—¿Acaso lo olvide o teníamos una cita hoy?
Me levanté del suelo con agilidad, me alejé unos pasos y finalmente me di la vuelta para verlo. No tenía palabras para responderle, aunque estoy seguro de que aquello que preguntó fue en forma de burla para hacerme temblar de miedo. Su larga cabellera ondeaba por el fuerte viento que hacía justo en aquel momento en el que solo éramos el árbol mágico, él y yo.
—Por tu cara supongo que no teníamos cita para vernos hoy Mateito —susurró en medio del frio viento al no obtener respuesta.
Sus ojos rojos eran aterradores y al estar fijos en los míos sentía como si una fuerza ajena se apoderaba de mi cuerpo a tal punto de querer controlarme. Sin embargo, fui más rápido que él y bajé la mirada.
Nicolás tenía algo que no me gustaba, y era ese deseo de manipular a cualquier persona que le debía algo. Yo le había roto una pierna por lo que evidentemente a estas alturas de la noche, él estaba aquí buscando la manera de vengarse por eso.
—¿Te comieron la lengua los licántropos?
¿Licántropo? Si había escuchado esa palabra dos veces en mi vida era mucho, tal vez lo había leído en un libro infantil cuando apenas aprendía a leer. Son esos lobos que se convierten en personas, en realidad no sé, pero estoy seguro de que tales criaturas no existen y que solo salió en un libro infantil de fantasía. Pero Nicolas al parecer había leído mucho de ellos.
—¿Qué haces aquí? —pregunté finalmente con voz temblorosa.
—Me debes algo —dijo con una sonrisa burlona en sus rojizos labios.
Lo sabía, Nicolas estaba aquí porque hasta que no cumpliera con sus amenazas y llenara su sed de venganza con lo que Maximus le hizo a su hermana y con lo que yo le hice aquella noche en el bosque, no iba a estar tranquilo.
Pero yo sé que este no podia ser el momento de mi muerte, era demasiado rápido para morir y ver a Deacon solamente dos veces en mi vida. Aquella fiesta prometía acercamientos hacia el rey Deacon y no iba a permitir que el maldito de Nicolás lo arruinara.
Visualice la posibilidad de correr hacia la cabaña, pero para hacer eso tenía que pasar por su lado y si eso llegaba a pasar no viviría para contarlo. Lo mismo pasaría si gritara, las posibilidades de poner a mis hermanos en peligro eran muy alta y no conseguiría nada porque ambos están durmiendo.
Tan solo si hiciera algo que lo distrajera fuera más fácil, pero ahora no tenía la cabeza tranquila para pensar en algo antes de que Nicolás se aburriera y acabara con mi vida.
Mire por encima de mi hombro, lo que estaba detrás de mí era el bosque, tan oscuro como la maldad que Nicolás tenía en su corazón.
No tenía más opción que correr al bosque, aunque me perdiera, pero era eso a quedarme parado frente a Nicolás sin hacer nada hasta que me llegara la hora de la muerte, que iba a ser muy pronto si me quedaba aquí.
Debajo del árbol mágico había un silencio escalofriante. Un silencio que a veces era roto por el aullar de un lobo. Di media vuelta sin dar explicaciones y ante la oscuridad de mis ojos comencé a correr hacia los adentros del bosque. Solo podia escuchar las hojas secas crujir bajo mis pies. Una que otra vez chocaba con el tronco de un árbol por lo oscuro que estaba el mundo.
Nunca había corrido tanto en toda mi vida, pero supongo que cuando estas en apuros, es donde más rápido te tienes que dar y donde tus dones de corredor se desarrollan bastante.
Por un momento me detuve, las gotas de sudor caían desde mi frente al suelo. Me puse las manos en las rodillas y me gache levemente para recuperar todo el aliento que se me había ido al correr desde el árbol mágico hasta aquí. Supongo que corrí lo suficiente para alejarme bastante de Nicolás.
Di una vuelta completa sobre mi propio eje y por ninguna parte vi a Nicolas. Sonreí, porque aparentemente estaba a salvo. Al parecer la pierna se le había curado, pero tal vez aun no podia correr tan rápido como yo, y eso de alguna manera me beneficiaba bastante.
Si embargo, me había equivocado cuando pensé que en los adentros del bosque podia estar a salvo, porque de Nicolás nadie podia estar a salvo. Era como un mal que te perseguía a donde quiera que fueras.
Comencé a escuchar su risa terrorífica y escalofriante por todas partes, era como si estuviera en todas las direcciones o incluso dentro de mi cabeza. Su risa se reproducía en mi mente y atravesaba mi cerebro una y otra vez. Mi cuerpo temblaba y ahora no solo mi frente estaba sudando, si no también mi espalda y abdomen. El miedo que me provocaba Nicolás era sorprendente y más teniendo la corazonada de que estaba dentro de mí.
Di otra vuelta para inspeccionar el bosque, pero no había absolutamente nadie parecido a Nicolás, es más ni siquiera había aves en los grandes y viejos robles que me rodeaban. Pero su risa, aquella risa que desde que lo conocí me provocaba pesadillas, la escuchaba sin parar en mi cabeza.
Me lleve las manos a las sienes. Sentí una punzada en la cabeza y un escalofrió que me hizo estremecer, cerré los ojos con fuerza tratando de que aquella risa se silenciara en mi cabeza, pero por más que trataba de eliminarla no lo conseguía y realmente no entendía el porqué.
Finalmente, y sin hacer nada para que se detuviera, aquella risa malévola se silenció en mi mente, a penas podia escuchar el cantar de los grillos que tal vez estaban alrededor de una laguna. Con respiración agitada aun, abrí los ojos los cuales estaban empapados de lágrimas las cuales se deslizaron por mis mejillas.
Cuando mis ojos se aclararon lo pude ver; estaba frente a mí, igual que como estaba debajo del árbol mágico pero esta vez sin el brillo rosado alumbrándole el rostro, algo que antes le daba un aire menos malvado. Pero ahora que estaba en la penumbra, frente a mí, sus ojos rojos al igual que sus labios y su cabellera moviéndose al compás del viento le daba un aire maldito.
—Eres un demonio, Nicolás —susurré tan débil como si estuviera debajo del sol por horas.
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Editado: 25.02.2026