Guía básica de escritua

Entrando al mundo de la escritura

¿Cómo iniciaste en el mundo de la escritura? Puedo apostar que el inicio en el arte de la creación es diferente para cada uno de nosotros. Unos entraron por problemas emocionales que solo se calmaban cuando escribían, otros más quedaban maravillados con las historias que leían plasmadas en las hojas de un libro y, unos cuantos, quizá muchos, lo hicieron en un momento de encierro en el que el tiempo nos sobraba a todos.

Sea como sea, son anécdotas bonitas dignas de contar. Así que quisiera contarte un poco de cómo entré en este mundo. Los que me conocen saben que otra de mis pasiones son los videojuegos, historias en las que tu interactúas y en muchas ocasiones vas descubriendo la verdad de a poco.

Eso fue lo que me encantó en una serie de videojuegos llamados Resident Evil. La forma en la que descubres cosas y resuelves acertijos me fascinó. Fue así como una Dam de trece años comenzó a escribir un fanfic de su videojuego favorito y me lo tomé en serio.

La cosa iba tan formal que incluso pensé en pedirle ayuda a mi profesor de Español para que me orientara en eso de escribir, pero me detuve.

¿Por qué? Temí que me considerara una boba.

Y eso es lo peor… Pensar que no somos capaces para algo.

Cuando salí de la secundaria, como era de esperarse, mis padres me preguntaron lo que quería estudiar y al saber mi respuesta su reacción fue clara.

«—No vas a estudiar Literatura. Eso es para mediocres. Los escritores ganan diez centavos por sus libros. No es un trabajo de verdad. Ni siquiera sabes escribir. Te vas a morir de hambre».

Fueron las frases que escuché una y otra y otra vez. Hasta que desistí de decirles. De esa manera comencé a escribir a escondidas. Y aunque esto puede parecer triste, no lo es del todo.

Aunque me olvidé de la escritura por un tiempo, fue un amigo quien revivió ese amor dentro de mí que creía perdido. Estábamos caminando por la calle y me dijo que estaba aburrido. Así que le conté un cuento mientras andábamos por las calles. Le gustó mucho el resultado y me pidió que lo escribiera, pero en ese momento yo llevaba casi tres años sin escribir nada porque «no es un trabajo real».

Recordé entonces que, tenía dos compañeras en la secundaria que leían lo que escribía y sus comentarios fueron los que me alentaron a escribir mi primer cuento. Se llamaba María. El cuento iba de una chica de la vida galante que se encontraba con el dios del Sol. ¿Te suena conocido? Sí. Es la historia que ahora se llama Cuando eres espíritu no sueñas.

Escribir esa pequeña historia no hizo más que despertar en mí una llama que creía extinta. Seguí escribiendo más cuentos, sin decirle a nadie porque temía una reacción negativa. Salí de la preparatoria en el año 2012. Intenté que mis padres aceptaran mi amor por los libros y dije que quería estudiar Literatura.

No me apoyaron.

Así que decidí estudiar Psicología.

Y, milagrosamente, como si fuera una señal divina, el primer día de clases de la carrera, tuve un sueño que cambió mi vida para siempre.

En mis sueños veía a un hombre que me hablaba de un juego y una realidad de la que debía escribir. Al despertar esa mañana, quise decirle a mi madre y no me tomó en serio. Lo más triste es que recuerdo sus exactas palabras.

«Estoy ocupada, pero suena interesante. Escríbelo en una libreta como diario de sueños».

Estaba tan emocionada que ni siquiera me importó que lo dijo para «darme el avión».

Le hice caso y empecé a escribir los sueños que tenía y que parecían estar ligados al primer sueño. No me demoré en escribir un cuento que creció poco a poco hasta convertirse en una novela, o lo que yo creía que lo era.

Sinceramente estaba mal escrita. Muchos fallos y errores que harían a cualquiera querer arrancarse los ojos. Pero lo que quiero destacar es que, yo era feliz. Estaba encantada porque tenía una idea hermosa que había salido de mi cabeza.

Intenté contactar con editoriales para que me publicaran y cuando leían la idea me contestaban de inmediato, pero cuando les mandaba el escrito nunca más me contestaban.

En ese momento no sabía las razones.

Ahora las sé y me arrepiento tanto.

El escrito era un desastre. Sin saberlo, fui quemando mis oportunidades porque no tenía idea de lo que estaba haciendo mal. Fue así como mis esperanzas por escribir se fueron apagando. Y cuando daba a entender que deseaba escribir, mi familia pisoteaba mis sueños al decirme que eso era una tontería.

«—Puedes escribir artículos de Psicología. Eso es escribir».

Me dijeron tantas veces hasta que desistí de escribir. Caí en una terrible depresión en la que lloraba casi a diario. Tenía sueños recurrentes de mi novela y de nuevas historias que ignoraba porque debía «estudiar algo real».

Decidí escribir de nuevo cuando tenía dolores constantes de cabeza y todas las noches soñaba con cosas que mi cabeza creaba al dormir. De esa forma empecé a escribir a escondidas de nuevo y con toda mi ignorancia. Seguí intentando que las editoriales se fijaran en mí porque pensaba que era la única forma que existía para demostrarle a mi familia que estaba hecha para esto de la escritura.

Fallé.




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