Habitación 777

Capitulo 3 ÉL PASILLO DE LOS SUSURROS

Los seis amigos subieron y subieron. Los escalones de piedra gris parecían multiplicarse bajo sus pies en un bucle infinito. Agotados, con los pulmones quemándoles por el esfuerzo y el aire gélido del edificio, el grupo se detuvo en seco. Las piernas les temblaban tanto que mantener el equilibrio se había vuelto una tarea titánica.

—Mierda... mierda —maldijo Daniels entre dientes, apoyando ambas manos sobre sus rodillas mientras intentaba recuperar el aliento—. Esto es una maldita pesadilla. La estructura del edificio no tiene sentido físico.

—Hay que seguir —ordenó Terry, aunque su propia voz delataba el cansancio. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano—. No nos podemos quedar aquí parados todo el día. Quedarse quietos es morir.

—¿Pero qué caso tiene, Terry? —intervino Evelyn, con la voz rota y los ojos empañados por las lágrimas de frustración—. Hemos subido pisos y pisos, y no llegamos a ningún lado. Ninguna puerta, ninguna ventana, ninguna salida... nada de nada. No hay lógica en esto, ¡estamos atrapados en una maldita espiral!

Kendra, que permanecía abrazándose a sí misma en un rincón del descanso, dejó escapar una risa nerviosa que heló la sangre de los demás.

—Yo se los dije... Les advertí que no debíamos entrar —murmuró Kendra, mirando a la nada—. Pero no me hicieron caso. La vieja de la estación de servicio no estaba loca. Ella sabía perfectamente lo que era este lugar. Trató de advertirnos y nos burlamos en su cara. Y ahora... ahora vamos a morir aquí dentro.

—¡Cállate! ¡Maldita sea, cállate, Kendra! —gritó Andy, perdiendo por completo los estribos y dándole un golpe a la barandilla de metal—. Aquí nadie va a morir. No voy a dejar que te entregues al pánico. Si lo único que podemos hacer es subir, entonces caminamos. ¡Múvanse!

Tragándose el miedo, los seis amigos reanudaron la marcha. El eco de sus pasos cansados resonaba en el cubo de la escalera como un recordatorio de su propio encierro. Sin embargo, después de un tramo que les pareció eterno, Terry, que iba a la cabeza, se detuvo bruscamente.

—¡Una puerta! —exclamó Terry, señalando hacia el frente con el haz de su linterna—. ¡Chicos, miren, hay una puerta!

El grupo se abalanzó hacia ella con una mezcla de alivio y sospecha. Al llegar, Terry empujó la pesada hoja de madera. Al cruzar el umbral, lo primero que los recibió fue un letrero de acrílico agrietado y colgando de un solo tornillo en la pared. Se leía claramente:

4 PISO - ZONA DE ONCOLOGÍA

—Oh, mierda... —murmuró Andy, sintiendo un escalofrío recorrerle la espina dorsal—. Lo que nos faltaba. Ahora nos toca atravesar un piso que solía estar lleno de pacientes terminales. Este lugar apesta a muerte.

Al pasar el letrero, la realidad del cuarto piso los abofeteó. Se encontraron de frente con un pasillo larguísimo y lúgubre, una boca de lobo donde no entraba ni una sola gota de luz del exterior. El silencio allí era tan denso que casi se podía cortar.

—¿Qué hacemos? —preguntó Kendra, retrocediendo un paso, con el temor reflejado en el rostro—. ¿De verdad vamos a entrar ahí? ¿O regresamos a las escaleras?

—No hay de otra, Kendra. No hay más caminos —sentenció Terry de forma tajante, acomodándose la mochila—. Hay que atravesar ese pasillo como sea. Manténganse juntos.

Uno a uno, encendieron las linternas. Los potentes haces de luz blanca cortaron la penumbra, revelando un escenario devastador. El corredor estaba flanqueado por habitaciones hechas jirones, destruidas por el tiempo y el abandono. Las paredes estaban cubiertas de moho negro y, de manera más perturbadora, salpicadas por una sustancia roja, pastosa y seca que se asemejaba demasiado a la sangre vieja.

Siguieron advancing con cautela hasta que la luz de Terry iluminó una placa de metal oxidado al lado de una de las entradas: Habitación 421.

—Esperen... miren adentro —susurró Mónica, deteniéndose en el umbral.

Al enfocar sus linternas hacia el interior del cuarto, el corazón de los seis se detuvo. En la pared principal de la habitación, pintado con trazos toscos pero perturbadoramente precisos, había un dibujo. Eran ellos. Seis figuras humanas que compartían la ropa, la estatura y los rasgos exactos de Kendra, Mónica, Evelyn, Terry, Andy y Daniels.

—Miren... Chicos, somos nosotros —dijo Terry con asombro, dando un paso atrás. Su mano temblaba tanto que el haz de luz bailaba sobre la pintura.

—¿Pero qué mierda es esto? —bramó Andy, sintiendo cómo el estómago se le hacía un nudo—. ¡Esto ya no es gracioso! ¡¿Quién carajos nos está dibujando?! ¡¿Nos están vigilando?!

—No lo sé, pero no nos quedaremos a averiguarlo. Avancen, ¡ya! —ordenó Daniels, empujando al grupo para sacarlos de la línea de visión de esa habitación maldita.

Aceleraron el paso, con la paranoia al límite. Cada puerta abierta se sentía como una boca lista para tragárselos. Fue entonces cuando, unos metros más adelante, el pasillo se transformó de nuevo. La habitación con el número 437, que hasta hace un segundo estaba sumida en la negrura, se encendió de golpe. Una luz blanca, parpadeante y zumbante, inundó el corredor desde su interior.

—¡Luz! —exclamó Mónica, cubriéndose los ojos por el repentino destello—. ¡Miren, chicos, ahí hay luz!

Todos se voltearon a ver entre sí, estupefactos, presenciando cómo la habitación 437 cobraba vida en medio del piso abandonado. El zumbido de la bombilla era el único sonido en todo el hospital.

—Vamos —dijo Terry, tomando una decisión desesperada—. ¡Corran hacia allí! Quizás haya alguien, o una salida.

El grupo corrió, rompiendo el silencio con sus pisadas apresuradas sobre el suelo cubierto de escombros. Al llegar al umbral de la 437, frenaron en seco. El alivio de encontrar luz se transformó instantáneamente en un horror absoluto.

En la pared del fondo, iluminado perfectamente por la bombilla del techo, había otro dibujo hecho con la misma sustancia roja. Pero este era diferente. El trazo era idéntico, el escenario era el mismo pasillo... pero esta vez, en la pared solo estaban dibujadas cinco personas.



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En el texto hay: maldicion, terro, terror hospital

Editado: 05.08.2026

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