Terminé de orar y de leer la palabra, y me fui a dormir. Cuando aparezco dentro de una casa, y se aparece el diablo, en el espíritu sabía que era el, un hombre extremadamente de alto, vestido de negro y su rostro oscuro, y venia atacarme, pero antes que me atacara, yo lo rodeo rápidamente diciéndole varias veces y con las dos manos hacia el: La Sangre de Cristo tiene poder, y de inmediato, la cara de este se vino hacia mis manos, y me desperté sintiendo, como si estuviera tocando gelatina.