Hagas lo que hagas, no te enamores de Evan Green

Capítulo 2

El mesero llena las copas y se retira. Evan toma la suya, pero yo dejo la mía intacta.

Sé que un trago o dos ayudaría a acallar la inquietud que me provoca estar sentada delante de Evan Green en un restaurante tan elegante que al entrar me dio miedo que me impidieran el paso; sin embargo, esta es una entrevista de trabajo, un trabajo que realmente necesito, y no pienso hacer nada que lo ponga en riesgo, en especial beber alcohol.

—¿De qué tienes antojo? —pregunta Evan mirándome con atención.

—Eh… —Tomo el menú, las letras parecen ininteligibles. Sé que es mi ansiedad jugándome una mala pasada y que también es responsable de mis manos sudorosas. Debo sosegarme o esto será un desastre—. Creo que una ensalada —digo, volviendo a depositar el menú sobre la mesa y luego apunto a mí currículum que yace groseramente debajo de la copa de Evan—. Señor Green, sé que no tengo mucha experiencia, pero en la universidad…

—¿Una ensalada? No me digas que eres de esas chicas que vive sin apetito, ¿eh? —dice él inclinándose un poco sobre la mesa.

—Apetito tengo. —Hasta para dos personas, pienso para mis adentros—. Es solo que trato de moderarme… tuve temas con mi peso en la adolescencia.

Y tú contribuiste a hacerlo una pesadilla.

Qué incómodo es tener que fingir que no lo conozco y más aún, que no lo detesto. Es terrible tener que llamarlo señor Green y tratarlo con deferencia cuando lo que se merece es que le arroje mi copa de vino a la cara. Pero si esto me obtiene el trabajo… lo importante es pagar las cuentas pendientes, mis fantasmas de adolescencia pierden prioridad ante obtener un empleo con beneficios.

—¿En verdad? Jamás lo hubiera imaginado. Estás en muy buena forma —dice Evan lanzándome una nada apropiada mirada de arriba abajo, para lo cual es necesario que se ladee ligeramente sobre su silla.

Caramba en verdad no tiene la menor idea de quién soy. Descarado.

—Gracias —digo con la vista clavada en el círculo rojo que el vino ha dejado sobre mi currículum.

—¿Te ejercitas?

—Sí. Corro 7km todas las mañanas —replico secamente.

—¿7km? ¡Impresionante! —exclama Evan con ojos agrandados—. Yo antes solía correr también. De hecho, me estaba entrenando para el maratón de la ciudad con un amigo, pero él se lesionó los ligamentos y solo no me apeteció seguir. Soy la clase de persona que necesita compañía para las actividades o me desmotivo.

Sí, lo sé, en el colegio no te movías sino era con tu séquito de fans.

—Ah.

—Tal vez te gustaría hacerla de mi compañera de carreras, ¿qué dices?

No contesto de inmediato, esperando que él se ría o dé cualquier indicio de que es broma, pero parece que lo dice en serio.

—Corro porque es una actividad que puedo hacer sin compañía. A diferencia de usted, yo disfruto estar sola —le aclaro con gesto inexpresivo.

Evan hace un ademán con las manos de que se le rompe el corazón, pero no deja de sonreír.

—Con que una loba solitaria…

—Señor Green…

—Evan. Dime Evan, por favor.

A la mente me vienen varias formas de decirle, unas más desagradables que otras y ninguna apropiada en el ámbito laboral.

—Como le decía, sé que mi experiencia deja mucho que desear, pero…

—¿Alguna vez has probado el pulpo asado de este sitio? Es una delicia. Muy similar al que probé en Santorini el verano pasado. ¿Alguna vez has ido a Grecia? Es…

—Señor Green, creo que es importante que nos apeguemos a los temas laborales, ¿no cree? Hasta ahora no me ha hecho una sola pregunta sobre mi currículum. ¿Cómo va a decidir si contratarme o no? —hablo con la espalda completamente erguida y la barbilla en alto, convencida de que eso me da un aire más profesional.

Evan me mira con divertida condescendencia, como si fuera un bebé tratando de dar sus primeros pasos.

—Ah, claro… temas laborales —dice en un tono profundo que me hace pensar que no está diciendo lo que realmente quiere—. Bien, ¿en dónde trabajas actualmente?

Terrible pregunta.

—Bueno, pues… en estos momentos, no tengo trabajo —admito, sabiendo que yo solita me puse la pistola contra la sien—. Trabajé de mesera durante la universidad, pero ahora que me gradué, estoy buscando un empleo más afín a mi profesión. Mi compañera de piso me sugirió renunciar al restaurante en el que trabajaba para impulsarme a encontrar trabajo más rápido… en ese momento parecía una buena idea.

—¿Y hace cuánto de eso?

—Cuatro meses —confieso, clavando la vista en el mantel.

Cuatro meses de entrevistas fallidas y pedirle dinero a mis padres para subsistir.

Evan escanea el currículum con la mirada, ni siquiera se toma la molestia de quitar su copa de encima.

—¿Es tu sueño trabajar en recursos humanos?

Abro la boca, pero no emito sonido. Mentir parece incorrecto, pero decir la verdad puede jugar en mi contra.

Me tomo unos instantes para decidir.




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