Guerra por amor

Capitulo 15

Santuario de Athena— Cementerio de los caidos

Milo la miraba en silencio.

A unos pasos de distancia, Yasmin estaba arrodillada frente a la tumba de Deathmask, con la misma capa oscura de siempre cubriéndole los hombros, con el mismo gesto contenido en el rostro, como si todo su dolor pudiera enterrarse debajo de una máscara bien aprendida.

Cada año volvía. Siempre el mismo día. Siempre a la misma hora.

Y cada año, Milo la encontraba más delgada, más callada y más lejana.

Sus dedos, cubiertos por guantes, temblaban apenas mientras dejaba una rosa roja al pie de la tumba. Siempre la misma rosa, con las espinas intactas. Como si fueran el último recuerdo de la niña fuerte que alguna vez fue.

Y entonces Milo recordó.

Recordó la primera vez que ella volvio al Santuario luego de la batalla, cuando las lápidas eran nuevas y las heridas aún estaban abiertas.

La vio descender por el sendero del jardín oculto, creyéndose invisible, arrastrando su sombra y su culpa.

Y recordó también las voces, y la crueldad que están desprendian.

—¿Qué hace ella aqui?— decían.
—Es su culpa que Athena haya muerto.
—No tiene derecho a estar en este suelo.

Él había sentido cómo le hervía la sangre.

—¡Váyanse!— rugió aquella vez, con un grito que pareció sacudir el suelo— ¡Ella no debe rendirles cuentas a ustedes!

Aquel día, Milo se había interpuesto entre Yasmin y el resto. Sin armadura. Solo con la determinación de quien sabía que la verdad no siempre está del lado de los vencedores.

Y ella... Ella lo había mirado con esos ojos grises cargados de tormenta, y por primera vez, se había permitido confiar en alguien.

Ahora, años después, todo eso parecía tan lejano.

Yasmin no lo miraba, ni le dirigía la palabra. Apenas si se quedaba unos minutos antes de marcharse, como si tuviera miedo de ser vista o juzgada de nuevo.

Milo bajó la mirada y apretó los puños.

Sabía que Hypnos la maltrataba y que la humillaba. La habia convertido en algo que ella nunca debió ser: frágil, sumisa, rota. Y lo peor era que Yasmis lo permitía.

No porque fuera débil. Sino porque, quizás, había dejado de creer que merecía algo mejor.

Y eso, a Milo, lo destrozaba.

Se acercó en silencio. Se sentó a su lado, sin decir nada. Solo miró la tumba, igual que ella.

Y cuando Yasmin se levantó para marcharse, él la detuvo, como cada año.

Pero esta vez, sus palabras sonaron mas dolidas.

—Te estoy perdiendo, Yasmin. Y no sé cómo salvarte... si tu ya dejaste de luchar por ti misma.

Yasmin bajó la mirada.

—Sabés que no puedo quedarme. Aquí... no pertenezco.

—¿No pertenecés porque peleaste del otro lado? ¿Porque eres hija de Hypnos?

Ella no respondió.

—Te juro que hay quienes te admiran, Yasmin. Que saben lo que hiciste por Deathmask y saben que, si sobrevivió tanto como lo hizo, fue gracias a ti.

—Lo se, pero recuerdo ese dia, y se que no todos creen en mi. Algunos me miran con desprecio. Y tienen razón de hacerlo

—No. No la tienen.

Milo se acercó un paso más. Ella retrocedió.

—Yasmin...

—No me toques, por favor— pidió en voz baja— No me mires así. Yo... no soy quien tu recuerdas. Ya no soy esa niña fuerte que conociste. No después de lo que Hypnos me ha hecho.

Sus palabras se quebraron como vidrio.

Milo apretó los puños.

—¿Aún estás con él?

Ella no contestó. Solo bajó la vista.
Entonces Milo lo notó. Apenas un roce de tela en la muñeca revelo un moretón mal cubieto.

Su cosmos tembló.

—¿Te sigue golpeando? Yas...

Ella no respondió. Eso fue suficiente.

Milo dio un paso hacia atrás, como si el mundo se le hubiera derrumbado encima. Se quedó quieto, con la mirada fija en el suelo.

—¿Por qué no me lo dijiste?— preguntó con un hilo de voz.

—¿Para qué? ¿Para que vayas a enfrentarlo? No puedes, Milo. No ahora. No cuando el Santuario está débil y se está curando aún de las heridas de la guerra

—¡No me importa!— rugió él— No me importa lo que pase conmigo. ¡Pero no puedo seguir viéndote así! Ocultando heridas. ¡Dejando que te destruyan de a poco!

—¿Y qué quieres que haga?— gritó ella por fin, con la voz rota— ¡No tengo a dónde ir! ¡Thanatos no sabe lo que pasa! ¡Y Hypnos...! Hypnos me dice que es culpa mía, que merezco lo que me hace. Y a veces, Milo... a veces le creo.

Milo sintió que algo se quebraba dentro de él. Se arrodilló, como si sus piernas no pudieran sostenerlo. Se volvió hacia la tumba de Deathmask, su voz cargada de furia y dolor.



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 14.10.2026

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