Parte I – Infiltración.
Torres avanzaba lentamente entre ruinas alienígenas.
Los restos de edificios ennegrecidos se alzaban como esqueletos retorcidos sobre la superficie gris de Theta-7.
Estructuras colapsadas, metal fundido y toneladas de ceniza cubrían cada rincón del sector 7, amortiguando incluso el sonido de sus propias botas.
Demasiado tranquilo.
Eso era lo que más le inquietaba.
Sobre él, el dron de reconocimiento y ataque se desplazaba en silencio, escaneando cada esquina, cada sombra, cada anomalía térmica.
Stavros lo pilotaba desde la retaguardia, manteniendo sus sensores centrados en Torres.
—Sector limpio… de momento —sonó la voz de Stavros por el comunicador—. No me gusta nada este silencio.
A Torres tampoco.
Mientras el Regimiento Atlas combatía duramente en los sectores 5 y 6, generando el caos necesario para distraer al enemigo, él se movía solo entre las ruinas del sector 7.
Solo.
Era extraño incluso para un veterano como él.
Avanzó agachado tras una estructura derrumbada, fusil de asalto preparado, mientras recordaba las circunstancias que lo habían llevado hasta allí.
Todo había comenzado con aquella llamada.
Prioridad Alfa.
Una clasificación que helaba la sangre de cualquiera.
El aviso solo solicitaba comunicación inmediata con dos personas.
El teniente Dellas.
Y el sargento mayor Torres.
Minutos después, se comunicaron por holograma cifrado con el despacho del almirante Dupont a bordo del acorazado Europa.
Dupont estaba de pie en su despacho, parecía inquieto.
—Dellas. Torres. Me alegra veros.
Ambos saludaron con formalidad militar.
—Almirante —respondieron casi al unísono.
Sin embargo, la tensión en el rostro de Dupont dejaba claro que aquello no era una comunicación protocolaria.
El general se dirigió primero a Dellas.
—Teniente, antes de nada… ha asumido una responsabilidad enorme. La caída de la cadena de mando del Regimiento Atlas tras la muerte del capitán Krüger y de los tenientes Beaumont y Foster podría haber desmoronado toda la ofensiva.
Dellas permaneció firme.
—Solo hice lo necesario, almirante.
Dupont asintió.
—Exactamente. Hizo lo necesario. Tomó el mando, reorganizó las compañías y mantuvo la ofensiva en marcha. No ha pasado desapercibido.
Sus ojos se movieron entonces hacia Torres.
—Tampoco el rendimiento de la Escuadra Charlie. Habéis sido la punta de lanza del Primer Pelotón. Vuestra penetración en la base alienígena ha abierto el camino al resto del regimiento.
Torres guardó silencio.
Conocía demasiado bien a Dupont.
No los había llamado para felicitarlos.
El almirante se giró hacia la mesa táctica y activó un holograma del complejo alienígena.
Una zona comenzó a parpadear en rojo.
Sector 7.
—No os he llamado por eso.
El silencio se volvió denso.
Dupont respiró hondo.
—Los sensores gravitacionales del Europa han detectado una anomalía aquí.
La imagen cambió.
Aparecieron patrones de lectura, curvas y datos energéticos.
Torres los reconoció al instante.
Su estómago se contrajo.
—No… —murmuró.
Dupont clavó los ojos en él.
—Sí.
Otra lectura apareció superpuesta.
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Editado: 03.07.2026