—No te preocupes por eso, ya lo sabía —respondió Hikari, restándole importancia con un gesto—. Cuando materializaste esa espada, noté de inmediato que estabas inconsciente debido a que tu flujo de energía era sumamente inestable. Además, para ser sincera, se me hizo bastante extraño que pudieras canalizar tu energía como mana y crear una espada de repente.
Ethan soltó un suspiro resignado, apoyando los codos sobre su pupitre.
—Entonces debes entender que lo más probable es que no pueda volver a crear esa espada. Ni siquiera sé cómo lo hice porque estaba completamente inconsciente en ese momento.
—No tienes de qué preocuparte —le animó Hikari, regalándole una sonrisa radiante—. Estoy segura de que si entrenas un poco tu mana, podrás volver a invocarla a voluntad. Y así... bueno, así podrás protegerme.
Al escuchar esas últimas palabras, algo en el interior de Ethan pareció crujir dolorosamente.
Hikari notó el cambio de inmediato. El rostro de Ethan se volvió completamente rígido, recuperando esa expresión seria que solía llevar la mayor parte del tiempo. Sin embargo, al clavar la vista en sus ojos bien abiertos y en la línea tensa de su boca, la chica percibió con total claridad que Ethan estaba haciendo un esfuerzo enorme por contener una súbita oleada de ira.
—¿Qué te pasa, Ethan? —preguntó ella, ladeando la cabeza con genuina confusión—. Te pusiste más serio de lo normal... Mejor dicho, pareces enfadado.
Ethan desvió la mirada hacia la ventana, dejando escapar una risa amarga teñida de un pesado sarcasmo.
—No, para nada. Solo estoy feliz de darme cuenta de que me ves únicamente como una herramienta para mantenerte a salvo.
Hikari sintió una dolorosa punzada en el pecho ante el reproche. Abrió la boca, visiblemente afectada, y se apresuró a corregir sus palabras con nerviosismo.
—¡Me expresé muy mal! Lo siento... Lo único que quiero es poder vivir de forma tranquila en la Tierra, y de verdad me hace feliz que decidieras convertirte en mi guardián. No te veo como una simple herramienta, de verdad me alegra que aceptaras protegerme... Pero eso no quita que también me preocupe tu seguridad. Por eso mismo me aseguré de que descansaras en mi departamento cuando estabas tan herido por la batalla contra esos monstruos.
Al escuchar esa sincera declaración, los ojos de Ethan se agrandaron y un intenso sonrojo cubrió sus mejillas. Incapaz de sostenerle la mirada, el chico giró la cabeza hacia el lado opuesto del salón para ocultar su vergüenza.
Hikari, al ver cómo apartaba la vista con torpeza, se inclinó un poco más hacia su pupitre para intentar verle el rostro. Ethan se echó hacia atrás, tratando de distanciarse lo más posible mientras sentía que las orejas le ardían. No quería por nada del mundo que ella descubriera lo afectado que estaba.
¡RIIIING!
Por fortuna para Ethan, el agudo timbre que anunciaba el inicio de las clases resonó por los pasillos, rompiendo la burbuja entre ambos. Casi de inmediato, la puerta del aula se abrió y varios estudiantes comenzaron a entrar en tropel, llenando el lugar con murmullos y el arrastrar de las mochilas.
Hikari se enderezó de golpe, apartándose a una distancia segura a toda prisa. En su afán por interrogarlo, se le había olvidado por completo que se encontraban en un salón de clases. Queriendo morir de la vergüenza, miró a su alrededor con el rostro completamente encendido. Por suerte, debido a que ambos habían llegado sumamente temprano, nadie los había visto tan juntos.
Ethan, al ver entrar a sus compañeros, dejó escapar un suspiro de alivio. Luego, al contemplar el rostro totalmente rojo y abochornado de Hikari, no pudo evitar que una sonrisa divertida se dibujara en sus labios, soltando una ligera carcajada.
—¿Qué pasa, Hikari? —se burló en voz baja—. ¿Acaso te habías olvidado de que estábamos en la escuela?
Hikari lo miró de reojo, inflando las mejillas de inmediato para dibujar un adorable puchero de indignación.
—¡Cállate, tonto! —le espetó en un susurro molesto.
En ese preciso momento, Ren y Himawari cruzaron el umbral del salón. La chica de cabello café se detuvo en seco al percatarse de la escena; la sorpresa se transformó rápidamente en molestia al ver a Ethan charlando de forma tan animada con la nueva estudiante transferida. Sin pensarlo dos veces, Himawari caminó a grandes zancadas hacia ellos e interrumpió la conversación con un tono de voz visiblemente irritado.
—Vaya, Ethan... ¿Cómo es que ya te hiciste tan amigo de la chica nueva? Te recuerdo que tú sueles ser alguien insoportablemente serio con todo el mundo.
Ren, quien venía caminando justo detrás de ella, arrugó el entrecejo con incomodidad. «No digas esa clase de tonterías frente a ella, Himawari... La estás insultando en su propia cara», pensó el chico rubio, un tanto avergonzado por la actitud de su amiga.
El comentario hizo que la molestia regresara al rostro de Ethan. Clavó una mirada fría en su amiga de la infancia.
—Ella tiene un nombre —sentenció Ethan con un tono de voz inusualmente cortante—. Se llama Hikari.
Himawari sintió un súbito escalofrío recorrerle la espalda debido a la hostilidad en sus palabras. Podía contar con los dedos de una mano las veces que había visto a Ethan enfadarse de verdad, y que lo hiciera ahora la dejó helada. De inmediato, dirigió una mirada cargada de resentimiento hacia Hikari. Aquella recién llegada debía ser alguien sumamente especial para él como para que reaccionara de una forma tan brusca para defenderla.
«¿Por qué te pones así por ella?», pensó Himawari, sintiendo que un nudo de amargura se le formaba en la garganta. «¿Acaso la prefieres a ella antes que a mí? Yo soy la que ha estado a tu lado y te conoce desde que éramos unos niños, no está tipa nueva».
Al notar la creciente tensión entre los tres, Hikari decidió intervenir para calmar las aguas. Relajó la postura y esbozó una sonrisa amable hacia la recién llegada.