Harper

La forma en cómo te deseo

Asier

—Estaba queriendo venir a la playa para las vacaciones de verano —dice Per alegremente, mientras se coloca los lentes para sol sobre el pelo.

Aprecié el verla vestida con unos shorts blancos, un sujetador verde magenta y su tapado playero algo translúcido que le daba un aspecto espectacular. Lo cual era bastante fresco para el calor que estaba haciendo; y eso que había ido al garaje de papá para tomar prestado por un rato su descapotable.

—Sonará tedioso preguntarlo otra vez, ¿Y tus gafas? —me dirige a Per.

Coloque el codo en el respaldo de la puerta mientras mantengo el brazo levantado y apoyo la cabeza en él, tratando de disipar las muchas dudas que tengo en la cabeza.                                                

—Quiero acostumbrarme a las lentillas… Sé que son un poco molestosas, pero son mejores a andar cargando los lentes sobre la cara, los cuales puedo romper en un momento… —paso a colocarse algo de maquillaje.

Supongo que tenía que acostumbrarme a esta nueva personalidad. Lo cual no me molestaba en absoluto, resaltando aún más lo guapa que ya era.

Guardando silencio, pisé un poco más el acelerador del descapotable de mi padre, para dejar que el viento agitara un poco nuestras cabezas.

Al cabo de un par de minutos, pare en la gasolinera para echar gasolina, bajándome un momento del coche para entrar en la tienda y comprar algunas chucherías y comer por el camino. Llevaba una dieta estricta, pero quería romper un poco la línea e ingerir muchas calorías.

Sali con las manos llenas y con una caja de chicles en la boca.

—¡Pero te has llevado casi toda la tienda!

—Si pudiera llevar más que esto, claro que sí…

Apreté con algo de fuerza para que nada se callera de mis manos y cloqué todo en la parte trasera del coche.

Apoyando los brazos un momento en la puerta trasera pasé a ver a Per por el retrovisor.

—Qué tal si conduces tú. —Le dije a Per, esbozando una media sonrisa. —Creo que ya tienes licencia… Ayer me sorprendió verte conduciendo mi coche.

Me adelanté de nuevo, moviendo un poco mi cabello, haciéndole señas a Per para que se moviera del asiento y ocupara el del conductor.

—Me vi obligada… —aludió tranquila, pasando de un solo impulso hasta el volante —Lo malo es que todavía no tengo mi coche, pero lo tendré pronto... Con las propinas y el sueldo del restaurante, más mi media jornada en la librería los fines de semana... ya he reunido dinero suficiente para comprarme uno… No es uno como los que conduce tu familia, pero es algo que me hace mucha ilusión.

—¿Cuándo ocurrió esto?

—No eres el único que tiene secretos, querido Asier. —Tocó con sus dedos mi barbilla y me dedicó una sonrisa coqueta.

Caminando delante del coche, para llegar al otro lado, salté para poder subir al asiento del copiloto.

—Tenemos que ir a disfrutar de la playa.

—Menos mal que estamos solos tú y yo...

—¿Qué estás intentando de decir?

—Normalmente Yara está al tanto de todo tu plan...

—Eso es mentira...

Entonces vibró mi móvil.

Lo cogí para ver quién era.

—Hablando del diablo —dije riendo, mostrándole mi móvil.

Per puso los ojos en blanco.

—¿Cuándo llegará el día en que aprenda a no nombrarla?

Se llena de frustración. 

—Tus palabras son mágicas, querida Per. —Expreso divertido, pasándome el móvil por la oreja.

—Mi amorcito —dice Yara con su voz de niña mimada detrás de la línea.

Si Per hubiera oído esas dos palabras, ya se habría burlado de mí.

—Hola, Yara, ¿qué ha pasado?

En ese momento sentí que me bajaban la mano de la oreja. Viendo que Per me hacía señas para que pusiera la llamada en alta voz.

—Quiero felicitarte por el gran trabajo que has hecho... A mí no se me habría ocurrido un plan tan ingenioso.

—No es por presumir, pero sé hacer las cosas bien —le espeté mirando a Per, clavándole el dedo meñique en la mano.

Per se limita a sonreír de forma muy tranquila.

Hice una pausa ante lo que Yara me preguntaba y me volví un momento hacia ella.

—No es mentira lo que he dicho —dibujé susurrando en mis labios.

—¿Estás coqueteando conmigo?

—No —solté de inmediato, con las mejillas un poco calientes.

—Asier, ¿con quién estas?

—Hola, Yara. —Per se traviesa en la llamada.

—¿Per? —Yara se queda colgada.

—Sí, soy yo... Ahora mismo estoy con él... y no te imaginas lo mucho que presume de ti...

—¿Qué? —susurre, enarcando una ceja de duda.




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