Guerreros del Vacío.

Capítulo 19.- El Trabajo Sucio.

“La historia ha demostrado que al final es el machaca de a pie quien toma el país, el continente o el planeta.

Es el que hace el trabajo sucio.

Y siempre son los olvidados de la historia.

Pero yo nunca los olvidaré.

A mi Marines Espaciales, no.”

— Almirante Hugo Dupont.

(Extracto de la entrevista “Una vida de servicio”. New York Times.)

Parte I – Descenso Atmosférico en Caliente.

[Raptor 7, Pelotón, 3.ª Compañía, Regimiento Atlas.]

La Raptor 7 salió disparada del hangar ventral del acorazado Europa como una bala.

Durante unos segundos solo hubo oscuridad.

El negro absoluto del vacío.

Luego llegó la aceleración.

Los motores rugieron al máximo mientras la lanzadera iniciaba su trayectoria hacia Theta-7.

El piloto metió toda la potencia sin dudarlo.

Dentro del compartimento de tropas nadie hablaba demasiado.

Las luces rojas de combate teñían las armaduras de los Marines Espaciales de color sangre.

El Pelotón al completo viajaba en aquella formación de descenso.

La primera oleada es la que estadísticamente acumula más bajas.

Cuatro escuadras.

Más de cuarenta hombres y mujeres.

Todos armados.

Todos entrenados.

Todos conscientes de una realidad incómoda.

La parte más peligrosa de una invasión planetaria no era el combate terrestre.

Era llegar vivos hasta él.

La nave vibró.

Primero ligeramente.

Después con violencia.

Habían alcanzado las capas altas de la atmósfera.

El casco comenzó a gemir bajo las enormes tensiones térmicas.

Por los pequeños visores laterales aparecieron las primeras estelas de plasma anaranjado.

big_70999750b1a2ebb75b0574f5a9f2ca24.jpg

La atmósfera de Theta-7 estaba devorando lentamente a las lanzaderas.

La atmósfera sulfurosa envolvía la nave en una tormenta de fuego.

El fuselaje entero vibró.

Luego volvió a temblar.

Y otra vez.

La aceleración aplastó a los marines contra sus asientos.

Segundos después llegó la vibración.

Luego otra.

Y otra más.

La lanzadera había comenzado su entrada de lleno en la atmosfera.

El casco entero tembló cuando las capas más densas de aire impactaron contra el blindaje.

Las luces rojas de combate iluminaban el compartimento de tropas.

Nadie hablaba demasiado.

Nadie quería pensar demasiado.

La Raptor temblaba como una bestia herida luchando por mantenerse unida.

—Odio esta parte —murmuró Chevalier.

—¿La entrada atmosférica? —preguntó Silva.

—No.

El marine señaló el techo.

—Poder morir dentro de una lata voladora.

Varias sonrisas nerviosas aparecieron.

—Tranquilo —dijo Andersson.

—¿Por qué?

—Porque Kobayashi dice que es improbable.

—Sinceramente. Eso no me tranquiliza una mierda.

Las risas recorrieron la parte del compartimento ocupado por la escuadra Charlie.

Incluso Kobayashi sonrió.

Seguía abrazada a Torres.

big_07aefc89530a4e9fbde7d36b305dc1e1.webp

Si el lugar más seguro de la galaxia era estar en los brazos de su sargento mayor, entonces aquella Raptor debía ser razonablemente segura.

La lógica tenía algunas grietas.

Pero nadie pensaba discutirlas.

Más atrás, Hassan Al-Rashid murmuraba una oración.

Quishpe se mantenía indiferente afilando su bayoneta.

Silva tarareaba una vieja canción brasileña.

Volkov repasaba la ubicación de los diferentes tipos de granadas.

Lin Wei revisaba por tercera vez su equipo médico.

Moretti devoraba una barrita energética.

Luego sacó otra.

Stavros lo observó horrorizado.

—¿Cómo puedes tener hambre ahora?

—¡Santa Madonna! ¿Y cuándo quieres que coma?

—Estamos entrando en combate.

—Precisamente. Hay que mantener las fuerzas.

—Eres un misterio para la ciencia.

—Repito. ¡Es un don divino!

Otra ronda de risas.

Breve.

Necesaria.

La radio comenzó a llenarse de transmisiones.

—Raptor 2 entrando en corredor de descenso.

—Raptor 8 en posición.

—Raptor 11 corrigiendo trayectoria.

—Raptor 17 estable.

—Raptor 18 estable.

Las Raptor de Atlas bajan provocando estelas de fuego en la atmosfera.

Todo parecía funcionar.

Hasta que dejó de hacerlo.

Las alarmas sonaron simultáneamente.

—¡Contactos enemigos!

—¡Misiles lanzados desde superficie!

—¡Repito, misiles lanzados desde superficie!

El ambiente cambió al instante.

Las pantallas tácticas comenzaron a llenarse de símbolos rojos.

Demasiados.

Muchísimos.

—Nos estaban esperando —observó Volkov.

—No me digas —respondió Stavros.

—Gracias por la información —añadió Moretti irónico.

El joven artillero naval de la lanzadera abrió fuego.

El cañón doble de pulso electromagnético instalado sobre la Raptor rugió con furia.

Las vibraciones recorrieron toda la estructura.

Los sistemas defensivos se activaron automáticamente.

Señuelos térmicos.

Interferencias electrónicas.

Contramedidas de saturación.

Decenas de dispositivos salieron despedidos desde ambos costados.

Pero los misiles seguían llegando.

—¡Drones suicidas aproximándose!

—¡Tenemos múltiples contactos!

—¡Nos fijan radar!

La radio se convirtió en un caos.

Entonces llegó la primera llamada.

—¡¡Mayday, Mayday, Mayday!!

Todos levantaron la cabeza.

—¡Raptor 15 alcanzada!

—¡Pierdo presión!

—¡Los controles no respo...!

big_ec037bdff9c92c029c5d02edba016bae.jpg




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.