Guerra por amor

Epílogo

"Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo" (Benjamin Franklin)

Muchos años después,

En algún sitio oculto.

Han pasado algunos cuantos años desde que Ainhoa y Kiki abandonaron el Santuario de la diosa Athena. Años en los que han estado escondiéndonos de todos, sin saber nada de nadie.

Después de lo que paso ellos acordaron no hablar mas del tema de no ser completamente necesario. La chica agradecía de todo corazón que hasta el día de hoy Kiki no mencionara nada. Sabia que su amigo los extraña a todos pero esto es lo mejor, al menos para ella lo era, y Kiki respetaba su decisión.

Había sufrido mucho, era comprensible que quisiera olvidarlo, aunque no del todo, pues en sus pesadillas aun podía escuchar los gritos de lamentos de aquellos que murieron en batalla.

—Termino el descanso holgazana a entrenar de nuevo

Kiki se ha convertido en un hombre muy sabio, fuerte y determinado como lo fue alguna vez Mu de aries. Entrenaba a Ainhoa como solía hacerlo Mu, tiene la esperanza en que se convierta en amazona de Athena. El sueño de Ainhoa era servirle a Athena, pero estaba consciente que en algun momento aquel sueño se convertiria en una pesadilla cuando su parte divina despierte y vuelva a ser la diosa que solía ser.

—Eres muy molesto cuando te pones en modo autoritario ¿sabes?— la joven se levanto y sacudió la tierra que se había acumulado en su ropa. Miro su cuerpo con nostalgia, como le gustaría tener una armadura que la cubra— aun no entiendo porque debo entrenar si no tengo armadura

—Ya te lo dije Ainhoa algún día cuando regresamos al santuario podrás luchar por una armadura, mientras tanto debes entrenar, igual que yo que también estoy entrenando para obtener mi armadura— eso no era del todo cierto, desde que llego al santuario se sabia que Kiki seria el portador de la armadura dorada de Aries, no hay nadie mas digno que el para portarla.

—Tu puedes ponerte tu armadura, la tienes contigo— le recordó ella con una pequeña sonrisa. El volvió a negar pasando su mano por sus largos cabellos pelirrojos. Cuando hacia ese gesto era por dos razones: estaba nervioso o inseguro. Kiki cree que no merece portar la armadura dorada de Aries por haber abandonado a sus compañeros en la batalla— no digas que no la mereces, Mu estaría muy decepcionado de ti si te oyera hablar así

—Lo se, pero aun no me siento preparado para portarla, se que mi maestro Mu confiaba en mi... Pero...yo

—Kiki yo también lo extraño— se acerco a el y lo abrazo, agradecian tenerse el uno al otro. Su amistad muy fuerte, aunque con el paso del tiempo se fue convirtiendo en algo mas pero ninguno de los dos lo admitía— ¿Qué es lo que realmente te asusta?

—Tengo miedo de volver y no encontrar a nadie vivo

—No fue tu culpa, yo me paralice cuando los dioses del amor llegaron... de tan solo pensar que toda mi vida había sido un engaño me enfureció tanto... yo te arrastre a esto, como lo siento Kiki— no pudo contener las lagrimas, cada noche podía escuchar los gritos y lamentos de todos los que murieron en aquella batalla. Ella no hizo nada por impedirlo, murieron porque no quiso aceptar que era real y que ese era su destino.

—No Ainhoa tu no tienes la culpa de nada

Ella le sonríe apenas, y se aparto de el. Toda esta conversación le sirvió para darse cuenta que no podían seguir huyendo mas, era tiempo de volver.

—Quiero regresar al santuario

—Bien pero ten presente que nada será igual a lo que alguna vez conocimos

—Lo se pero aun así quiero ir y enfrentar el pasado, se que no podemos traer a los que perdimos pero podemos vengarlos

El la miro con seriedad. Había momentos que dejaba que sus emociones la controlaran y eso destabilizaba su cosmos, una parte de ella tenia esa clase de sentimientos, ira, venganza, odio, propios de la diosa que alguna vez fue.

Ainhoa temía que su parte divina despierte por completo y que se olvidara de todo, de su maestro, de Kiki. El pelirrojo también temía por lo mismo. Pero ella lucharía por que eso no pase, ahora mas que nunca sabia lo que realmente deseaba y no iba a renunciar a esa vida. Ya nadie mas la volvería a tratar como una niña, nadie le dirá que debe hacer y que no. Es momento que ella misma tome sus propias decisiones.

—Partiremos mañana a primera hora

Llego el momento de regresar y enfrentar todo lo que dejaron atrás aquel fatídico día. Era momento de enfrentar a sus hermanos mayores y de luchar por su libertad.

"Desde hoy luchare por mi vida, por las de mis amigos, por las personas que realmente me importan, no por aquellos que me dañaron sin piedad creyendo que no valía nada. Pues eso se acabo, desde ahora en adelante yo misma elegiré mi propio camino y si tengo que luchar contra mi misma, contra la diosa dormida en mi interior para lograrlo, lo hare. Ni ella ni nadie me dirá lo que debo hacer nunca mas" (Ainhoa)

Fin.

(¡Muchas gracias por acompañarme en esta historia!)



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En el texto hay: fanfics, eros, anteros

Editado: 23.05.2024

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