Guerra por amor

Capitulo 20

Ocultos en la espesura del bosque, los tres hermanos observaban en silencio. La luna iluminaba apenas los contornos de las figuras que avanzaban: Kanon, Kath, las furias y los jueces del Inframundo... todos en busca de la misma diosa perdida.

Fobos golpeaba suavemente una rama contra su bota, como si eso le ayudara a controlar la furia que se agitaba en su pecho. Deimos, en cambio, mantenía el ceño fruncido con la mirada fija en Kath. Y Anteros... simplemente la observaba. Como siempre.

—La está alejando de nosotros—murmuró Fobos, apretando los dientes—. Kanon... siempre Kanon. ¿Qué tiene él que nosotros no?

—Libertad— respondió Deimos con amargura—. Él puede decir lo que siente. Puede actuar sin tener que obedecer a nadie.

—Y aún así, no la comprende— agregó Fobos con un tono de desdén—. No ve el peso que ella carga. No sabe lo que Kath fue y lo que aún intenta olvidar.

Anteros no decía nada, pero la tensión en su mandíbula hablaba por él.

—¿Vamos a seguir observando?—insistió Fobos, girando hacia él—. ¿Vamos a permitir que siga creyendo que la traicionamos?

Anteros cerró los ojos un momento.

—No es a ella a quien debemos proteger. Es a Alicor.

Los otros dos se quedaron en silencio.

—Kath no entiende. Cree que somos el enemigo. Pero algún día... lo sabrá.— Su voz era un susurro grave, lleno de tristeza—. Porque cuando Caos despierte, no será ni Valen, ni Kath... será Alicor quien lo despierte. Y solo nosotros estaremos allí para detenerlo o morir con ella.

—¿Y cuándo se lo diremos?— preguntó Deimos, casi con desesperación—. ¿Antes de que elija pelear contra nosotros?

—Ya lo hizo —murmuró Anteros.

Fobos gruñó, frustrado. Dio un paso adelante, como si quisiera salir de las sombras. Como si deseara gritarle a Kath la verdad. Que no la abandonaron y que la aman. Que ella fue su sol, incluso cuando no se dio cuenta.

Pero Anteros le puso una mano en el hombro.

—Ella no es el eje, Fobos. Ella no es la clave. Lo que nos duele no importa. Lo que sentimos por ella... tampoco. Nuestro deber es con Alicor y con el mundo.

Fobos desvió la mirada. Deimos se quedó callado.

—A veces— dijo Deimos, apenas un murmullo— odiaría no haber amado a nuestra hermana. Habría sido más fácil.

Anteros sonrió con tristeza.

—Ningún amor es fácil. Y el nuestro... está condenado al silencio.

Frente a ellos, Kath caminaba al lado de Kanon mientras sonreía.

Y aunque la sonrisa era débil, bastaba para destrozarlos.

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El aire se volvió denso. Algo se agitaba en las fibras mismas del cosmos.
Minos fue el primero en tensarse, su mirada estaba clavada en la distancia, como si pudiera ver más allá de la niebla que envolvía la región.

—Están cerca— dijo con voz grave—. Ellos.

Radamanthys asintió, con los brazos cruzados, y un tic nervioso en la mandíbula.

—Pero no son los únicos. Hay más cosmos... uno que reconozco.

Aiacos entrecerró los ojos, sintiendo esa misma vibración extraña que lo inquietaba.

—¿Los dioses?

—Sí...— susurró Radamanthys—. Y uno más suave pero poderoso. Es ella. Alicor.

El silencio se hizo entre los jueces. Hasta que una explosión de cosmos rasgó el aire como una llamarada.

Fobos apareció entre las sombras, el fuego en sus ojos tan violento como siempre.

—No deberían haberse acercado— dijo, con voz gélida—. Este no es su lugar.

Aiacos fue el primero en moverse, posicionándose frente a Kanon, que ya había desenfundado su cosmos.

—Fobos...— gruñó—. No vinimos a luchar, pero si es necesario...

—No lo entenderías, Aiacos. Ustedes no comprenden lo que se avecina.

Pero Kanon no esperó más. Su rabia estaba a flor de piel.

—¡No me importa lo que se avecine! ¡Lo único que me importa es ella!— rugió, lanzándose hacia Fobos.

Y el combate estalló.

Deimos apareció detrás, chocando violentamente contra Aiacos. Ambos se desvanecieron entre relámpagos de poder, alejándose de la escena principal.

Kath apenas tuvo tiempo de girar cuando la presencia de Anteros se materializó frente a ella, con Minos a su lado. El juez la miró apenas un segundo.

—¿Estás lista?— le preguntó.

Kath asintió, pero su mirada estaba clavada en los ojos de Anteros.

—¿Por qué haces esto?— le gritó—. ¿Qué clase de hermano encierra a su propia sangre? ¿Ainhoa no te alcanzó? ¿Ahora vas a encerrar a Alicor también?

Anteros no se movió. Pero su mirada... cambió. Se quebró, apenas por un instante.

—Ainhoa... eligió su camino— murmuró con voz baja—. Aunque aún no despierte... sé que su corazón ya lo decidió. Lo eligió a él. A Kiki de Aries



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 14.10.2026

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