Halia

XXI

Las clases seguían igual aunque ya se mencionaban las vacaciones del verano, todas se veían felices, pero yo, sonreía tratando de disimular el dolor de mis heridas, cuando Hassan se fue de mi habitación, me revisé, las heridas de mi espalda efectivamente formaban una cruz mal hecha, roja e hinchada que no parecía querer sanar, mi cuchillo favorito no estaba, solo había dos en el baño, los cuales no me he quitado ni un solo momento.

Si las cosas ya eran raras para mí, comencé a tener sueños sobre sacrificios de personas y algún tipo de ritual que no alcazaba a entender porque se cortaba el sueño, mis sesiones con Prakash eran las únicas que hacían más vívidas las alucinaciones que para este momento comienzo a dudar que eso sean. Y es por lo que he estado inventando cosas en cada una de las sesiones, tratando de que todo tenga cierto sentido y sincronía aunque se veía que no me creía del todo, tomaba notas en su computadora sin decirme nada.

Andrea me insistía en que terminara su pintura de su personaje favorito pero por más que intenté estar en el patio central como solía hacerlo, sentía la mirada de alguien sobre mí.

Los efectos secundarios de no tomar medicamentos, me hacían sentirme mal, dolores y pulsaciones en ella, eran el pan de cada día, mareos y náuseas también hacían compañía pero nada me detenía para seguir hipervigilante.

Las clases acabaron y por fin me dirigía a mi habitación, cuando Mónica me alcanzó en los pasillos y me detuvo.

-Halia, me dijeron que te diera esta nota.

Simplemente tomó mi mano, puso la nota y se fue sin decir más, mi ceño se frunce y me giro a seguir por donde venía, mi mente haciendo una lista de cosas que no comprendía, llegué y entré sintiendo el calor de ésta invadiéndome, últimamente un olor a ácido llegaba en olas, lo ignoraba. Me recosté sobre mi cama viendo el techo de madera ya viejo, mis manos están heladas y mi respiración está rápida que en momentos siento que me falta el aire.

Recuerdo el papel que me dio Mónica y lo desdoblo.

Ven a verme en dónde nos encontramos la última vez, asesina.

                                                                                       -Dylan

Mi estómago se contrajo al recordar su mirada y cara con morados en ella, pero el coraje llegó a mí, ¿por qué fue tan descarado con la nota? ¿Qué quiere de mí?

Me preparé para salir después de ir a terapia con Prakash, mis dos cuchillos están acomodados en mis muslos, sentir los pequeños roces de las puntas me hacen sentir segura, solo que esta vez tengo mi viejo cuchillo oxidado, atado a mi brazo y cubierto con mi camisa de manga larga.

Aceleré mis pasos cuando sentí que alguien  se escuchaba a lo lejos, recordaba el camino para ir a la otra ala del edificio pero recorrerlo sola y saber a quién veré, me daba ese coraje y nervios, una parte de mí quería saber lo que le pasó, ¿sería Hassan quién lo ayudaría? Es que no había explicación para su presencia, yo lo hacía muerto y escondido por Hassan, ¿por qué fingió todo este tiempo odio hacia Dylan si él fue quien lo ayudó? Un trago amargo fue el que di mientras comenzaba a entrar por el pasillo aluzado por velas y veo la figura de Dylan recargado en la pared, su sola sombra se ve imponente, moví mi mano derecha para sentir mi cuchillo ahí, listo para cualquier cosa.

-Te tardaste.

Su voz sonaba a que hacía tiempo que no la usaba.

-Solo dime qué diablos quieres y por qué eres tan descarado para mandarme una nota así con una compañera, esto es entre nosotros.

-Aww tenemos algo juntos- fingió la voz- ¿Te da miedo que sepan lo que haces, asesina?

-¡Ya deja de llamarme así¡

Grité sin más, mi respiración se aceleró, caminé más cerca de él y la claridad me dejó verlo mejor, se veía mejor de lo que estaba la última vez que lo vi, su cabello está peinado hacia un lado, su cara de nuevo se ve sin marcas solo ojeras oscuras enmarcan sus ojos.

Rió descaradamente.

-Aww la asesina se molesta por decir la verdad.

Rodó los ojos.

-Yo no...

Me cortó de la nada.

-Callate y dame el Dolch.

Su voz era demandante, me enderecé y crucé mis manos sintiendo mi cuchillo.

-Aunque saques tus malditos cuchillos no me harás nada como la última vez, Fleischer.

Eso me tomó por sorpresa por completo, me quedé muda ¿Cómo sabía mi apellido?

-Veo que te comieron la lengua, asesina, así que así de calladita, dame el Dolch sino quieres que le haga daño a Hassan.

Mi ceño se frunce. Y analizo su rostro parece hablar con la verdad, mis hipótesis se fueron al carajo, al menos por ahora.

Sentí como jalaron de mí hacia atrás en la oscuridad, las velas se apagaron dejándome en completa oscuridad, como pude me puse de pie a pesar de sentir cerca los golpes, no había palabras, solo golpe tras golpe, sentí cómo me empujaron, rápidamente saqué mi cuchillo y forcé mis ojos a ver, solo veía dos sombras, una más grande que la otra, mi cerebro intentaba procesar si la persona que vino estaba de mí parte, después de seguir sintiendo cómo era empujada, uno de esos empujones me hizo sentir la puerta de salida, la empujo y cuando intento observar hacia dentro, se dejan de escuchar golpes, corro hacia mi habitación ya sin importarme si me escuchan o no, algo malo está pasando y ya me harté de ser la única que no lo sabe. Tengo que leer ese libro que he estado evitando leer por el contenido que parece tener, es momento de saberlo todo.

Cuando abrí la puerta de mi habitación ahí estaba él, Hassan con una mirada seria y con la nota que me había dado Mónica en la mano.

 

 

 

 

 

 

 




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