Avance junto a Jorge, dimos con un grupo que había recibido órdenes desde una radio para dirigirse hacia la sede principal de estación de trenes. Nos relataron como la ciudad era un desastre para desplazarse, así que nos dieron auriculares con micrófonos para hablar entre nosotros. Contaba con tres modos; uno para mandar un mensaje a la base Augurio o contactarnos con cualquiera que estuviera más cerca de nuestra ubicación. El último servía para tener fijado una comunicación con una persona en particular.
Mientras dividíamos en tres grupos para flanquear, intente sintonizar el aparato que me habían dado para que funcione puntualmente con el comunicador de Jorge.
Fue en ese momento que donde solía oírse la voz de vigilancia combine, se hizo escuchar lo que era las palabras de un hombre hablando con un acento regional marcado.
«Escuchen, todos, los combines han venido ayudarnos, un brote desconocido para la humanidad ha sido encontrado en este lugar, ¿Y nosotros respondemos con miedo? Es un llamado que tenemos… ¡Teníamos que contestar con calma y tranquilidad!»
El mensaje se volvía a repetir luego de un rato, aparentemente una grabación, la cual pocos dieron importancia.
Nos posicionamos sin hacer ruido por un atajo rebelde para estar a corto alcance contra unos francotiradores en ambos extremos de la pequeña estación, nosotros fuimos por los tres carriles. En cuanto dieron la orden, matamos a los snipers y a los que los demás combines que protegían sus espaldas.
Jorge intentó llevarse un rifle francotirador, pero era demasiado para él.
—Si andan tomando control de varias líneas de tren es porque llevarse a los prisioneros debe ser de vital importancia. —Opinó uno de los tantos rebeldes.
—¿Alguien más ha vuelto a oír la vigilancia combine?
—La última vez que escuche un comunicado fue cuando atacaron a la base Augurio, nada más. Ahora se oye… «él», quién quiera que sea.
«No es tarde hermanos míos, no es tarde para dejar las armas, para rendiros y ser reubicados a un lugar más seguro, hay más de diez ciudades en las que podemos vivir en paz, cumplir lo que… ¡Hacer! lo que nos hace bien sin molestar a nuestros benefactores. Solo habrán tiempos mejores si no luchamos por ello.»
—¡Es esa voz de vuelta! —Exclamó un rebelde.
—¿Es una broma verdad? —Preguntó retóricamente Jorge—. ¿Lo habían oído antes? Es el loco de Dimitry, se la pasa defendiendo a los combines y pidiéndonos que dejemos las armas ahora que hemos logrado repelerlos a gran escala por primera vez en años. Bueno, ahora parece que encontró otro método de comunicación más amplio y no tan de nicho, como lo eran los carteles que ponía.
—¿Y cómo diablos está hablando por la vigilancia combine? —Pregunta uno de la resistencia.
—Algo como mínimo debe saber hacer por lo menos. También es el que ha puesto cajas bomba en la ciudad, tengan cuidado con la caja de suministros que abren, si tienen un aparato azul es para explotarlo en forma automática, en ciudad diez no usan localizadores, no sean bobos y no caigan en trampas caza bobos.
Llegamos a la estación de trenes, entendimos porque no era de uso público incluso cuando todavía controlaban la ciudad. Era extraña a la vista, estaban las vías originales que se agarraban con fuera por andamios combine, mientras por debajo había un enorme hueco que daba vista a los trenes subterráneos. Algunos trenes eran puestos fuera de circulación por vías por encima de las principales.
Era un infierno industrial combinada con arquitectura de cuando la humanidad había descubierto este medio de transporte, tanto antigua como mutada. Pero no había tiempo para analizar esos detalles en ese momento, pues los combines nos dieron la bienvenida con una balacera, la cual estábamos listos para responder.
—CONTACTO VISUAL CONFIRMADO CON EL NO-CIUDADANO PRINCIPAL, CUSTODIADO Y ENTRANDO EN PUNTO DE EXTRACIÓN.
Esprinté cerca de las paredes y demás cobertura mientras esquivaba las balas, ataque a distancia mientras el grupo de rebeldes tomaba posición gracias a que iba al frente.
El sitio estaba repleto de protección civil, con tan solo un puñado de soldados en este lugar, con lo cual, fue extremadamente fácil derribar a cada uno de ellos.
Pase por una de las subidas para llegar al otro lado de la estación, en ese puente un cinco de ellos armados con distintas armas intentaron abatirme infructuosamente, mientras yo liberaba una explosión de vortessencia, la cual mandó a volar a todo el que estuviera cerca, algunos cayendo de gran altura a las vías del tren inferior.
Uno de ellos intento levantarse, me acerqué y lo abatí con mis propias manos, como todo esto había empezado, de cerca y personal.
La victoria parecía ser aplastante, hasta que nos dimos cuenta que estaban echándose para atrás, no querían repelernos, como si supieran que no tenían oportunidad, estaban protegiendo algo.
—¡Está partiendo! ¡Se va! —Gritó un rebelde—. ¡El último tren con los retenidos por la cuarentena!
—¡Nooo! —Aulló Jorge mientras inútilmente vaciaba el cargador de su subfusil mientras corría para acercarse al vagón conductor.
Obviamente sus intentos por detener el tren fueron en vano, mientras esté se marchaba de la estación con cada vez mayor velocidad. Uno de los rebeldes se agarró la cabeza de la frustración;
—¡No pudimos salvar a ninguno! ¡Ninguno!
—¡Calma! —Ordeno Jorge—. ¿A dónde se dirige?
—No lo sé, yo creo...
Jorge se apartó de ese rebelde e hizo esa misma pregunta a los demás.
—¡¿A dónde se dirige ese tren?!
—Posiblemente... —Suspiro un rebelde con desgano—. Posiblemente a Ciudad Tres o Ciudad Diecisiete, ya es muy tarde.
Nadie quiso hablar de este amargo fracaso, revisamos de que no hubiera combines y así se hizo, por lo menos habíamos logrado con la misión de Ross. Ahora tocaba intentar reparar un tren para utilizar una línea de trenes que había estado inactiva desde que los combines.