El cielo estaba nublado como cualquier otro día, eso era normal en este pueblo; habría sido raro si no fuera así.
Baje las escaleras hacia la cocina en busca de un plato de avena. Al pasar por la sala vi a papa que estaba en el sofá, dormido con la tele encendida y con varias botellas de alcohol en el suelo. Fui a la cocina y mama estaba en la computadora trabajando (es escritora de una revista) por lo que solo pase a su lado, abrí el refrigerador y tome la avena que había guardado en el día anterior.
-Recuerda inyectarte la insulina antes de comer – dijo ella sin despegar la vista de la computadora
- Si mama.
Dejo la avena en la mesa, al salir de la cocina subo las escaleras con cuidado de no pisar los escalones que chillan para no despertar a mi padre. Al llegar a la planta alta, intento pasar de largo hasta el baño, pero mis ojos se detuvieron en una de las habitaciones, freno mi ritmo y veo que era la habitación de mi hermana, Gretel, hace tiempo la habíamos perdido, desde entonces siempre que veo esta habitación vuelvo otra vez a ese día. El choque de con el camión, mi hermana usando su cuerpo para protegerme y después nada.
Sigo mi camino hacia el baño, entro, me subo sobre la tapa del retrete, abro la estantería, tomo el frasco con insulina y me lo inyecto en la pierna. Duele, pero la aguja arde en mi pierna lo que hace presione mis dientes entre sí, al terminar de vaciar la inyectadora me la saco de la pierna, odio esa parte.
Vuelvo a la planta baja repitiendo los mismos movimientos, pero esta vez mis ojos siguieron su curso hacia delante. Papa ya ha salido de su siesta, estoy seguro de que se fue a cambiar para trabajar, pero no creo que vaya a lograr conducir en ese estado, entro en la cocina y me siento a saborear mi plato de avena.
-Mama.
-Que sucede mi cielo?
-Papa volvió a quedarse tomando toda la noche ¿podrías llevarlo al trabajo por...por favor?
Mi madre cierra su computadora, se lleva las manos al rostro, suspira fuertemente y me acaricia la cabeza, desordenándome el pelo.
-Por supuesto mi cielo – me dice eso, al igual que me da un beso en la mejilla.
Mama siempre trata de mantener la calma cuando está conmigo, aunque el trabajo la agobia, trato de comportarme lo mejor que puedo para no estresarla tanto, pero no creo que papa piense igual ya que ellos 2 pelean casi a diario; Termino de comer la avena para ponerla en el lavaplatos.
Subo las escaleras y camino en dirección hasta al baño, entro, me quito la ropa y me doy una ducha. Mama siempre se queja de que me ducho 5 veces al día porque “estoy desperdiciando mucha” lo que ella no sabe es que me ducho no por higiene sino porqué siento que me estoy quemando, un fuego que... calcina mi carne lentamente como...como si fuese cera derritiéndose, el agua enfría un poco esa sensación de ardor, pero cuando salgo del baño vuelve enseguida y con más intensidad ¿no sé cómo alguien puede soportarlo? Pero trato de no hacerle importancia mientras salgo envuelto en una toalla del baño.
Me quedo mirando mi reflejo, veo esa maldita cicatriz que me quedo después del accidente, 2 años y siempre trato de evitar mirarla, pero es casi imposible ya que me cubre desde la punta de la ceja hasta la parte inferior de la comisura izquierda y no solo es esa, sino que no me gusta ver las otras 2. Una bajo mi ojo derecho y otra en la mejilla.
-! Hansel vístete rápido, se te hace tarde para ir a la escuela!
- ¡Si mama!
Salgo del baño, corro hasta mi cuarto, entro y saco del armario mi camisa blanca, sudadera a blanco y negro, pantalón, tenis y tome mi mochila del suelo. Bajo a toda velocidad las escaleras, sali de la casa y me metí en la parte trasera del auto azabache de mi madre donde me esperaban mi madre y mi padre, el cual estaba un poco sobrio.
-Todo listo? - dijo mi madre.
-Si – Dije yo.
Espero que este dia no me vaya tan mal como el resto.
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Editado: 13.03.2026