Cristina deposita la bandeja con los dos bowls delante de nosotras. Me tiende uno y toma el otro, luego me pasa un juego de cubiertos de plástico y una servilleta.
Un par de niños pasa corriendo junto a la mesa, el guardia del área de comida trata de reprenderlos, pero no los alcanza.
—Así que te reencontraste con tu bully de juventud. Qué pequeño es el mundo —comenta ella antes de darle un trago a su soda.
—No lo llamaría mi bully. Evan era el chico popular y fastidiaba a cualquiera que se dejara. Era bastante cruel, pero yo solo era una de tantas que atormentaba. Durante mucho tiempo ni siquiera supo de mi existencia, todo empezó tras un incidente afuera de unos baños y la amable intervención de Isabel; antes de eso, yo era invisible para él. A Benji le fue peor…
—¿A Benji? Ah ya, el amigo que resultó enamorado de ti —dice Cris con gesto distraído y luego se lleva un tenedor lleno de comida a la boca.
Asiento para confirmar mientras revuelvo el contenido del bowl con un cubierto. El plato es de papel y el cubierto de plástico, en la zona de comida del centro comercial no hay estrellas Michelin a la vista, pero la compañía es infinitamente más amena.
—Las cosas se calmaron una vez que Evan se graduó. Es unos años mayor que yo. De hecho, iba en el mismo grado que Isabel.
—Así que te deshiciste de dos bullys de una sola. Debe haber sido un alivio —comenta Cris.
—Lo fue, mi experiencia en el colegio mejoró después de su partida. También ayudó que empecé a ponerme en forma y a agarrar más confianza en mí misma.
—¿Pues cómo no? Ya sin tu odiosa hermanita cerca, te fue más fácil dejar de refugiarte en la comida.
—Media hermana —puntualizo como si Cris no lo supiera ya—. A diferencia de Isabel, a Evan no pensé volvérmelo a encontrar nunca. Quedé en blanco cuando lo vi de pie delante de mí.
—Qué coincidencia que hayan acabado viviendo en la misma ciudad. Las vueltas que da la vida.
—¡Orden 42! —gritan desde el local de hamburguesas. Tan fuerte que la voz del hombre retumba en los techos elevados de la zona de comida—. ¡Orden 42!
Miramos para uno y otro lado, viendo de qué mesa se levantarán para recoger la orden. Segundos después, una mujer se apresura hacia el local agitando su ticket en mano.
—Ese tal Evan tiene suerte de que hayas sido tú hoy. De haber estado en tu lugar, frente a mi bully del colegio sin que él me reconociera, hubiera aprovechado para hacerlo pagar —dice Cris devolviendo su atención a nuestra charla.
—¿Cómo lo harías pagar? —pregunto picada por la curiosidad.
—No lo sé, algo habría improvisado. Me habría fingido una médium hablándole de cosas de su pasado para sacarle dinero o algo así. Luego le hablaría de su futuro y le diría que solo tiene un mes de vida —dice acompañando sus palabras con una risa maliciosa—. Lástima que seas demasiado buena para divertirte a expensas de él un rato.
—Definitivamente no creo tener el arrojo para hacerme pasar por una médium —río con ella—. Además, aunque quisiera, dudo mucho que mis escasos conocimientos de él sirvieran para convencerlo. Ni siquiera sabía que Evan tenía un abuelo rico, fuera de lo que vi en la escuela, su vida personal es un misterio.
—Algo habrías recordado en el momento. Es cuestión de ingenio.
Recargo mi barbilla en mi brazo en tanto que trato de hacer memoria.
—Sé que su padre es un extranjero, pero eso no es muy difícil deducirlo dado el apellido… y su mamá solía usar lentes de sol en todas partes, pero fuera de eso, estoy en blanco. Ni para médium charlatana sirvo —digo encogiéndome de hombros.
—¿Te importa si lo googleo? Ya me dio curiosidad saber cómo es.
—Por favor, no lo hagas. Lo último que quiero es gastar más tiempo pensando en ese hombre. Es más, cambiemos de tema —digo acomodándome los lentes, como si eso significara un comienzo nuevo.
—Como gustes. En ese caso, ahora es mi turno de quejarme por mi día y el hecho de que una cucaracha haya caminado por encima del escritorio de recepción…
Cris siente un estornudo venir, por lo que se cubre la boca con el brazo y desvía la cabeza.
Yo aprovecho para buscar al guardia con la mirada, al fin logró pescar a los chiquillos inquietos.
—Creo que voy a resfriarme —dice Cris antes de tomar una servilleta—. Deberías mantener tu distancia, no querrás que te contagie y eche a perder tu viaje a Valle Profundo.
Vuelvo a asentir, pensando en lo maravilloso que será estar de nuevo en casa. Necesito desesperadamente estar con mis padres, escuchar los sabios consejos de papá y tomar fuerzas para seguir con la búsqueda de oportunidades. Estos últimos cuatro meses han sido muy duros.
—Aprovecharé para pedirle a mis padres que me apoyen con un mes más de alquiler —suspiro apesadumbrada.
Sé que no se negarán, pero yo habría preferido visitarlos con la noticia de que ya tengo empleo. Me siento una decepción.
Cris da unos golpecitos a la mesa con su dedo índice.
—Hey, quita esa cara larga. Hoy te paso algo extraordinario. Es para que estés regodeándote.