Nunca quise apartarme de sus labios, incluso cuando él se alejó, mantenía los ojos cerrados y sentía como nuestros labios aún se unían por un pequeño hilo de saliva.
Cuando abrí los ojos, Deacon me observaba detenidamente. Su mirada era de vergüenza, pero más que eso pude notar como su pecho subía y bajaba con intensidad. Podia sentir sus ráfagas de fuego quemar mi cuerpo, estaba tan excitado como yo.
En ese momento en el que solo éramos él y yo alumbrados por la luz de la luna que atravesaba el ventanal, fue cuando el ambiente comenzó a arder en la habitación.
Por unos largos minutos nos quedamos viendo el uno al otro sin decir ni una sola palabra ni mover un solo musculo. Diría que yo también estaba avergonzado, pero mentiría. No estaba para nada avergonzado, si de algo estaba seguro era de lo que sentía. Admiraba como Deacon podia lucir perfecto en las noticias sea buena o mala, y lo único que quería era estar bajo sus brazos, bajo su cuerpo desnudo y sudado, y hoy, justamente hoy tenía la sensación de que iba a estar en los brazos desnudos del supuesto enemigo.
Con un deseo incontrolable por tenerlo dentro de mí, me lance hacia él, le agarre el rostro con mis manos y nos volvimos a envolver en otro beso, pero este era más ardiente. Puso sus manos en mi cintura y bajaron lentamente hacia mis nalgas en donde me apretó una con bastante brusquedad.
Un gemido ahogado por el beso salió de mi garganta. Ya nuestros dos penes rozaban sedientas y duras, queriendo encontrar más fricción.
Deacon entro sus manos por los pantalones destrozados que traía puestos y sus manos palparon en la suave piel de mis nalgas. Yo por otra parte lleve mis manos a su pene y lo acaricie con bastante nerviosismo, se sentía grande, grueso y duro en mi mano, era todo lo que me hacía sentir caliente.
Finalmente nos separamos del beso, aun mirándonos fijamente a los ojos, comencé a sentir un cosquilleo en medio de mis nalgas. Sentí como uno de sus dedos acariciaba mi ano y en ese momento mis mejillas ardieron. Mi mirada fue tímida y ante este gesto él sonrió.
—Deacon... —susurre con voz excitada, pero este me beso sin esperar a escuchar lo que le iba a decir.
Con mucha brusquedad me saco las manos de las nalgas, me dio la vuelta y me lanzo en la suave cama de algodón en la que había despertado. Deje salir un quejido cuando mi cuerpo aterrizo en esta, pero inmediatamente sentí como se situaba tras mi espalda, me agarro del cabello y se acercó a mi oído lamiéndolo.
Sentía su erección en mi culo, era demasiado caliente, incluso sentí como algo salía de la punta de mi pene. Estaba seguro de lo que era porque no era la primera vez que algo así salía de mi miembro, no era la primera vez que tenía una terrible excitación. Pero si era la primera vez que sentía el duro pene de un rey en medio de mis nalgas calientes.
Seamos honestos, nunca estuve preparado para este punto, siempre pensé que el rey de Maragos y yo éramos polos opuestos, pero ahora que estaba mordisqueando mi oreja y moviendo sus caderas con intensidad para que su pene frotara en mis nalgas, me doy cuenta de que todo este tiempo estuve equivocado. El pene de Deacon tarde o temprano estaría dentro de mí.
En un mini segundo se apartó de mi cuerpo y me dio la vuelta, me lanzo de espaldas a la cama y en un pestañeo ya estaba sobre mí, con las rodillas a cada lado de mi cuerpo.
No tenía ni idea de cómo lo había hecho, leí un manual básico de chupasangres, pero nunca leí que se movieran tan rápido, tal vez la excitación me estaba descontrolando, o a lo mejor el mismo Deacon estaba alterando mi mente. ´´De los vampiros se puede esperar cualquier cosa´´. Decía en aquel manual.
—¿Es tu primera vez?
Lo mire con ojos vidriosos, está demasiado excitado, ni siquiera me salían palabras, solamente gemidos y nada más.
—¿Que dices? —pregunte en un hilo de voz.
Entre mis manos por sus pantalones y la piel de su pene me hicieron estremecer. Mis piernas se abrieron en automático, pero no lo suficiente porque chocaron con las suyas.
—¿Has estado con alguien más? —volvió a preguntar en un tono de voz más serio.
Negue.
—¿Culo virgen?
—No creo que la monarquía este muy feliz con tu vocabulario.
Moví mi dedo pulgar en la punta resbalosa de su polla, su pre-semen se quedó en este y rápidamente lo llevé a mi boca. Era un sabor entre salado y dulce, y al tenerlo en mi paladar, mi ano me dio una pequeña punzada.
—La monarquía tampoco estaría feliz si te vieran con las piernas abiertas para recibir el pene del rey de Maragos.
—Hoy no estoy por darle felicidad a la monarquía.
—Yo tampoco —susurro con voz ronca y sin esperármelo me abofeteo.
Mi boca se ensancho, no normalizaba ningún tipo de maltrato, pero este se sintió excitante. Deacon me agarro del cabello y me levanto un poco la cabeza. Despues de lamerme la mejilla en donde había recibido la cachetada me beso por unos largos segundos.
Sentía que la ropa me estorbaba, y Deacon pareció notarlo porque la camisa deteriorada que traía me la quito de un tirón al igual que los pantalones.
Mi cuerpo quedó al descubierto y pude ver cómo me miraba con una expresión de fascinación. Al estar desnudo frente a él, sentí vergüenza. A pesar de que lo deseaba demasiado me daba pena que alguien me viera desnudo. Sin embargo, aquella vergüenza desapareció cuando él se quitó su perfecta ropa y su polla gruesa, larga y dura quedo al descubierto.
Un escalofrió recorrido todo mi cuerpo. Se quedo parado al lado de la cama y movió su cuerpo de lado a lado. Pude observar como la punta rosada de su pene expulsaba una baba espesa la cual se me antojo bastante.
—Ven aquí —me ordeno con voz ronca.
Le obedecí. Me arrastre hacia él, me baje de la cama y me puse de rodillas en el suelo. Viéndolo desde una perspectiva lógica, era bastante normal que me arrodillara delante del rey, lo que no era normal era la forma en la que agarre su caliente pene y de una lamida le deje la punta lubricada.
#4136 en Otros
#480 en Aventura
#3823 en Fantasía
#1373 en Personajes sobrenaturales
Editado: 25.02.2026