Guerra de Fe e Imposiciones.

Capítulo 1

El dios Raga está en su máximo esplendor. El dios Shu nos bendice con un viento agradable que juega con mi cabello y mi vestido mientras corro apresurada, seguida por Maya.

Mamá me había ocupado más tiempo del necesario, por lo que iba tarde a ver el entrenamiento donde mi hermana me esperaba.

—Mi señora, por favor, no corra —pidió Maya, y yo llevé la mirada hacia ella sin dejar de avanzar.

No alcancé a responderle, ya que choqué contra algo. Caí al suelo, golpeándome con fuerza, y escuché el grito de Maya acompañado de la risa de quien, al parecer, era el causante de mi caída. Avergonzada, pero orgullosa, levanté el rostro, lista para enfrentar al culpable; sin embargo, el sonrojo llegó de inmediato al verlo.

—¿Está bien? —preguntó otro hombre, ayudándome a levantarme.

Mi rostro se volvió aún más rojo al reconocer al gran Shaty Sejo-Meh.

—Princesa Nefer, disculpe a mi nieto; no vimos que venía —dijo.

Llevé mi mirada al mencionado, quien me sonreía, y rodé los ojos en respuesta.

—Estoy bien, gracias —le respondí al Shaty con una leve sonrisa.

—Al final, tú eras quien venía corriendo como un conejito escapando de su jaula —dijo el nieto del Shaty, mirándome con seriedad.

—¿Cómo osas? —fue lo único que logré decir, pues mi mente se encontraba nublada con su presencia.

—Mi señora, el entrenamiento ya empezó —intervino Maya.

Me alejé del gran Shaty y de su nieto para encaminarme, junto a Maya, hacia el entrenamiento.

—Maya, ¿quién era el joven que estaba con el gran Shaty?

—Es Ariel, princesa; nieto del gran Shaty Sejo-Meh, hijo de su segundo hijo, Fraine —respondió de inmediato—. ¿Desea organizar algún castigo por haberla hecho tropezar?

—Déjalo así —respondí mientras caminaba hacia donde estaba Meritra.

—¡Llegas tarde! —exclamó mi hermana al verme acercarme, llevándose una uva a la boca—. Menje sobresale en los entrenamientos.

—Eso es bueno, Meritra. Que Raga le dé sus fuerzas.

Me senté a su lado. Los siervos agitaban palmas para que el calor no nos incomodara. Maya me acercó un pañuelo para limpiar el sudor de mi frente; lo tomé y, aunque mantenía la mirada en la arena de entrenamiento, mi mente estaba en otro lugar.

Ariel. Recordar a ese joven insolente me generaba incomodidad. En sus ojos no había ni una pizca de respeto hacia mi presencia. Esos ojos azules… un azul semejante al gran caudal.

—Hermana, mira a Ariel —la voz de Meritra me sacó de mis pensamientos—. Fue el general que ayudó a Menje en su primera expedición. Es gran amigo suyo y muy pocas veces se le ve en el palacio.

Ariel es un joven apuesto, con un cuerpo definido por su labor en el ejército de Geptio. Su cabello recuerda a la arena del desierto, y sus ojos parecen dos gotas perfectas tomadas del mar.

—¿Recuerdas la historia que nos contaba la abuela, la reina Ynat? Ella veía a la abuela de Ariel como una hermana.

Las palabras de Meritra me incomodaron.

La reina Ynat, cuya característica era su bondad, resplandecía donde llegaba. Una digna hija de la diosa Sis, amada por el pueblo y por el rey İpap.

—Thazene fue una mujer muy querida por la reina Ynat.

—Nefer, ¿recuerdas cómo siempre le preguntabas a la abuela por el gran Shaty Sejo-Meh?

—Mi padre siempre lo consideró muy importante por la relación que el Shaty mantuvo con mi abuelo. Papá me hablaba de su historia.

—Su nieto, Ariel, y en general los Rebohes, son muy buenos hombres… apuestos, viriles.

—¡Por Raga, Meritra! ¿Cómo osas decir esas cosas? —interrumpí antes de que continuara. Ella solo se encogió de hombros y sonrió.

El entrenamiento terminó y Menje se acercó a nosotras, sonriente. Meritra se levantó y lo abrazó efusivamente, gesto que él no rechazó. Mis ojos se cruzaron con los de Ariel.

—Meritra, compórtate —dije, rompiendo el contacto visual y haciendo que se apartara.

—Nefer, es un placer verte hoy —dijo Menje, inclinando ligeramente la cabeza.

—Has mejorado, príncipe —añadí, volviendo a mirar a Ariel, que se encontraba detrás de él.

—Él es Ariel, general de las tropas de Geptio. Princesas, fue quien ayudó a su hermano en la expedición —presentó Menje.

—No hace falta presentación. Ya he tenido el… desagradable placer de conocerlo —lo interrumpí.

—Nefer, es un honor que me recuerde —respondió Ariel.

Pasé a su lado sin mirarlo.

—Príncipe Menje, tengo un asunto pendiente con usted —informé, indicándole que me siguiera mientras nos alejábamos.

Insolente. ¿Cómo osa hablarme con tanta informalidad? ¡Por Raga! ¿Cómo se atreve a llamarme por mi nombre? A mí, la heredera al trono de Geptio, la encarnación de los dioses, la gran princesa Nefer del norte y sur de Geptio.

—Hoy, la corte comentó que ya deberíamos contraer matrimonio —dije, dejando mis pensamientos a un lado.

La respiración de Menje se detuvo por unos segundos, y sus pies parecieron anclarse al suelo. Suspiré antes de girarme para verlo.

—Yo no estoy de acuerdo.

Él suspiró aliviado.

—Menje, te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para que eso no suceda.

—Nefer, eso debería prometerlo yo, hermana. No quiero que pongas sobre tus hombros mis responsabilidades.

—Eres mi hermano. Es mi deber no permitir que nos obliguen a cometer un acto que no deseamos.

Él tomó mis manos entre las suyas.

—Los gloriosos de Geptio me han bendecido al darme a ti como hermana —dijo con una sonrisa nostálgica.

Solté sus manos y le di la espalda.

—Es mi deber, como próxima soberana de Geptio, no permitir que me manipulen.

—Te prometo que siempre te serviré y te ayudaré a encontrar la felicidad, hermanita.

Me dio un beso rápido en la mejilla y salió antes de que pudiera reaccionar.

Me llevé la mano al rostro, tocando suavemente mi mejilla.

Haré hasta lo imposible por seguir viéndolos sonreír. Los protegeré como mi padre lo hubiera hecho y jamás les impondré algo que los dañe.




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