Ruido indescifrable…
Silencio…
Me arrastran.
Sonidos nuevamente.
Imágenes borrosas.
Una docena de ellos en la entrada del departamento.
Dos transportes.
Los tres subidos a uno.
Yo fui subido a otro con dos tripulantes de protección civil.
—¿LAS MASCARAS PROTEGEN DEL CONTAGIO?
—SUPONGO…
—¿ÉL ESTA ENFERMO?
—NEGATIVO.
—ENTONCES… ¿CUÁL ES EL MOTIVO DEL TRASLADO?
No llegue a oír lo último.
Pero tenía la sospecha de que me llevarían a Nova Prospekt o a otro sitio similar, me harían lo que sea que les hacen a los míos, que sea lo que fuese, estaba a punto de averiguarlo.
Por primera vez, sentí el miedo dominar mis acciones.
Teniendo casi la certeza de que Mike, Oxana y Jorge no estaban conmigo, me hacía saber que no importaba lo que yo hiciera, aunque fuera un pensamiento egoísta para los que aún no estaban listos, yo no estaría seguro de tener otra oportunidad para resistirme.
—DE PIE.
Me despierto recibiendo el tacto de un suelo helado en un lugar claroscuro.
—TOME ASIENTO.
No…
—NO ME DIFICULTE EL TRABAJO, TOME ASIENTO, BICHO.
Esta vez no seré obediente…
«¡Tzh!» Esa porra eléctrica se encendió otra vez.
Yo llevaba puestos mis grilletes desde Xen, estos son un poco distintos. Pero en realidad, ninguno de los dos fueron pesados, pese a que estos directamente me restrinjan la energía de mi cuerpo en su totalidad.
Recibo un porrazo.
Aprieto mis extremidades, no me rendiría ante una débil fuente de electricidad portátil.
Avance de frente.
Primero por la izquierda, luego por la derecha.
Mis zarpas sienten su carne.
—¡EL NO-CIUDADANO…!
Silencio sus palabras temblorosas con mis golpes, cada corte me ensuciaba.
Ahora él estaba en el suelo y yo estaba encima de él, todo ocurrió demasiado rápido.
Se sentía bien perder el control, que la ira fluya por mis garras.
Salió un largo pitido de su radio y se reportó su muerte.
Había una barrera sólida, ahora no podía atravesarlas.
Mis brazaletes tienen una ligera luz en rojo, me habían revocado mi autorización.
Pero no me encerrarían con tanta sencillez, seguí el cable, la avanzada tecnología contrastada con la primitiva fuente de alimentación.
Tiré de lo que llamaban «enchufe», di un paso en frente y vi a mi alrededor.
No había marcha atrás. Era momento de actuar.
Empecé a correr por los pasillos.
En las distintas celdas había más sillas cubiertas de sangre seca, no parece ser un interrogatorio, pero no creo que su fin sea solo la muerte de los míos y los civiles o…
Algo peor…
Veo por las ventanas muy a lo alto de los muros y veo que aparentemente sigo en ciudad diez.
Abro las puertas con dificultad, siempre dejaba a los otros que abran por mí.
Encuentro a alguien más de protección civil, intento huir para el otro lado.
Avanzo, pero me acorralan.
Esta vez sería más difícil.
Escucho que el que tengo atrás enciende la porra.
Al de adelante lo golpeo y le hago soltar su arma.
Lo agarro de los brazos, lo doy vuelta, bloqueo el golpe del de atrás usando el torso de su compañero, cuando se choca la porra en su hombro siento la corriente a la par que veo como se retuercen sus piernas.
Dejo caer el cuerpo y me encargo del segundo.
Esta vez no pierdo el tiempo, sé dónde golpear, debajo de la máscara; En su cuello. Golpes punzantes hasta que deje de moverse.
El lugar tendría más gente de protección civil, pero no tenía intenciones de encargarme de cada uno de ellos, debía encontrar a los demás, eso era prioritario.
Pero, ¿Por qué estaba tan vació este sitio?