Me despierto aún cansada. No sé qué hora es, pero a juzgar por la luz que se cuela por entre mis cortinas de Temu, debe ser bastante más tarde de lo que normalmente suelo levantarme.
Me paro de la cama y me estiro perezosamente. Luego tomo mis anteojos de la mesita de noche y el mundo vuelve a verse con claridad. Mi reflejo en el espejo del tocador me hace saber que fue una pésima idea dormirme con el cabello mojado, pero anoche estaba demasiado exhausta como para secarlo como es debido.
Hago lo que puedo por mi aspecto, me ato el cabello en una cola de caballo suelta y salgo de la habitación.
El olor a panqueques hace rugir mi estómago.
—Asumí que hoy no irías a correr y me tomé la libertad de hacerte el desayuno —anuncia Cris desde la sala debajo de una manta pesada y un suéter—. Usé cubrebocas al cocinar, puedes comer con confianza —añade con una sonrisa de disculpa.
—No era necesario, pero lo aprecio montones —digo tomando el generoso plato de panqueques de la encimera de la cocina.
Vierto suficiente jarabe de Maple, tomo un tenedor y me llevo el plato a la sala para comer con Cris.
—La señora Mendel vino hace rato para dejar tu teléfono, al parecer su madre lo escondió entre los cojines de su silla.
Estiro la mano para tomar el celular que yace en la mesita de centro. Esta muerto, se le agotó la batería. Quién sabe qué estuvo haciendo la señora Ester con él. Tal vez haciendo más llamadas falsas al número de emergencias.
—¿Quieres café? —pregunta Cris haciendo la finta de que se levanta, a pesar de que se nota en su rostro que aún está muy enferma.
—No tienes que atenderme, ni sentir remordimiento por lo que pasó ayer. No fue tu culpa que la medicina te haya hecho dormir —le aclaro.
—Lo sé, pero no puedo dejar de pensar en ti siendo llevada la comisaría. Debes haberte asustado muchísimo. Es una suerte que Ricky Ricón haya llegado justo en ese momento a salvarte. De otro modo, quién sabe cuánto tiempo habrías estado ahí encerrada.
—Lo sé, ya ni me lo recuerdes. Me siento terrible, seguro que Evan esperaba que sacarme de la comisaría fuera el punto de inflexión para que me lanzara a sus brazos. Debe estar terriblemente decepcionado.
—Seguro que lo está. Movió cielo, mar y tierra para sacarte de ahí en un santiamén. Llámame loca, pero viendo lo interesado que está y el esfuerzo que pone, ¿no te tienta a reconsiderar tu negativa? Quiero decir, ¿cuántos solteros ricos y guapos hay en la ciudad? Nada perderías con aceptarle una salida, tal vez no sea tan malo como lo recuerdas.
—Estoy verdaderamente agradecida con Evan por lo que hizo ayer, pero eso no borra todos los años de hechos terribles del pasado. Tú no lo conociste, Evan era de lo peor. Una vez vació una lata de comida para perro en la mochila de un niño y a otro le tiró sus cuadernos a la basura.
—Creí que esas cosas las había hecho Isabel. Al menos eso me contaste.
—Lo hicieron juntos, pertenecían al mismo grupito de chicos problemáticos. Inventaban apodos hirientes y buscaban la manera de fastidiar a otros. Eran terribles.
—Puede que haya cambiado, han pasado muchos años de eso. Yo definitivamente no soy la misma que era en la adolescencia y tú tampoco. Creo que te estás equivocando al juzgarlo por su pasado. Todos merecemos una segunda oportunidad.
Tuerzo la boca, claro que creo que todos merecen una segunda oportunidad, lo que no creo es que Evan Green sea uno de esos todos.
—El sujeto me sacó de una entrevista para un trabajo que tenía buenas oportunidades de conseguir para flirtear un rato. El hecho de que yo necesitara el empleo o que no hubiera consentido a la cita le tuvo sin cuidado. Por más que crea en el poder de redimirse de las personas, me temo que Evan es el mismo chico que era a los 17 años, solo que con más dinero y un mejor auto.
—Admito que lo de la entrevista es cuestionable, pero la gente hace locuras cuando alguien le gusta y se ve que a él le gustas mucho.
—Le gustó mi exterior, pero eso no significa nada. Evan ignora quién soy y no solo lo digo en el sentido de que no me recuerda, también me refiero a que no tiene idea de la clase de persona que soy, desconoce mis valores, mis creencias y sueños. Salir con él sería una pérdida de tiempo. Aun si Evan hubiera cambiado, lo cual no creo, dudo que seamos compatibles. ¿En verdad crees que el millonario acostumbrado a que toda clase de mujeres se le rinda a los pies estará bien con esto? —digo alzando mi anillo de pureza a la altura de mis oídos—. Saldrá corriendo en cuanto sepa que pretendo esperar hasta el matrimonio.
Cris contiene un estornudo antes de contestar.
—En eso tienes razón, si hasta los chicos que parecen buenos se van en cuanto se enteran… Ya vimos lo que pasó con Eduardo, se veía muy decente e interesado en ti y tan pronto le dijiste que no creías en el sexo pre-marital no volvimos a saber de él.
—Exacto.
Dejo caer los hombros, en un gesto de callada resignación. En algún lugar del mundo hay un hombre para mí, solo que se está haciendo el difícil de encontrar y, definitiva y absolutamente, no es Evan Green.
Me encantaría tener una pareja, un compañero con quien compartir proyectos y construir un futuro juntos, pero estoy condenada a ser crónicamente soltera. Los hombres que me atraen no están dispuestos a tener la clase de relación que yo busco y los que me ofrecen esa clase de relación no me atraen a mí. Mi vida sentimental es todo un impasse.