Hoy es miércoles 31 de agosto. Estoy dentro de un taxi. Este fin de semana, entre mamá y yo estuvimos dándole mantenimiento a las máquinas y limpiando los aparadores. Por todo lo que se nos había juntado de pendientes, fue hasta hoy que pude emprender mi búsqueda. Sin tener opción, esta misma mañana le mentí a ella, diciéndole que iría a hacer un trabajo escolar y que regresaría por la tarde noche, y me lo creyó. Mamá sabe que, pese a que soy muy joven, soy muy madura y responsable. En este caso, por estar enamorada, ando incurriendo a mentiras y haciendo cosas incorrectas, pero lo vale, yo quiero volver a ver a mi chico lindo.
Reviso la aplicación, cada vez falta menos para llegar donde indica la página de la empresa. Cada vez me acercaba a J.L.L. Saqué sus hojas y las tantee. Tocaba las mismas hojas que él, enseguida estructuré que debería de hacer cuando llegara; a quien me atendiera, le preguntaría por él. Sí eso sería lo ideal. Tras sentirme conforme por cómo iban las cosas, suspiré. Y el chofer, un hombre de la tercera edad, a más de la mitad del camino, me miró bien por el retrovisor. Al ver mis ojos, me sacó tema de ellos, y al explicarle que era por parte de mi papá, que era alemán, me contó de uno que conoció cuando joven, y en eso se fue el tiempo. Para cuando me percaté, ya estábamos en el lugar. Era una privada.
Al no haber nadie que nos atendiera en el portón de la calle, le agradecí al chofer y terminamos el viaje en la aplicación. Yo esperé un ratito ahí, y cuando unas señoras entraron a la privada, les pedí que me permitieran pasar también. Les dije que iba a la empresa BIA, y ellas afirmaron con la cabeza. «Es hasta el fondo», me dijo una de ellas. Y al cruzar, les agradecí y seguí mi camino. Ellas no pensaron algo malo de mí, no dudaron en dejarme entrar, seguro me vieron muy inocente como para ser una ladrona. :v
Pero bueno, llegué al final de la privada y me topé con un portón de barrotes negros. Revisé la ubicación y me asomé. Del lado izquierdo había una casa particular de dos pisos con un pequeño jardín delantero, y del lado derecho, un edificio de tres pisos. Y por en medio, un camino vehicular de cemento que daba hasta el fondo, a una pared ladrillos rojos, y de ahí, el camino continuaba a ambos lados. Me acerqué al buzón del edificio, ahí estaba el timbre con una leyenda, puesta en mayúsculas, decía: «BIA-ROOM». Este era el lugar indicado.
Toqué un par de veces y esperé. Luego toqué otras tres veces más y nada pasó. Llamé al número que venía en la página y una contestadora me atendió. Al no saber cómo pedirle la información que necesitaba, colgué. Mejor me acerqué a revisar si la casa también tenía timbre. Seguramente conocían a los de la empresa y podrían darme informes.
Toqué y esperé. Dejé pasar unos dos minutos y de nuevo toqué. No me iba a ir tan fácil de aquel lugar, no después de haberle mentido a mi mamá y haberme escapado de un día laboral. Poco antes de tocar por tercera vez, una persona salió de la casa. Era un muchacho delgado, de cabello castaño y rizado. Llevaba una sudadera blanca y pantalones de mezclilla azul. Se quedó parado al final del jardín, e intentó distinguir quien era yo.
—¡Buenas tardes! —gritó, colocándose una mano por encima de los ojos para hacerse sombra, al parecer estaba deslumbrado por la luz del sol.
—¡Hola, buenas tardes! ¡Vine a BIA a buscar a alguien, pero nadie responde! ¿¡Sabrá a qué hora abren!?
Él se quedó pensativo, miró el edificio y luego a mí, y todavía en voz alta, me respondió.
—¡La sesión de hoy se pospuso, me parece que hasta pasado mañana la continuaran! ¿¡Eres parte del grupo!?
—¡No!
—Ah. ¡Si ya tienes pase, ven el viernes, o si no, comunícate con alguno del grupo, para que te anoten! ¡Si no, no podrás entrar a la sala!
«¿Venir con un grupo? ¿un pase? ¿De qué me está hablando?», me pregunté.
—¡No, yo no busco a nadie de ningún grupo! ¡Yo estoy buscando a alguien que trabaja en BIA! o bueno, eso creo.
El muchacho se metió las manos en las bolsas del pantalón, parecía no estar de ánimos para atenderme, por eso, seguí hablando.
—¡Iba a venir a tomar unas fotos para la página! —le expliqué así como se me vino a la mente.
Y de un breve silencio, se acercó hasta el portón. Y ahí pude verlo mejor. De inocentes ojos cafés y labios bonitos, más alto que mi chico lindo, pero no tan guapo como él. Parecía que se había desvelado, ya que sus ojos estaban hinchados y se le acentuaban un poco las ojeras.
—¿Alguien iba a venir a tomar fotos? —me preguntó dudoso.
—Sí, o sea, él iba a venir en estos días para tomarle fotos a unos instrumentos musicales y subirlas a la página de BIA.
Y no parecía convencido de lo que le decía.
—¿Cómo se llama? —me preguntó, ahora con desconfianza.
—A pues…, e-es que no sé.
Y nos quedamos callados, él parecía incomodo con mis respuestas.
—Pero sí sé cómo es. Es alto, más o menos así como tú. Es güerito y fortachón. De ojos claritos como la miel.
Y de solo acordarme de él, mi respiración se entrecortó. Tuve que sacar mi inhalador del bolsillo.
—Disculpa —le dije, por haberme tomado un minuto para administrarme mi medicamento.
—Descuida —me respondió agitando una mano—. ¿Y él le dijo que trabajaba en BIA?
—No, no como tal, es que habló con alguien por teléfono y dijo que vendría a tomar fotos. Aquí.
Él puso una cara de sospecha y arqueó un poco los labios. No le convencía, y se entiende, en estos días ya no puedes andar dando información privada a cualquiera.
Y saqué las copias.
—Es que lo estoy buscando para devolverle esto. —y se las entregué.
Las revisó una por una, entreteniéndose con la información que venía en las hojas.
—Me parece que su nombre viene abreviado hasta enfrente.
—Sí, son de él —afirmó sin ver la primera página, luego las dobló todas en conjunto por la mitad—. Puedes dejármelas, yo se las entregaré personalmente para que no estés esperando. Te agradezco que las hayas traído. No cualquiera devuelve algo así. Muchas gracias.
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Editado: 15.06.2026