Teníamos suerte de que Jorge portaba una linterna que se agarraba a su abrigo y que yo pudiera generar mí propia fuente de luz.
—En las alcantarillas no debe de haber ningún alma, como mucho veremos nidos de ratas.
De pronto, una lengua atrapa a Jorge y empieza a levantarlo dos metros de altura, pero él con una sola mano utiliza su subfusil sin seguro para disparar al bernacle y logra liberarse.
Cae solo apoyando sobre un solo pie con lo que termina chocándose contra el suelo.
—No te preocupes, estoy bien. —Se levanta mostrándose y sonando adolorido—. Te juro que no lo vi.
—Jorge deberá tomarse un descanso si es necesario.
—No hace falta. Ahora no me duelen tanto las rodillas, pero ya vas a ver mañana, bueno, tú no, yo sí lo notare.
Tambaleándose levanto su escopeta que se le había caído al ser agarrado.
Más adelante encontramos, con la peculiaridad de que todos estaban muertos, a unos combines vestidos de blanco y negro, con un tanque de gas en la espalda, acompañados de algunos houndeyes carcomidos.
—Nunca los había visto, es difícil distinguir si son recientes o viejos, tal vez exploraron estos sitios antes de que todo esto empiece, si estuviera Oxana sabría sí… Olvídalo… No quiero que me digas si está viva o muerta, solo sé que no esta contigo.
»Por otra parte, tal vez este era el propósito de los houndeye, acompañar a estos… “exploradores” en estos sitios, ¿Sentirán miedo? No me mal interpretes Faraday, sigo creyendo que no tienen nada de humanos.
Un rugido de una bestia se hizo escuchar.
Procedimos avanzar con cautela, un foco parpadeante generaba sombra de dicha bestia cuya silueta era un animal con una larga cola, dos patas y varios tentáculos en su boca.
Nos posicionamos en ambos extremos del alcantarillado junto a Jorge y procedimos abatir a la bestia, la cual brinco de sorpresa pero no hizo nada más antes de morir.
—Yo… Nunca vi esto en mi vida.
—Yo sí lo he visto en Xen, son de las especies salvajes más peligrosas, no me sorprende que lograsen adaptarse aquí.
Caminamos por un sitio con múltiples y estrechos corredores con agua que nos llegaba hasta los tobillos.
—Entre los rebeldes se rumorea mucho el tema de XEN, es una locura todo lo que se habla de ellos, ¿Cómo es ese planeta?
—No es un planeta exactamente.
—¿Cómo qué no?
—Xen, es el mundo fronterizo, mezclado con ecosistemas de todo lo que esté a su alcance, nadie es nativo de ese lugar.
—Supongo que hay que verlo para entenderlo.
—Los mundos son más grandes de lo que uno puede ver, la galaxia es un sitio todavía más desconocido de lo que uno puede pensar.
—Caray, si lo pones así, hasta me puede llegar a dar un dolor de cabeza terrible.
—Los míos han demostrado que el conocimiento es un precio a pagar, te altera, te cambia y… Poniéndolo en las palabras de el Jorge; Puede dar dolores de cabeza.
Jorge se ríe mientras levanta sus pómulos y entrecierra sus ojos.
—Supongo que en eso sí coincidimos.
Sin darnos cuenta un ruido de salpicadura se hace presente al lado de Jorge, el cual logra abatir con su SMG quedándose sin balas en el proceso.
Salimos corriendo de ese laberinto mientras los bullsquids nos perseguían hasta un sitio de las alcantarillas donde estaba repleto de contenedores, posiblemente donde albergaban los químicos para limpiar este lugar o como sea que funcionen las cloacas en la tierra.
A Jorge se le complicaba recargar la escopeta. Yo usaba mi poder, las bestias pese al lugar claustrofóbico se movían con gracia como si fuera su hogar.
Hago suficiente tiempo y matamos a los tres que intentaban escupirnos acido.
—Uff, ¡Son muchos! —Grito Jorge en desesperación.
Otros cinco venían por adelante, no nos habíamos dado cuenta que estábamos cada vez más adentro algún nido.
Un bullsquid logra acercarse a Jorge y lo ataca con su cola, lanzándolo a más de tres metros de distancias y haciéndolo chocar contra un par de barriles.
Use mi energía para electrocutar a los cinco a la vez, pero no parecía ser tan efectivo como concentrarme en abatir uno por uno.
Dos de ellos cargaron contra mí pero los aparte con un estallido a mi alrededor.
Jorge se arrastro hacía su escopeta y a sus cargadores que se habían caído en distintos lugares.
Pise la cola del más pequeño de las crías mientras desgarraba sus ojos.
Jorge dispara estando boca arriba en el suelo.
Solo quedaba uno, pero este llego a escupir acido en el pecho de Jorge, escuche el sonido efervescente mientras priorizaba en acabar con el problema antes de socorrer a Jorge.
Un último rayo termina de matar a lo último que quedaba de esa manada de bullsquids.
Fui corriendo hacía Jorge e intente cauterizar las heridas, aunque no tuviera la experiencia de curar como si la tenía de dañar.
Lo único que sabía es que no perdería a un compañero más.
Jorge me agarro del antebrazo mientras apretaba los dientes de dolor.
—Estarás bien, es un remiendo temporal.
—Fa… Raday… ¿Hay algo… Qué no sepas hacer? —Sonrío lentamente, un signo de estar aliviándose.
Tardo en ponerse de pie, pero poco a poco recupero el aire y el pudo seguir el ritmo.
Podía ver baldes de metal con rastros de comida, teorizamos que alguien los estaba dando de comer, ¿Pero quién?
Tire abajo una puerta que daba paso a un amplio lugar redondo con mesas y armarios en una especie de pasarela de acero que también era redonda funcionando como un balón y estaba agarrada a la pared pero que hacía falta subir unas escaleras para llegar.
—Busca por allí, yo buscare por acá. —Ordeno Jorge mientras tosía por el polvo que había en el lugar.
Todo parecía no tener ningún valor, los contenedores que tenían símbolos de explosivos o de cargamento peligrosos estaban lleno de basura.
Jorge Se levanto lentamente mientras me miraba de reojo con una sonrisa fruncida.