Guerreros Del Mundo Onírico

PARTE 3

Las primeras tres noches fueron brutales para Oliver. Strigoi, ahora desenmascarado, intentó meterse en sus sueños para doblegarlo, para destruirlo. Oliver tuvo que usar todas sus fuerzas y todas las estrategias que le había enseñado el chamán, y, aun así, logró frenar los avances de aquel monstruo a duras penas. La obsidiana parecía ser lo único que lograba sacarlo de la pesadilla cuando sus fuerzas finalmente flaqueaban. Oliver entendió que no podía pelear de igual a igual con Strigoi en el mundo astral. Apenas si podía protegerse, esconderse de él y huir. Enfrentarlo estaba fuera de la cuestión.

A la semana siguiente, volvió a la choza del chamán a rogarle que lo entrenara. No podía seguir así. Lamentablemente, encontró la choza abandonada. Forzó la puerta y descubrió que el interior estaba vacío, sin rastro alguno de todos sus frascos de pociones, de todos sus cristales de colores. Oliver no entendía. ¿Por qué lo había abandonado?

Sin la ayuda del chamán y sin la posibilidad de pelear contra Strigoi en el mundo astral, Oliver decidió probar por otras vías. Tomó coraje y decidió visitar el consultorio, enfrentar a Strigoi en el mundo físico, donde solo sería un viejo contra un muchacho en la flor de la vida. No tenía bien en claro qué haría cuando lo tuviera en frente, pero estaba decidido a encararlo. Al llegar a la mera esquina de la cuadra del consultorio, sintió el corazón acelerado y la respiración entrecortada. Tuvo que apoyarse sobre la pared de una casa para calmar el ataque de pánico. Tal vez esta no había sido la mejor de las ideas. No. No podía dejarse amedrentar así. Strigoi no tenía poder sobre él en el mundo físico. Oliver se obligó a dar un paso y luego otro, avanzando con lentitud hacia el consultorio. Llegaría hasta él y lo enfrentaría. Era su única esperanza de terminar con esto.

Con una fuerza de voluntad casi sobrehumana, Oliver logró finalmente llegar a la puerta del consultorio. Lo primero que notó fue que la placa con el nombre del psiquiatra al lado de la puerta no estaba. Un enorme cartel que rezaba “se alquila” estaba colgado de la ventana. ¡¿Qué?! Oliver se asomó por la ventana para espiar adentro. Las sillas de la sala de espera no estaban y tampoco el escritorio de la secretaria. El lugar estaba totalmente vacío. ¿Strigoi había huido? ¿Huido de Oliver? ¿Era eso posible?

Oliver volvió a su casa, desconcertado. Investigó en internet, pero no aparecía ninguna referencia a un doctor en psiquiatría de apellido Strigoi. Ni en su ciudad, ni en su país, ni en el mundo. Borrado de la existencia en las redes. No había rastros del monstruo por ninguna parte.

Esa noche, Oliver tuvo su primer sueño normal en años. Sin pesadillas. Sin tortura. Sin agónica angustia. Strigoi había desaparecido en el mundo físico y en el onírico. Con el correr de los días, la vida de Oliver comenzó a mostrar signos de una vida normal y saludable. Ya no había fatiga y ataques de pánico durante el día. Ya no había tortura emocional y psicológica durante las noches. Oliver solo se preocupó por seguir la última recomendación que le había dado el chamán: disfruta tu libertad, vive tu vida como siempre debió ser.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.