Halia

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-¿Qué pasó aquí?
Dijo en un susurro pero exaltada y cierro la puerta rápidamente.

Andrea se encuentra sin falda y con un short demasiado corto y gris que le deja ver casi lo que desees ver de su parte inferior y una blusa rosa holgada sin bra que deja ver sus pechos.
Pero eso no es lo que más me asombra, me asombra ver nuestra habitación echa un desastre, sus cosas y las mías están tiradas por todo el piso, las camas están movidas y los zapatos están perdidos.

Andrea no me pone atención y sigue sacando ropa de mi buró.

-Andrea tienes que decirme qué pasa.
Dije seriamente.

Si hay algo que me moleste demasiado, es que agarren mis cosas sin permiso.

Andrea termina de vaciar mi cajón donde tengo mi ropa interior y me mira.

-Te diré Hal, pero tienes que ayudarme a encontrarlo. Se pone de pie entre tanta ropa y se sienta en un pedazo de colchón que está en el piso.

-Claro, pero no hagas todo esto.

-Siéntate Halia -Que me diga mi nombre completo me pone en alerta, ya que casi no me dice así, al menos que sea algo serio, así que tomo asiento frente a ella y encima de la montaña de ropa, ella suspira y se acomoda la blusa-He perdido a mi novio.

Mi cara se es de total confusión.

-Sí Hal, lo que escuchaste.
Suspira y rueda los ojos al ver que yo sigo procesando la información.

-¿Cómo que tu novio? Aquí no entran chicos, ¡y no cabría en mi cajón!
Digo bastante confundida.

Vuelve a suspirar.

-Primero -levanta su dedo índice- sí pueden entrar chicos, que no te enteres es otra cosa, segundo -levanta su dedo anular- así le llamo a mi juguete sexual.

-Oh.
Es todo lo que sale de mí, después de que me rio un poco.

-¿De qué te ríes? Es cosa seria.
Pregunta poniendo una mano en su costado.

-Claro, claro.
Río por la tontería que dijo.

Ella sigue muy seria así que detengo mis risas.

-Mira Hal, mi juguete no está y eso no es normal, siempre lo tengo abajo de mi cama en una caja, lo uso cuando no estás-hago una mueca ante esa información- no importa que te incomode, el punto es que no está y lo más seguro es que alguien se lo llevó y si fue una enfermera o Beatriz, estoy muerta.
Finaliza.

Y aquí es cuando caigo en cuenta.
Si alguien de las enfermeras o Beatriz la enfermera más importante se llega a dar cuenta, podrían hasta correrla, aquí es un taboo eso, tanto que hasta los chicos tienen prohibidos, aunque con la información que me acaba de dar Andrea, me doy cuenta que se les escapan algunas cosas.
Independientemente de si se les escapan las cosas, tenemos que encontrar su juguete ya.

Pienso claro y me doy cuenta que para la cena falta como una hora todavía, la veo directo a los ojos y le narro mi idea.

 

Dos horas pasaron , volvimos a acomodar todo en su lugar, cenamos y una enfermera vino a traernos los medicamentos.
Nos los tomamos yo un poco con resentimiento porque me siguen trayendo medicamentos extras después de que alguien se diera cuenta de mi ataque, aún así lo tomo.

Se apagan las luces del pasillo y es cuando comienza nuestro plan. Nos ponemos nuestras batas de noche y una gabardina, aunque no es época de nueve aún, hace mucho frío por los pasillos.
Nuestro plan es ir a la oficina de la enfermera Beatriz y buscar su juguete ahí, yo esperaré a fuera y ella entrará a buscar, simple.
El problema aquí es esperar a que Beatriz de su recorrido nocturno y se aleje de su oficina hacia el otro edificio que es de los chicos.

Estuvimos encerradas en un salón con una adrenalina fuerte y una sensación de orinar que nos hacía dar pequeños bailecitos.
Y justo pasó, Beatriz salió de la oficina y empezó su camino por el largo pasillo, estuvimos esperando hasta que escuchamos cerrarse una puerta de fierro bastante pesada, haciendo eco por todo el pasillo y es cuando salimos del salón y caminamos hacia su oficina que está a dos salones más adelante.
Cuando Andrea abrió la puerta, se sintió un aire frío, quizá más que aquí afuera, pero ella ignoró eso y entró.

Nuestra señal era que si veía a Beatriz tocaría la puerta para que ella saliera o se escondiera.
Estuve esperando impacientemente sintiendo los segundos como horas. A pesar de ello todo estaba tranquilo hasta que escuché pisadas a lo lejos.
Mi respiración se aceleró, mis manos sudaron y mi mente se quedó en shock, sentí que fueron horas pero fueron segundo así hasta que pensé en tocar la puerta pero eso atraería la atención, así que lo que hice fue caminar hacia donde se había ido Beatriz. Agradecía que el piso aquí no es de madera chirriante.

Di la vuelta a un pasillo bastante oscuro donde normalmente no viene nadie más que el personal de aquí.
Cuando escucho los pasos mas cerca mío, abro la primera puerta que me encuentro mientras intento controlar mi respiración loca.
Cuando escucho pasos alejarse, me tranquilizo un poco, así que empiezo a tantear para agarrar la puerta y siento como toco algo pegajoso, lo huelo y no tiene olor perceptible.
Así que camino en la oscuridad tratando de encontrar algo con qué limpiarme porque me da asco.
Siento algo de papel en el piso junto a una pared que contrabajos veo ya que la luz de una rendija me llama la atención. Me limpio las manos en el papel y siento que no me lo limpia por completo pero cuando toco la rejilla siento una ola de calor salir de ahí y no solo eso, se escuchan quejidos eso me hace que toque la rejilla para sentir su ancho y me doy cuenta que es más grande de lo que se ve, así que muevo lo que estorba que al parecer es una pila de periódicos y abro la rejilla que está de tamaño de una puerta chica.

 

 

 

 

 

 




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