Parte V – Emboscada.
El asentamiento estaba demasiado quieto.
Un fogonazo surgió de una choza hundida en la orilla.
—¡Contacto…!—
Kane no llegó a terminar la frase.
El proyectil impactó en el costado de babor.
No hubo tiempo para maniobras.
La carga hueca perforó y estalló dentro.
Un golpe seco.
Luego fuego.
La cabina se convirtió en una jaula de metal y llamas.
La onda lanzó a Kane hacia popa por la puerta trasera abierta.
Golpeó la cubierta y el aire se le fue de los pulmones.
Ruido amortiguado.
Zumbido.
Intentó incorporarse.
No pudo a la primera.
Sangre en el costado.
En la pierna.
Un calor extraño en el lado izquierdo de la cara.
Sangre.
El ojo… no respondía bien.
—¡…repeler la…!—
Quiso dar órdenes.
No le salió.
El aerodeslizador raspó el fondo con la quilla y quedó varado en la orilla.

Y entonces, la ametralladora de popa cobró vida.
Torres no gritó.
No dudó.
Tiró del cerrojo, alimentó la cinta y abrió fuego.
Ráfagas cortas.
Medidas.
La ametralladora giró buscando destellos entre sombras.
Siluetas que asomaban entre tablones, entre vegetación baja.
Disparos que venían de varios ángulos.
Torres respondió uno a uno.
El operador del lanzagranadas asomó para recargar.
No llegó a hacerlo.
Cayó bruscamente hacia atrás impulsado por los impactos de una certera ráfaga.
Otro tirador intentó flanquear por la derecha.
Dos ráfagas y silencio.
Figuras anónimas caían bajo el fuego de Torres.
El marine repetía el ataque con fría eficacia.
El arma siguió rugiendo hasta que el clic seco lo cortó todo.
Sin munición.
Humo negro saliendo de la cabina.
Chasquidos de metal al rojo.
Gritos agónico que ya no eran órdenes.
Torres se levantó de su posición y miró dentro.
Llamas devoraban el interior.
Cuerpos mutilados.
Compañeros que hacía minutos estaban vivos.
Ya no lo estaban.
—Madre mía —susurró para sí mismo.
No se quedó.
Cogió una mochila de dotación del suelo, la colgó sin mirar de quien era ni qué llevaba, tomó un fusil de asalto y fue a por Kane.
—Sargento.
Ella intentó enfocar. El mundo se movía lento, como si no encajara.
—…Torres…
—Nos vamos.
La agarró por debajo de los brazos y tiró.

Dolor.
Kane apretó los dientes.