Guerreros Del Mundo Onírico

PARTE 4

El chamán estaba sentado sobre la blanca arena de una paradisíaca playa tropical, con las piernas cruzadas al frente. Con una sonrisa serena, observaba el inmenso mar frente a él. El sol del atardecer iluminaba el agua, provocando una corriente de color oro que casi llegaba hasta sus pies. La brisa que llegaba hasta él era fresca y agradable. De pronto, sintió una sombra fría y negra a su derecha. ¿Quién osaba inmiscuirse en su paraíso mental personal?

—Fuiste tú, ¿no es así? —dijo la sombra.

—¿Strigoi? ¿Qué haces aquí? —inquirió el chamán—. ¿Ya olvidaste lo que te pasó cuando intentaste invadir mi espacio astral la última vez?

—No tienes derecho a inmiscuirte con mis… —Strigoi dejó la frase sin terminar.

—¿Tus víctimas? —completó el chamán.

—¿Por qué no hacemos un pacto de no agresión? Tú no te metes con mis influidos y yo…

—Eso nunca va a pasar —lo cortó el chamán.

—No terminaste de escuchar mi propuesta.

—No me interesan tus propuestas. ¿Qué me vas a prometer? ¿No torturar a tus víctimas hasta que lleguen al borde de sus fuerzas y decidan quitarse la vida?

—Esto se trata de Clara, ¿no es así? Te consume la culpa de no haberla podido salvar.

—Buen intento, Strigoi. Ese comentario me hubiese desestabilizado en aquella época, pero me he fortalecido desde entonces. No tengo problemas en admitir que no tenía la experiencia ni el entrenamiento necesario como para proteger a Clara, pero en cambio, sí pude rescatar de tus garras a su hijo Oliver.

—¿Y estás orgulloso de eso?

—Estoy… satisfecho —sonrió el chamán.

—Si me declaras la guerra, las cosas no van a terminar bien ni para ti ni para tus protegidos —lo amenazó Strigoi.

—Trata de tocar a alguno de mis protegidos y veremos qué pasa —se encogió de hombros el chamán sin mostrar la más mínima perturbación.

El otro guardó silencio.

El chamán pensó por un momento y luego suspiró, diciendo:

—Mira Strigoi, me encuentras en un buen día y por lo tanto te compartiré información sobre mis planes que te resultará útil. Cuantas más personas ataques, más protegidos tendré. Y como acostumbro a enseñar a mis protegidos a defenderse por sí solos, encontrarás que el número de víctimas vulnerables a tu alcance será cada vez menor.

—Eso lo veremos —porfió Strigoi.

—Como quieras —se volvió a encoger de hombros el chamán—. Ahora, ¿te irás por tus propios medios de mi espacio personal o tendré que forzarte como la última vez?

Strigoi apretó los dientes, dio media vuelta y desapareció de la hermosa playa.

—Muy bien, Strigoi —murmuró el chamán para sí—. Parece que por fin entendiste que este mundo no te pertenece y que no puedes hacer lo que quieras sin enfrentar las consecuencias. Ese es un excelente primer paso.

—FIN—




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