Hacia un mundo desconocido para la humanidad

Capitulo 2

Abajo, en el bullicioso pasillo que conducía al comedor, Himawari se detuvo en seco. Observó la silueta de Ethan desaparecer al doblar la esquina y arrugó el entrecejo, visiblemente preocupada.

-Ethan está rarísimo desde ayer... ¿No te parece, Ren?

Ren la miró de reojo. Notó de inmediato la rigidez en los hombros de su amiga y el tono inquieto que vibraba en su voz. Con una sonrisa calmada, intentó restar dramantismo al asunto:

-Tal vez sea porque acabamos de empezar un nuevo año y entramos a la preparatoria. Deben ser demasiadas cosas nuevas para él.

-¡Pero los tres somos amigos desde que éramos niños! -replicó Himawari, cruzándose de brazos con angustia-. Si le preocupa algo, ¿por qué demonios no nos lo dice? Además, tú y yo también estamos experimentando lo que es ser de primer año y no andamos actuando de forma tan extraña como Ethan.

Ren soltó un leve suspiro, manteniendo las manos en los bolsillos mientras caminaban.

-Cada persona piensa de manera diferente, Himawari. No podemos compararnos con él.

A pesar de las palabras de Ren, Himawari continuó quejándose durante todo el trayecto. Insistía en que Ethan se había distanciado drásticamente de ellos desde el día anterior y que, por más que intentara disimularlo, cargaba con un aura extrañamente deprimida.

Mientras tanto, Ethan abrió la pesada puerta metálica que daba acceso a la azotea. El viento fresco de la mañana lo recibió de golpe, y allí, parada mirando el cielo, se encontraba Hikari. Lo estaba esperando con una tranquilidad imponente.

Al verla, un repentino calor subió a las mejillas de Ethan. Tragó saliva, apartó la mirada por un segundo y se armó de valor para romper el hielo.

-¿Por qué... por qué me llamaste aquí, Hikari? -preguntó, quejándose internamente por sonar tan titubeante.

Hikari soltó una pequeña risa melodiosa que, en lugar de calmarlo, lo puso en alerta.

-Te llamé porque quiero saber exactamente qué eres -respondió ella, clavándole una mirada intensa.

Los nervios traicionaron a Ethan por completo. Sus dedos se crisparon a los costados de su uniforme y dio medio paso hacia atrás.

-No tengo idea de a qué te refieres -replicó, intentando forzar una sonrisa de confusión-. Apenas nos hemos visto un par de veces como para que vengas a decirme cosas tan extrañas.

Hikari volvió a reír, pero esta vez el sonido tuvo un matiz mucho más astuto.

-Exacto, nos hemos visto solo dos veces. ¿De verdad crees que no me di cuenta de lo que hiciste la primera vez que cruzamos miradas? ¿O es que acaso tienes otra retorcida razón para haberme estado observando fijamente?

-Solo... solo me distraje y te miré, eso es todo -mintió Ethan de inmediato.

Por dentro, el corazón de Ethan se había congelado por completo. Un sudor frío empezó a resbalar por su nuca. Bajo ninguna circunstancia quería revelar la existencia de sus poderes; ni él mismo entendía qué eran, o cómo los había obtenido o qué significaba ser capaz de percibir la energía de otros. Por supuesto, tampoco estaba dispuesto a admitir la otra mitad de la verdad: que también se le habían ido los ojos porque ella le parecía increíblemente hermosa.

La sonrisa de Hikari se borró en un parpadeo. Su rostro adoptó una seriedad gélida y su tono de voz descendió varios grados, volviéndose peligrosamente cortante.

-Entonces pretendes hacerme creer que no viste mi energía... -sentenció ella, dándole una mirada que destilaba sospecha-. Tenía entendido que los humanos normales eran incapaces de percibir eso. Por esa misma razón vine a este colegio. Escúchame bien: si resultas ser una amenaza para mí, tendré que deshacerme de ti aquí mismo.

Ethan parpadeo, completamente descolocado. ¿Deshacerse de él? ¿Energía? La situación era tan absurda que una sola conclusión cruzó por su mente.

-No me digas que eres... ¿una chuunibyou? -soltó Ethan, mirándola con una mezcla de lástima y desconcierto.

Esta vez fue Hikari quien se quedó completamente perpleja. Parpadeó un par de veces, guardando un incómodo silencio mientras intentaba procesar la extraña palabra. Era evidente que no tenía la menor idea de qué significaba ese término de la subcultura humana.

Al ver su confusión, Ethan sintió un enorme alivio en el pecho. «Menos mal», pensó para si mismo, relajando los hombros. «Qué tonto soy. Seguro me dejé cautivar por alguien que está un poco mal de la cabeza. Fue pura casualidad que mencionara la palabra "energía". Probablemente solo me tiene manía porque cruzamos miradas ayer. Maldita sea, cómo me arrepiento de haber cruzado miradas con ella».

Hikari, analizando detenidamente cada uno de los gestos de alivio y fastidio en el rostro de Ethan, entrecerró los ojos con molestia.

-Parece que ahora te resulto fastidiosa -reprochó ella, cruzándose de brazos-. Qué curioso, considerando que desde ayer no parabas de ponerte rojo cómo tomate cada vez que me mirabas.

Ethan se quedó con la boca abierta, incapaz de articular un solo contraargumento. Tenía toda la razón; había sido completamente predecible.

-Muy bien, se terminó el juego -declaró Hikari.

Sin apartar los ojos de él, introdujo la mano en el bolsillo de su falda y extrajo un pequeño y elegante broche metálico. Lo alzó hacia el cielo con solemnidad y pronunció una frase con voz clara:

-¡Girasol, bendíceme!

En ese milisegundo, la realidad pareció distorsionarse. Un estallido de luz cegadora obligó a Ethan a cubrirse el rostro con el brazo. Ante sus ojos, un majestuoso cetro materializó de la nada en las manos de la chica, desprendiendo una inmensa y deslumbrante marea de energía amarillenta a su alrededor. Era exactamente el mismo resplandor puro que había contemplado el día anterior en el jardín, un brillo tan místico que, irónicamente, calmó el miedo que amenazaba con paralizarlo. Junto con el cetro, el uniforme escolar de Hikari se desvaneció, siendo reemplazado en un destello por unas ropas completamente místicas y ajenas a este mundo.



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En el texto hay: romance, magia, escolar amor

Editado: 23.07.2026

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