Parpadeo unas tres o cuatro veces esperando que un equipo de grabación salga de detrás de una columna y todo el restaurante se eche a reír. “¡Sorpresa! ¡Esta sí era una novatada! ¡Te estamos grabando para nuestro canal de YouTube!”.
Aguardo algo, lo que sea, pero nada pasa.
Evan me mira con cara de pilluelo, seguro de que me derretiré en mi asiento por su propuesta.
Es todo un Don Juan, seguro que ha usado esta técnica para llevarse a la cama a muchas mujeres. “Me interesas para novia”, ya imagino la de fulanas que caen. Ante un hombre joven, guapo y millonario, han de pensar que se han sacado la lotería. Seguro que se le lanzan a los brazos aun antes de que él acabe de hablar.
Ya puedo ver la estrategia de conquista: Evan habla de un noviazgo para que las mujeres se entreguen a él con confianza y una vez que las usa a su antojo, no vuelven a saber de él.
Es evidente por su sonrisa que Evan espera que me pase lo mismo. Está aguardando a que ponga cara de asombro y me muestre agradecida de que tremendo galán se haya fijado en mí. Piensa que me oirá decir: <<Por supuesto que quiero ser tu novia, soy tan tonta que creo que hablas en serio>>.
Lástima para Evan porque, él no sabe quién soy yo, pero yo sí sé muy bien quién es él y lo último que haría sería caer en las redes de un bully. Rico, guapo, bien vestido, me da igual; Evan sigue siendo el mismo adolescente problemático del colegio, un chico propenso a la crueldad que solía meterle el pie a mi amigo Benjamín en la escalera mientras hacía ruidos de marranito y lo llamaba Benjamón. El mismo chico que me vio volcarme un balde de agua jabonosa encima y lo único que hizo fue partirse de risa.
Que otras fulanas caigan en sus tretas de galán, yo estoy curada de espanto.
Quito la servilleta de mi regazo y la pongo sobre la mesa, luego me levanto lentamente. Evan me imita con expresión entre divertida e intrigada. Ha de pensar que estoy por decirle que pida el auto para que me lleve a su apartamento a hacerme cuanto quiera.
Bajo mi mirada a mi anillo de pureza, Evan escogió muy mal a su víctima en más de un aspecto.
—Señor Green…
—Evan.
—Evan —cedo con una mueca desagradable. Si no voy a trabajar para él de cualquier modo, las falsas formalidades salen sobrando—. Me has de creer muy ingenua, pero no lo soy y me ofende que pienses que será tan fácil verme la cara.
—¿Verte la cara? —repite Evan con fingida sorpresa—. Pero si no te estoy vendiendo piratería, te estoy pidiendo ser mi novia.
—Claro, porque los millonarios guapos están ansiosos por tener una relación formal con desconocidas intrascendentes. —digo enarcando una ceja.
Evan sonríe con petulancia.
—Ah, ¿crees que soy guapo? Ya es un avance. Aunque no esta bien que te consideres a ti misma intrascendente, será algo en lo que trabajaremos en la relación.
Lo fulmino con la mirada.
—Basta de jueguitos, no caeré en la trampa.
—¿Cuál trampa? —pregunta él casi sin aguantarse la risa.
—La de que te finjas interesado en tener una relación conmigo para que confié en ti. Te servirá para engañar a otras, pero a mí no.
—Ningún engaño, Valentina. Hablo en serio. Mira, admito que soy intenso y lamento si te asusté hablándote de un noviazgo de buenas a primeras. Lo que sucede es que me gustaste mucho desde que te vi en la oficina y dejé que la emoción me ganara. Vámonos con calma si eso te hace sentir más tranquila. ¿Te gusta el teatro? Te invito a una función el fin de semana. ¿Prefieres el ballet? ¿O el cine? Lo que te agrade más, el punto es pasar tiempo juntos.
—Yo estoy a la búsqueda de un empleo, no de un novio.
—Lo sé, pero debes admitir que entre nosotros hay fuegos artificiales. La química es innegable, la siento aquí —dice llevándose la mano al pecho.
—Deben ser agruras, tanta comida griega te sentó mal —respondo sin el menor atisbo de humor—. Tómate un sal de uvas y deja el vino —acompaño mi recomendación con un paso al costado para retirarme.
Evan me corta el paso de una zancada.
—Vamos, Valentina. Al menos dame una oportunidad para convencerte. Si esta cita no te agradó, a la siguiente podemos hacer algo más a tu gusto.
—Es que no lo entiendes, esta era una entrevista de trabajo, no una cita.
Evan enarca una ceja, como burlándose de mi ingenuidad.
—No sé de muchas entrevistas que se lleven a cabo en restaurantes con una estrella Michelin. Esta fue una cita, lamento que no te haya quedado claro antes.
Inflo mis fosas nasales. Si condonara el uso de la violencia, le daría un bofetón.
—Me marcho.
Evan me corta el paso de nuevo.
—Anda, Valentina… ¿Te puedo decir Val? ¿Tina? ¿Solecito? ¿Cómo te gusta más?
—Puedes quitarte de mi camino. Lo digo en serio o comenzaré a gritar —le advierto con dientes apretados.
—No te atreverías, con esa carita tan seria que tienes, lo último que te ha de gustar son los espectáculos públicos —dice él la mar de divertido.