Capítulo 24.
Olivia/Elena.
Todo era perfecto y ellos me querían, podía sentirlo a flor de piel.
Al mirarme se que centran su atención en mi, sus más dulces palabras entre líneas gritaban mi nombre.
Aquel tacto se suavizaba cuando se trataba de mi y bajaba la guardia cuando yo aparecía.
Y de pronto la tuvieron a ella y todo parecía pasar a un segundo plano, ya no parecía ser yo la musa que antes los inspiraba a querer mejorar y amar abiertamente. Ahora era yo aquella exiliada a la que nadie quería, en la que nadie se inspira. Tomé mis cosas y me encerré en mi habitación que ahora era dominada por sus cosas, por sus biberones y carriola. Todo lo mío era un significado pasado, algo que ya no causa relevancia alguna. El nombre de ella lo era todo, era el presente, el pronóstico de un futuro fructífero.
Sophia.
Sophia había llegado como una promesa al amor que mis padres sentían el uno por el otro y aunque yo a ellos los veneraba estaba ese lado resentido que odiaba la idea tener que compartirlos con otra niña. Ella ante la vista de todos era mi hermana menor y la que menos importaba en mi vida, la que ahora me había hecho odiar vivir acá, a la que ocultaba del mundo exterior.
Es esa a la que ahora necesitaba como a nadie, a la que recurría cuando sentía que el mundo se pondría en mi contra.
—Debes estar jodida, Elena.
Sophia se había casado hace poco con un magnate de renombre cuyo apellido es Fuller. Mi cuñado prometía ser una joya en los negocios, prometía traer fortuna y riquezas a su hogar y era por ello que ellos como familia, como pareja me resultaron una buena elección.
—De no ser importante no estaría aquí, Sophia.
Ella lo supo y al bajar la mirada a la canasta lo comprendió todo.
—¿Será todo mío, verdad?
Estaría mal aprovecharme de sus problemas de fertilidad pero la necesito, necesito de un hogar seguro para mí niño.
—Es tuyo solo no debes negarme fotos y su cariño, acógelo como tú hijo, como si hubiera salido de tu vientre y yo en la distancia proveeré para él. —. Simón Fuller miró a su esposa y luego a mi.
—¿Documentación?
Reí ante ello y tomé a Naim entre mis brazos, él al verme ese par de ojos que heredó de mi se suavizaron y brillaron.
Me amaba después de todo.
—Cambia su apellido, pero su nombre Naim debe permanecer.
Me levanté y le entregué en sus brazos a mi hijo y aunque me dolió y sentí que lo dejaba como ya una vez hicieron conmigo tuve que controlarme.
—¿Elena…?
—Harry me va a encontrar y me niego que se quede con Naim y lo críe al lado de aquella arribista. —. De imaginarlo con ella la sangre me hierve y me retuerzo de la rabia.— Es mejor que te lo quedes y lo hagas un Fuller.
Mi labor había acabado había dejado a Naim a salvo al lado de mi hermana menor y mi cuñado, con ellos Naim estará a salvo.
—¿Elena, volverás algún día?
Miré a mi alrededor y luego a mi hijo, ese que me había dolido al que pude entregarle mi vida de él necesitarla.
—Por Naim siempre volveré.
—¿Y que hay de Blake y Naill? —. Los amaba después de todo son míos también pero no sentía tanto apego a ellos como a Naim.
🔸 🔸 🔸
Narrador.
Tras ella marcharse la pareja entro a su vivienda con aquel bebé entre los brazos de la mujer más joven, ambos sintieron una emoción innata crecer en el fondo de sus entrañas. Habían hecho realidad su más codiciado desea y era ser padres de un niño espectacular y Elena les había dado la oportunidad de criar a su hijo Naim.
—Naim Fuller.
La pareja de inmediato se puso en marcha para tomar todo lo que les pertenecía y así mudarse definitivamente a otra parte donde nadie los conozca, dónde nadie pueda quitarles a su hijo.
—Simón, Elena está demente al dejarnos al niño.
—Ve que nos hizo un favor.
Sophia lo entiende, después de todo es ahora gracias a su hermana mayor que ahora era madre.
—¿Y si el padre del bebé nos encuentra y nos lo quita?
Simón lo pensó y aseguro en voz alta.
—Tendrá que pasar sobre mi para poder quitarnos a Naim.
—Tiene derechos.
—¿Y que? No sabe con exactitud que sea suyo.
Sophia no reclamaría a su esposo y se dispuso en tomar todo lo que era del infante para subirlo al coche.
Media hora más tarde ya estarían en carretera.
🔸 🔸 🔸
Los años pasarían y con ellos Naim crecería e iría pareciéndose físicamente a su padre. Y ahora a la edad de nueve años había decidido que se dejaría crecer su cabello color chocolate que van a juego con aquel par de ojos color ocre con motes en verde, una verdadera unión de sus padres exhibida en él.
—¿Madre, te encuentras bien?
Sophia se le llena el alma siempre que Naim se dirige a ella con tal nombre, siente que había encontrado aquella razón por la cual existir. Aparte, habría adoptado a otro niño igual de bebé que como aquel que ahora tendría nueve y al que pondría por nombre Guillermo Fuller.
—Tu hermanito ha estado algo inquieto.
Naim va a la cama de su madre y se recuesta junto a ella admirando a su pequeño hermano menor.
—Tienes que cuidarlo, es tu hermano.
Naim lo sabía, después de todo es el único hermano que sus padres en estos años le han dado.
—Es tan pequeño. —. Farfulló el niño más grande.
Sophia se perdió en el infantil rostro de su hijo y comprendió todo, la razón por la que ahora él era suyo.
Nadia notaría la diferencia entre Naim y ellos, eran familia sanguínea después de todo y conserva rasgos pertenecientes a la materna que lo hace parecerse a Sophia.
—Guillermo será rubio. —. Mencionó entre risas el castaño.
Aquel bebé frente a ellos tendría pequeños cabellos amarillos muy vibrantes.
—Se parecerá a tu tía Elena.
Naim sintió cariño, sabe de ella por recuerdos de su madre y de fotos que le manda todos los años.
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Editado: 29.11.2025