Deacon
Normalmente cuando veía que mi hermano tenia a una presa y que estaba a punto de arrancarle la vida, no se lo impedía. Sin embargo, esta vez era diferente. Ver a Mateo bajo su ira y sed de venganza me hicieron enfurecer.
—¿Que le has hecho? —le pregunté sin dar un solo paso.
No estaba en mis planes pelear esta noche, había dicho que cuando llegara al reino de Hatzis iba a dejar las malas energías y la necesidad de alimentarme, de lado por el tiempo que permaneciera aquí. Y definitivamente esto no era lo que quería.
Estábamos los tres. Mateo en el suelo y mi hermano frente a mí. Sentí como los colmillos brotaban de mis labios y como la vista se me volvía roja. Lo que sea que estaba provocando esta reacción iba a terminar de mala forma.
La sangre me quemaba, sentía que la piel se me estaba desgarrando y podia saborear la sangre en mi boca. Mateo estaba a un lado, y podia ver la sangre brotarle de los rasguños que tenía en algunas partes del cuerpo. Era bastante fácil correr a él y perforarle la piel con mis colmillos para luego succionarle la sangre y alimentarme. Tenía pensado hacerlo, más aún porque el aroma era realmente maravilloso: dulce, salado y picante. Necesitaba saborear su sangre en mi boca. Pero de alguna forma la humanidad que estaba dentro de mí me limitaba a hacerle daño.
Nicolás aún tenía los ojos puestos en mí, su larga cabellera le daban un aire de hombre misterioso para alguien que no lo conociera. Pero a mí, Nicolás no me podia mentir, sabía que detrás de aquella cabellera negra, piel pálida y ojos rojos, se encontraba un ser maldito y detestable, y aunque era mi hermano, no podia ignorar las cualidades que tenia
Respire profundo y luego me trague toda la amargura que sentía al prohibirle a mi interior que se alimentara de la sangre de Mateo. Corrí con rapidez, salte el cuerpo de Mateo y cuando estaba bastante cerca de Nicolás puse ambas manos en su pecho y lo hice caer de espaldas al suelo.
Puse mi bota encima de una de sus piernas e hice bastante presión, podia escuchar el crujir de sus huesos debajo de mi bota, pero este no emitía ningún grito de dolor. Tal vez no era mi padre, o no lo estaba haciendo tal y como él me enseño. Tal vez por eso las cosas se estaban saliendo de control.
—¿Que le hiciste hijo de puta? —solté con rabia.
Nicolás se rio. En mi propia cara y sin importar la presión que le estaba haciendo en la pierna.
Lo estaba haciendo mal, lo estaba haciendo bastante mal. Levanté la bota y la puse en el abdomen de este, estaba duro y a la misma vez blando. Empujé la bota con brusquedad, vi como aricaba los dientes y como dejo salir un gruñido de dolor, por lo menos ya lo estaba haciendo mejor que antes.
—Si no hubieses llegado, ahora Mateito estuviera muerto.
Presione mi bota con más fuerza en su abdomen, podia sentir sus órganos agruparse y sus costillas impidiendo que presione mi bota con más fuerza.
—¿Acaso quieres que te explote el estómago?, volverá a reconstruirse, pero te aseguro que el dolor es lo bastante insoportable como para que te desmayes diez veces.
—Una vez me lo traspasaste con una espada... no me importa que lo hagas otra vez.
—No comiences a traer temas del pasado, Nicolás.
Nicolás trato de respirar, pero no pudo. Sin embargo, nunca aparto su mirada retadora y firme de mis ojos. Sus ojos rojos y los míos se conectaron, fue como si dos soles se unieran e hicieran uno solo.
—¿Por qué quieres acabar con la vida de Mateo? ¿Qué te ha hecho él?, y no me digas que es por lo de la familia y la venganza, porque ese cuento no te lo compro.
—No seas tan descarado Deacon, solo estamos nosotros dos. Mira no hay más nadie aquí. Sabes perfectamente que si mato a Mateo tu n...
Mi bota impacto en su boca y las palabras se silenciaron de inmediato. Las personas no podían hablar demasiado y mucho menos Nicolás, que conociéndolo tendía a decir cosas inapropiadas que no eran actas para que el bosque las escuchara.
Lo vi escupir sangre y luego reír. Desgraciadamente no se le había ido ni un solo diente lo que me decepciono bastante.
—¿Te arde que te diga la verdad? —la sangre brotaba de su boca.
—¿Cual verdad según tu?
—Mateo nunca estará contigo y eso me satisface demasiado. Eres una mala persona Deacon, por lo menos yo soy malvado porque me obligan, pero tú eres malvado porque solo piensas en la maldita venganza—. Se puso de pie frente a mí. Si que era fuerte, no era la primera vez que lo había visto ser tan fuerte. —¿Sabes porque Mateo y el mundo entero piensa que soy un ser maldito y malvado?
—Por mi —respondí. El comenzó a aplaudir.
—Es muy bueno que sepas lo que haces.
Me acerque a él, y no retrocedió, tal vez porque sabía que no le iba a hacer nada.
—Siento mucho que te sientas así, sé que debí estar contigo porque soy tu hermano mayor. Se que necesitabas de mí y yo solo no podia con la vida que llevábamos. Que llevamos.
El ladeo la cabeza y levanto una ceja.
—Estas mintiendo Deacon.
Ahora el que ladeé la cabeza fui yo.
—¿Lo estoy?
El asintió.
Retroceder fue lo que debió de haber hecho una vez que me le acerque. Saque la daga que siempre llevaba en el bolsillo del lado de mi pantalón y con una rapidez indescriptible se la clave en el corazón, no una ni dos, si no cinco veces seguidas. Quería matarlo, quería destrozarlo. Nicolás ya me estaba consumiendo la poca paciencia que tenía, era una persona detestable y realmente molesta.
Sin sacarle la daga del pecho, lo agarre con fuerza de los hombros y lo lance con brusquedad hacia delante, su cuerpo choco con el tronco de un roble. Creí escuchar el sonido de sus costillas quebrandose.
Mire a Mateo, se hacía pequeño en donde estaba y me dio lastima verlo así, pero por lo menos ya no se tenía que preocupar por Nicolás. Caminé hacia él y me puse de cuclillas para verlo mejor. Era hermoso, lo era. Y supongo que había pasado bastante durante toda su vida. El al igual que yo quería que su sufrimiento terminara, aunque a veces las cosas se tardan demasiado y no podemos ser capaces de adelantar el proceso.
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Editado: 19.01.2026