Hoy vería si podría convencer a Jorge de no ir acompañarlo, pero no sería fácil sin levantar sospechas como probablemente buscaba Mike. Aunque primero tenía que saber de qué se trataba, ¿Por qué mentirle a Jorge?
—Mike necesita comunicarme algunas palabras y yo dispongo a oír.
—Sí, no hay problema, ven.
Salimos al pasillo del departamento.
—¿Y bien? ¿Alguna duda que tengas? —Inquirió mientras revisa que Jorge u Oxana no este espiando al otro lado de la esquina.
—¿Qué es lo que necesitas mostrarme? No quisiera perder la ración diaria.
—La perderás, pero no pasaras hambre, tengo comida para ti y estoy seguro que pasaras desapercibido, escúchame, debes convencer a Jorge de no acompañarlo, esto es muy importante y requieren de más como los tuyos. Han sido días difíciles, pero esto te dará fe, no sé si sabes lo que significa la fe.
—Es un sinónimo de esperanza, entre varias cosas más, ¿Qué pasa con ello?
—Con el campo de supresión no duraremos ni dos años, tenemos menos tiempo del que creía y estamos en tiempo prestado.
—Si esperanza es lo que me quieres transmitir, eso deberías mostrárselo a los otros, no a mí.
Su rostro cambio a uno de una desilusión.
—Me gustaría explicarlo todo ahora, pero las paredes no son tan gruesas, si sabes a lo que me refiero.
—No, no te entiendo.
—Los combines, ya sabes.
—Dudo que haya algo que lo cambie.
—Hay un lugar, créeme, es donde te quiero llevar, ahora entra y dile a Jorge, pero que no sospeche de que iras conmigo al lugar que voy cuando «paseo», ¿Entendiste? Por favor no me decepciones.
Al entrar en la habitación nuevamente, se empieza escuchar la voz de la vigilancia hablar;
«Atención residentes; Infección viral en esta comunidad, el aislamiento ha entrado en vigencia y un grupo de control está camino para el confinamiento de los enfermos, permanezcan en sus hogares. Código: Bloquen, cautericen, estabilicen.»
Jorge y Oxana miraban al cielo raso para oír mejor.
«Aviso a los ciudadanos; Comprobación de estado requerida, la rebeldía ante confinamiento será sancionada con la permanente reubicación fuera del mundo, obedezcan las instrucciones de protección civil.»
—¡¿Han oído esa estupidez?! ¡Es solo para ver qué hacer con nosotros! Por no decir desaparecernos o... Algo peor, tenemos que actuar ya. —Exclamo Jorge preocupado para luego vigilar las ventanas.
—Si hubieran querido buscar sospechosos lo harían directamente, no hace falta inventarse eso, ya he visto como lo hacen. —Respondió Mike.
—¿Qué abras visto tú si vives obedeciendo sin dudarlo? ¿Sabes qué? No estoy para debatir ahora contigo, es obvio que saben que no todos tienen una falta de sentido común como tú.
—Con todos los portales que trajeron vida extraterrestre, la verdad es que no sería imposible que aparecieran varias enfermedades que no conocíamos. —Opino Oxana.
—¡¿Es en serio?! A ver, ¿Qué te hace pensar que «los benefactores» no nos ocultan algo? ¿Cómo crees que los virus sobrevivirán a nuestro mundo y cómo sabes si los métodos que usan no son placebos para experimentar con nosotros?
—Jorge, yo estudié...
En eso se escucha el crujido de la puerta de entrada del departamento siendo forzada, de las pocas que aun seguían intactas.
—¡No me digas que es este bloque! —Imploro Oxana temblando de miedo.
—No hay forma de saberlo, pero parece que así es. —Contesto Jorge.
Empiezan a escucharse el sonido de las botas llenando de ruido el lugar, no eran uno, eran varios.
—¡Tranquilos, todos! —Ordeno Mike mientras busca algo dentro de los cajones.
Tuck tuck tuck, la puerta estaba siendo golpeada.
—¿Deberíamos abrir? —Inquirió Oxana.
—¡Denme un segundo! —Vocifero Mike.
—Es la propia protección civil, no creo que estén simplemente para…
El análisis de la situación de Oxana es interrumpido al oírse que la puerta empieza a ser pateada.
Callarse era malo.
Gritar era peor.
—Voy abrir la puerta, si siguen así la van a tirar. —Dijo Jorge.
Al abrir la puerta, protección civil embiste con fuerza brutal, golpeando a Jorge que cae al suelo mientras se tapa el rostro, Oxana intenta rendirse, levantando las manos y arrodillándose antes de recibir un porrazo eléctrico en la cien.
Seguíamos Mike y yo.
Eran demasiados y creía que resistirme podía resultar perjudicial para mí y para los demás.
«¡Tzzh!» fue el último sonido que escuche, acompañado de un zumbido que no cesaba mientras la corriente se movía por todo mi cuerpo y mis oídos solo oían un prolongado pitido.
Perdí el control de mis extremidades y caí inconsciente.