Guerreros del Vacío.

Capítulo 18.- Operación Tormenta Helada II.

Parte I – Demolición Orbital.

Desde la órbita de Theta-7, el acorazado Europa continuaba su trabajo de demolición sistemática.

Cada disparo de sus enormes cañones de pulso electromagnético enviaba proyectiles cinéticos a velocidades absurdas contra la superficie del planeta.

big_e5fac6552d0afe498d21cc02965a4e62.webp

Los impactos levantaban montañas de roca fundida y columnas de fuego visibles incluso desde la órbita.

Cuadrícula por cuadrícula.

Sector por sector.

Los objetivos iban desapareciendo de los mapas tácticos.

Acuartelamientos.

Depósitos de combustible.

Almacenes de munición.

Centros logísticos.

Hangares.

Complejos industriales.

Incluso los escasos núcleos habitacionales construidos para el personal militar Thra-Ka.

No había población civil.

No había ciudades que preservar.

No había motivos para contenerse.

El Europa estaba machacando el planeta sin compasión.

A su lado, los cruceros pesados Amanecer, Horizonte y Atlantis contribuían al castigo orbital.

Sus baterías principales golpeaban objetivos previamente seleccionados por inteligencia militar mientras cientos de sensores analizaban en tiempo real los resultados de cada impacto.

big_d2f03e4b83778b9b603eff2bdaf71506.webp

Más allá del núcleo de bombardeo, el resto de la flota mantenía un amplio perímetro de seguridad.

Los destructores clase Tiburón y las fragatas clase Delfín patrullaban en anillos sucesivos alrededor del planeta.

El Porta Cazas Destiny, clase Leviatán, había lanzado a sus sesenta y dos cazas Piraña, toda su dotación al completo, por todo el sistema solar HD-22041 Theta buscando sistemáticamente respuesta Thra-Ka.

Nadie bajó la guardia.

Dupont no lo permitiría.

La historia militar estaba llena de comandantes que habían olvidado proteger su retaguardia mientras contemplaban la victoria.

Dupont observó durante unos segundos las explosiones que recorrían la superficie de Khar-Zhul.

Las llamaradas aparecían y desaparecían sobre continentes enteros mientras la artillería orbital continuaba su trabajo.

La guerra cambiaba.

Las armas cambiaban.

Los escenarios cambiaban.

Pero los errores...

Los errores seguían siendo los mismos.

big_17cc051d5f591bb5518f56edbd1848f7.webp

Recordó una frase que había leído cientos de veces durante sus años de formación.

"Quien no conoce la historia está condenado a repetirla."

La había pronunciado un filósofo terrestre, George Santayana siglos antes, mucho antes de que la humanidad llegara a las estrellas.

Y seguía siendo verdad.

Especialmente para los militares.

La historia estaba llena de generales brillantes derrotados por olvidar una lección ya aprendida por otros.

Pensó en las Ardenas.

Diciembre de 1944.

Europa Occidental.

Los Aliados creían que Alemania estaba derrotada.

Las líneas avanzaban.

Los suministros fluían.

La victoria parecía una cuestión de tiempo.

Y precisamente por eso dejaron de pensar como soldados.

Los bosques de las Ardenas eran considerados un sector tranquilo.

Secundario.

Poco probable para una ofensiva importante.

Los mandos aliados relajaron la vigilancia.

Entonces apareció el mariscal alemán Gerd von Rundstedt ejecutando la última gran apuesta de Hitler.

Más de doscientas mil soldados.

Miles de vehículos.

Centenares de carros de combate.

Una ofensiva masiva lanzada exactamente donde nadie esperaba verla.

Durante días el frente aliado quedó desorganizado.

Unidades enteras fueron rodeadas.

Miles de hombres murieron.

La guerra no cambió de resultado.

Alemania acabaría perdiendo igualmente.

Pero la confianza excesiva había costado un precio terrible.

Dupont observó el perímetro de seguridad desplegado por sus destructores y fragatas.

big_20e4fb823bfd863aa4dd8f9a9b0e33db.webp

Los informes de los Pirañas por todo el sistema solar.

No.

A él no le sorprenderían.

No mientras estuviera al mando.

Luego pensó en Gallípoli.

Otro continente.

Otra guerra.

Otra generación de oficiales convencidos de que tenían un plan brillante.

Los británicos y franceses creían que podían tomar los Dardanelos, abrir una ruta hacia Rusia y sacar al Imperio Otomano de la guerra.

Sobre el papel parecía sencillo.

La Royal Navy bombardearía las defensas.

Las tropas desembarcarían.

La victoria llegaría rápidamente.

Nada salió como estaba previsto.

Las defensas turcas resistieron.

Las playas se convirtieron en mataderos.

La logística fue caótica.

La inteligencia insuficiente.

La coordinación desastrosa.

Miles de hombres murieron por decisiones tomadas a cientos de kilómetros del frente.

La operación terminó siendo una retirada humillante.

Otro ejemplo de una lección eterna.

Subestimar una posición defensiva siempre era una invitación al desastre.

Dupont contempló los informes de bombardeo.

Búnkeres.

Complejos subterráneos.

Fortificaciones.

Baterías ocultas.

No iba a repetir Gallípoli.

Si los Marines Espaciales descendían sobre Khar-Zhul, lo harían después de que la flota hubiera destruido todo lo que pudiera destruirse desde la órbita.

Porque los muertos de Gallípoli, de las Ardenas y de mil batallas más seguían enseñando lecciones a quienes estaban dispuestos a escucharlas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.