Una oleada de ira pura, ardiente y destructiva eclipsó por completo la mente de Ethan al ver a Hikari perdiendo el conocimiento. «¡No voy a permitir que le hagas daño!», se juró a sí mismo en medio del caos.
Sus ojos comenzaron a emitir un brillo azul intensísimo que iluminó la penumbra de los árboles. El suelo bajo sus pies crujió debido a la presión de su fuerza liberada, y un rugido salvaje escapó de su garganta:
-¡Suéltala de una maldita vez! -gritó Ethan, con una voz que no parecía la suya.
Sin esperar un segundo, se convirtió en un auténtico borrón de velocidad. Cortó la distancia que lo separaba del intruso en un pestañeo, dejando una estela de hojas secas flotando en el aire tras su violento arranque. El chico de cabello negro se vio obligado a desviar la mirada, abriendo los ojos de par en par ante la imprevista y brutal marea de energía que se le venía encima.
Rei esquivó el golpe a escasos microsegundos de que el puño de Ethan impactara de lleno contra su rostro, viéndose obligado a soltar a Hikari para lograrlo.
«Mierda, llegó alguien más», pensó el intruso mientras daba varios pasos hacia atrás para recomponer su postura.
Hikari cayó pesadamente sobre la tierra. Quedó completamente desmayada, con el cuello marcado por un tono morado y arrastrando el aire a duras penas en una respiración agónica.
Ethan, consumido por una ira tan intensa que nubló su conciencia, perdió el sentido de la realidad. De forma automática, alzó la mano derecha y comenzó a canalizar su poder; en un parpadeo de luz, materializó la imponente espada azul con el orbe rojo incrustado en el centro de la empuñadura.
Sin perder un solo instante, Ethan se impulsó hacia adelante de forma salvaje, dirigiendo el filo directamente hacia la cabeza de Rei.
El chico de cabello negro lo miró fijamente, midiendo la velocidad del ataque. «Parece que tendré que encargarme de este tipo antes de poder llevarme a la chica», concluyó mentalmente.
-Tenías que entrometerte justo cuando estaba por terminar mi misión -sentenció Rei con una voz intimidante, profunda y sumamente seria.
Ethan, quien permanecía en un trance absoluto y no era incapaz de escuchar una sola palabra, continuó arremetiendo con golpes verticales. Sin embargo, Rei demostró una clara superioridad táctica esta vez: se movió de lado con total soltura, esquivando cada uno de los espadazos con una facilidad casi insultante.
Mientras tanto, en las calles de la ciudad, Midori avanzaba a paso lento. Había dejado atrás el parque público para dirigirse a su departamento, pero las palabras de la chica rubia seguían resonando con fuerza en su cabeza. «Tal vez sí debería aceptar la propuesta de unirme a ellos... Después de todo, estaría muchísimo más segura en un grupo de tres, y dudo mucho que Ethan sea una mala persona», reflexionaba para sus adentros mientras caminaba por la acera.
De pronto, un brutal impacto de energía sacudió la atmósfera. La magnitud del choque fue tan descomunal que generó una violenta ráfaga de viento de la nada, barriendo las calles y elevando las hojas secas por los aires en un remolino caótico.
Los ciudadanos que transitaban a su alrededor comenzaron a detenerse, desconcertados por el repentino cambio climático.
-Este clima está completamente loco -murmuró un hombre, cubriéndose el rostro con el brazo-. Hace unos minutos no soplaba ni una gota de viento.
A su alrededor, la gente comenzó a apresurar el paso para resguardarse en sus hogares o meterse de prisa en los locales comerciales, temiendo que el fenómeno fuera el preludio de un tornado inminente.
El cielo sobre la ciudad comenzó a cubrirse con densas nubes grises en un abrir y cerrar de ojos. Midori observó el pánico creciente de la multitud y luego giró la cabeza hacia la periferia urbana. Clavó la mirada directamente en el espeso bosque de donde provenía el viento; sus sentidos percibieron de golpe una sobredosis masiva de energía que hacía vibrar el aire.
Una intensa tensión se apoderó de sus hombros. Midori apartó la vista del bosque con nerviosismo, mordiéndose el labio inferior con frustración. «Tengo que moverme rápido y llegar a mi departamento», se urgió a sí misma, acelerando el paso por la acera. «Si esa marea proviene de cazarrecompensas de Phyllon buscando a las Nymboras que nos escondemos en la Tierra, estar en la calle es un suicidio».
Sin embargo, las ráfagas de viento se intensificaron aún más, trayendo consigo un leve rastro de energía amarillenta que estaba a punto de extinguirse por completo. Midori se detuvo en seco, abriendo los ojos de par en par.
«¡Esta... esta energía le pertenece a Hikari!», se dijo a sí misma.
Permaneció inmóvil en medio de la acera, debatiéndose en un tenso mar de dudas antes de dar la vuelta. «No es mi problema», intentó convencerse, sintiendo cómo las piernas le temblaban levemente. «Al fin y al cabo, todavía no he aceptado unirme a ellos dos». Clavó la vista en el suelo, con el conflicto interno carcomiéndola. «Ese otro flujo inestable debe ser de Ethan... Pero esa tercera energía desconocida y hostil le pertenece a un enemigo. Es demasiado peligroso ir a husmear allá».
Mientras la duda la paralizaba, el recuerdo de Hikari en las escaleras, sonriendo y proponiéndole formar un equipo para protegerse mutuamente, cruzó por su mente. Midori apretó los dientes y dejó escapar un breve gruñido de pura frustración.
-¡Ghhh!
Dando media vuelta abruptamente, comenzó a correr con todas sus fuerzas en dirección al bosque.
-¡No puedo creerlo! -gritó con rabia mientras devoraba los metros, luchando contra la corriente de aire-. ¡Me propones una alianza y cinco minutos después ya estás a punto de morirte! ¡¿Acaso no se suponía que Ethan iba a protegerte, pedazo de tonta?!
A medida que avanzaba, las preguntas continuaban bombardeando su cabeza. No lograba comprender por qué demonios arriesgaba la vida por una chica que apenas conocía desde ayer, y mucho menos por alguien perteneciente a un clan perseguido que solo le traería un sinfín de problemas y enemigos si decidía vincularse con ella.