojeras profundas y la nueva dureza en su mandíbula. Ser Rey lo estaba desgastando—. Azai dice que ella sospecha del dinero.

Darian soltó una risa amarga.

—Que sospeche. He ordenado quemar los registros de gastos de la frontera. Si quiere buscar pruebas, tendrá que buscarlas en las cenizas. Pero no he venido a hablar de ella.

Se arrodilló frente a Lyra, tal como hacía siempre, y puso su oído contra su vientre. En ese instante, Cyra dio una patada tan fuerte que Darian soltó una risa genuina, la única que salía de su pecho en meses.




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