Hansel y Rosaroja

Capitulo VIII: Cristales

Perspectiva de Rosaroja.

Dolor. Era en lo único en lo que podía pensar mientras mis manos ardían sin llama.

– ¡Rosa! ¿Qué sucede? — dijo Lumi mientras me alejaba de las llamas que comenzaban a consumir la reja de metal.

Pude ver como Hansel también era alejado por Jack. Hansel se tapaba la cara con ambas manos. Escuche algunos alaridos de dolor de su parte.

– Tenemos que alejarnos— Alcance a decirle a Lumi. Aunque es palabras salieron más bajas de lo que creía, pero estoy segura de que ella me escucho por lo que dijo:

– Rápido. Hay que ir al gimnasio que ustedes dicen antes de que alguien nos vea.

– Creo que eso será un poco...difícil — Señaló Jack — Miren hacia allá.

Lo hicimos y nos dimos cuenta de que algunos chicos venían en nuestra dirección.

– Tienen que irse ahora — Advirtió Jack.

Lumi y yo comenzamos a caminar. El dolor de mis manos se disipaba mientras nos alejábamos, roce la blanca pared a mi lado para comprobar si se había ido por completo, y así era.

Para mi mala suerte el dolor que sentía gracias a mis costillas rotas había vuelto peor que antes.

Tengo que aguantar. Vamos no seas débil.

Miro a mis alrededores, veo la cara de Lumi. Su expresión muestra cansancio combinado con ¿determinación? ¿quizás? No lo comprendo cómo alguien puede tener determinación después de ver a ese monstruo.

Logramos llegar hasta la ventana rota de antes; miro a través de esta: Veo las gradas vacías, las puertas cerradas, tres alfombras azules en el suelo y el equipo de entrenamiento guardado – Ok. Es seguro – afirmo yo – Ve tu primero y yo te sigo ¿ok? ---; La ventana apenas me llegaba hasta el vientre, pero tenía algunos vidrios filosos en el marco.

-- Vale --- dijo ella.

Lumi se deslizo cuidadosa entre los vidrios. Cuando paso las piernas una por una vi como uno de los vidrios rasgo su pierna izquierda que estaba descubierta. Soltó un gemido de dolor.

-- ¿Estas bien? --- dije yo.

-- Si. Tu tranquila --- dijo ella

Ella no retrocedió y logró entrar al gimnasio. Voltea a ver de que no hubiera nadie y levanto el pulgar en señal de aprobación.

Ahora es mi turno: Trato de pasar primero las piernas una por una; me apoyo en el marco de la ventana, siento como un dolor punzante en la mano izquierda, me muerdo la mejilla por dentro para evitar emitir ruido. Al finalmente entrar veo que era un cristal del tamaño de mi dedo índice incrustado en la palma de mi mano.

-- dios mío ¿estas bien? --- dijo ella tomando mi mano --- ¿te duele mucho?

-- ¿Es en serio tu pregunta?

-- Si. Perdón, es que estoy algo nerviosa.

Al oír sus palabras se me contrajo un poco el estómago.

Levanto mi mano derecha para calmarla – no, no. Perdóname tu, es solo que esto me está doliendo bastante.

– Ok. Cálmate Luisa --- se dijo ella a sí misma. Tomo mi mano que tenía el cristal y la examino – veo que esta clavado muy profundo. Tenemos que ir a la enfermería y tomar vendas o algo ¿sabes coser una herida?

-- Aunque no lo creas. No lo se. Dame un momento --- agarro el pedazo de cristal y lo comienzo a sacar. Aprieto mis dientes con más fuerza que antes.

-- ¿¡Qué haces!? --- grita Lumi.

Logro sacarme el cristal con éxito; El vidrio ensangrentado cae al suelo al igual que algunas gotas de mi sangre.

Veo como el color se le va del rostro a ella.

Con mi mano derecha arranco un trozo de mi camisa negra, la ato sobre mi herida y presiono

Iba a decirle algo, pero en ese momento casi salto del susto cuando las puertas del gimnasio comienzan a abrirse; Lumi y yo caminamos rápidamente hacia las gradas y nos escondimos debajo estas últimas.

Veo a través de los espacios de las gradas. Entro un chico. Era de cabello negro ligeramente peinado con algunos pelos sueltos. El camino hasta donde estaba el equipo de atletismo, tomo una diana de paja y la llevo hasta el final de una de las alfombras azules, toma un arco y flechas y comenzó a disparar: Un tiro en blanco, dos, tres, cuatro hasta que perdí la cuenta.

Recuerdo como yo pasaba las tardes en el orfanato: Persiguiendo a mi hermana entre el césped hasta llegar al gran árbol donde estaban pegados los dibujos de animales de ella; Eran incontables las veces que el viento se las llevaba, pero ella de todas maneras los recogía o hacia otros nuevos para pegarlos otra vez.

– Espera un momento ¿ese es Alejandro? --- susurra Lumi.

-- ¿quien? --- susurro yo.

– Es de mi salón, pero no sabía que venía a esta hora.

Alejandro. Es buen nombre, pero eso no es lo que más llama mi atención: La herida en mi mano seguía sangrando a través de la tela mientras yo trataba de pensar en algo que no fuese el dolor. “Tenemos que salir de aquí” pensé.

– Por allá. Mira --- señalo en dirección hasta la salida --- ese tal Alejandro está bastante concentrado en lo suyo como para vernos y las gradas nos ocultan. Vamos.

Lumi asintió.

Avanzamos hacia la salida, tratando de que nuestros pasos no hicieran ni el más mínimo ruido.

De repente, escucho como algo golpeo la pared detrás de nosotras, giro la cabeza y veo que era una flecha, que ahora yacía en suelo. “no puede ser” pensé.

Me fijo entre las gradas y veo como ese chico va caminando hasta la flecha.

Lumi y yo nos apresuramos a llegar hasta el final cuando escuchamos un llamado:

– ¡Ey, ustedes!

Nos detuvimos, damos media vuelta y nos vemos frente a frente los tres– ¿Quién? ¿nosotras? -- respondo con falsa incredulidad.

– Pues si ¿quién más? O ¿ven a alguien más aquí?... Espera un momento ¿Esa de allí, es de los desaparecidos? Luisa miranda ¿no? --- apunto a Lumi.

Vi como Lumi puso una sonrisa incomoda – ¿Hola?

Un silencio incomodo se forma entre nosotros por un momento.

Antes de que yo pudiera decir algo, las ventanas antes intactas se quiebran abruptamente detrás de Alejandro; él se cubre con los brazos mientras varios fragmentos de cristales le caen encima. Al mismo tiempo algunos llegan hasta nosotras y también nos cubrimos con los brazos.




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