Guerra de Fe e Imposiciones.

Capítulo 11

La puerta de mis aposentos se abre y veo entrar a Menje-Perha. Hago un ademán con la mano para que Maya se retire.

—Mi preciosa hermana —dice, acercándose para dejar un beso en mi mejilla antes de sentarse a mi lado—. Tengo tiempo sin hablar con la joven más sabia y bella que he conocido. ¿Me aceptas la invitación de salir a caminar por los jardines?

Extiende su brazo y yo me cuelgo de él para salir de mi habitación hacia los jardines. El día está silencioso; las flores parecen haberse abierto solo para nosotros.

—Hace mucho que no convivimos —empieza—. Sé que te debemos una explicación y una disculpa, pero hoy no quiero hablar de mí ni de Meritra… quiero saber de ti —dice mientras pellizca suavemente mi mejilla.

—Menje… estuve dos años lejos de lo que se supone era mi hogar, sin explicación ni aviso. Mamá solo lo decidió una tarde… y al amanecer yo ya no estaba aquí.

—¿Y qué hay de Hapı?

—La condición… o más bien la idea… siempre fue que regresara con un prospecto de marido.

—¿Lo quieres?

Su pregunta me deja en silencio. Podría mentir… evitar más preguntas.

—Hapı es perfecto para acompañarme en el reinado —respondo, forzando una sonrisa.

—No lo amas —afirma, mirándome.

Mis ojos se llenan de lágrimas.

—Él es atento… sabe perfectamente cuál es mi futuro. Y vamos, ¿no has escuchado los rumores del palacio? Todas las mujeres están celosas —fuerzo aún más la sonrisa—. Sabe decir exactamente lo que necesito oír… me hace sentir… perfectamente bien…

—¿Pero? —insiste.

Tal vez mi hermano me conoce demasiado bien.

—Pero extraño que alguien tenga la valentía de decirme lo que no quiero escuchar… que olvide mi título… que me vea a mí… no a mi madre… no a mi destino…

Menje-Perha me abraza y yo me rompo en llanto.

—Pero también sé… que no tengo otra salida.

—Nefer —toma mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarlo—. Escúchame. Si no lo quieres… déjalo.

Limpia mis lágrimas con cuidado.

—La razón por la que mamá te envió a Baste no fue la que tú piensas… fue para alejarte de Ariel.

—¿Qué? —mi mundo se tambalea.

Todo lo que creí inevitable… no lo era.

—Te lo juro, hermana. Si tengo que enfrentarme a cualquiera para verte feliz, lo haré. Pero quiero volver a verte viva… y, al parecer… es Ariel quien provoca eso en ti.

Su abrazo se vuelve más fuerte.

—Límpiate las lágrimas —dice, pasando su mano por mis mejillas—. Nunca he sido fan de mi hermana cuando llora.

Suelto una pequeña risa mientras me limpio el rostro… pero mi mirada se detiene.

A lo lejos.

Ariel.

Tenía a la joven de la bienvenida entre sus brazos, llenándole la frente de besos.

Algo dentro de mí se rompe.

—¿Me acompañas al entrenamiento? —pregunta Menje, sacándome de mis pensamientos.

Asiento.

La arena de entrenamiento está llena. Me encuentro junto a Meritra observando a Menje-Perha.

—¿Cómo amaneciste? —pregunta una voz acercándose.

No alcanzo a reaccionar cuando Hapı se inclina y besa mi mejilla.

Estoy a punto de apartarme… pero mi mirada se cruza con la de Ariel.

Y me detengo.

—Bien… gracias por preguntar.

—Fui a buscarte esta mañana y no te encontré.

—Salí con mi hermano.

—¿Vas a entrar? —pregunta Meritra—. No estaría mal ver a un nuevo hombre en la arena.

—Meritra, controla tu vocabulario —la regaño.

Hapı sonríe… y entra a la arena.

Va directo hacia Ariel.

Le pide un combate.

Cuando Ariel me mira… niego con la cabeza.

Pero él solo sonríe.

Y acepta.

El sonido del metal choca y llena la arena.

Al principio, todo es control.

Precisión.

—No está mal… para alguien que no pertenece a esta tierra —dice Hapı con una sonrisa.

Ariel no responde.

—Deberías tener más cuidado —continúa—. Después de todo… pronto protegerás a una mujer que ya no te pertenece.

El siguiente golpe no es parte del entrenamiento.

El sonido cambia.

Más fuerte.

Más real.

—Cuida tus palabras —dice Ariel en voz baja.

—¿Por qué? ¿Duele? —se acerca—. Es mi prometida.

El ritmo se rompe.

Las espadas chocan con violencia.

—Muy pronto… —susurra Hapı— ese cuerpo clamará por mí… y esa fierita será domada.

Ya no hay técnica.

Solo intención.

El aire se vuelve pesado.

Nadie habla.

Y yo…

no puedo moverme.

Hapı ataca sin advertencia.

Ariel esquiva… pero no responde con la misma agresividad.

No quiere hacerlo.

Lo veo.

Lo siento.

Y eso lo deja expuesto.

El filo atraviesa su brazo.

La sangre cae.

—¡Ariel! —mi voz se escapa sin control.

Pero ninguno se detiene.

Mi cuerpo reacciona antes que mi mente.

Corro hacia la arena.

—¡BASTA! —grito, temblando de furia.

Menje-Perha y Abur llegan conmigo, separándolos.

Entonces lo veo.

La herida.

Profunda.

La sangre no se detiene.

Y Ariel…

no retrocede.

No aparta la mirada de mí.

—¿Cómo…? —susurro, acercándome a Hapı—. ¿Cómo osas herir así a un general… en un entrenamiento?

Él intenta hablar.

No lo permito.

—Lárgate de mi vista.

—Nefer, yo—

—¡LÁRGATE! —mi voz retumba—. ¡TODOS… desaparezcan de mi vista!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.