Harper

Camile

Asier

Me había pasado por casa de Per para ver cómo estaba después de cómo había llegado de nuestro viaje a la playa; que al parecer era un poco frustrante no tener noticias de ella, más que una excusa por parte de Camile, lo que me hizo volver a mi casa con cierta impotencia.

No podía dejar de pensar en la forma en que Per empezaba a expresarse tras la frustración y el bloqueo que prácticamente le producía su ansiedad emocional; y el cómo me tocaba soportar todo ese mar de tormentas que surgía en sus ojos.

No siempre podemos cubrir nuestras frustraciones como si fuera una nueva capa de cemento, sabiendo que debajo de ella las grietas siguen ahí.

Quería poder hacer más…

Lo cual me hacia sentir un pequeño vacío por los percances que ocurrían.

Apoyé la frente en la pared y dejé que el agua lavara todo el jabón de mi cuerpo, mientras suspiraba profundamente.

Saber cómo avanzaba todo era algo que se me estaba haciendo difícil de controlar. Me miré las manos, que me recordaban que no podía darme el tiempo de dejar escapar nada hasta que llegara ese momento y entonces resignarme a dejarlo todo...

Al salir del cuarto de baño con la mirada un poco perdida en la oscuridad de la habitación, ya que había dejado las luces apagadas por la necesidad de tener un espacio a solas entre tanto silencio, mientras seguía secándome el pelo, vi la imagen de Per; lo que me hizo pensar que se trataba simplemente de una ilusión en la oscuridad, hasta que noté que realmente era ella, y di un pequeño impulso para actuar con rapidez.

En medio de todas las divagaciones de mi mente, ni siquiera me había dado cuenta cuándo ella entró en mi habitación; lo que me hizo dejar a un lado la toalla con la que me estaba secando el pelo y me acerqué a Per, que estaba mirando las cosas de mi escritorio.

Al verla sorprendida, sin intenciones posibles, la había acorralado otra vez; cubriendo su boca para que no grite, me diera espacio para cambiarme, y, de igual manera, rodar discretamente la mirada hacia mi escritorio, a los papeles que ella observaba.

Nada más al ponerme unos pantalones, nuevamente volví y puse la mano sobre el escritorio.

Casi con todo mi cuerpo al descubierto, me encontré en sus ojos, en el nerviosismo de su cuerpo y en esa forma de intentar reparar ciertas cosas —que realmente para mí no eran tan importante, pero para ella sí. —Y aunque ella no lo sabía, yo también estaba en su lugar.

Me acerqué para abrazarla.  

—Te quiero… y siento mucho todo esto.

Escuchar esas palabras sólo hizo que quisiera abrazarla aún más. Ya no me importaban los sueños eróticos que pudiera tener con ella, sólo quería protegerla, ampararla y hacerle sentir que no estaba sola...

***

—Asier, hijo.           Camile quiere que le hagas el favor de llevarla a la universidad.

Irrumpió mi madre esta mañana en cuanto bajé las escaleras con un poco de prisa, ya que me dirigía a la piscina para reanudar mis clases de natación que había pospuesto hace una semana, porque le había prometido a Per ayudarle un poco con sus investigaciones para el progreso de su tesis, que me ocupaban mucho tiempo, y de igual forma, no perdía la oportunidad de pasar más ratos a su lado.

En ese momento, ver a mi bien producida madre con un vestido blanco ceñido, el bolso en la mano y gafas negras en su rubia cabeza, me hizo enarcar una ceja hacia ella.

—Conducirás despacio —me indica, y se acerca a mí para darme un beso. —No quiero escuchar a Camile, que las has llevado corriendo como la otra vez, que casi le da un infarto.

Sonreí a eso último.

—Vale, pero, ¿por qué quiere ir ahora? Es viernes y Per ya sale de vacaciones… ¿Y a dónde vas tan arreglada?

—Tengo una cita con tu padre, así que no nos esperes hoy... y ten cuidado de no meter a nadie en casa —me señaló, pavoneándose.

—Despreocúpate de eso… Disfruta de tu noche de pasión con mi padre —dije divertido, esquivando el golpe que quería darme con el bolso, para pasarme al pasillo de detrás de la escalera e ir a la piscina.

Tener la casa para mí solo me hizo imaginar muchas locuras que tal vez podía hacer esa noche. De igual manera, hasta idear algo, me sumergí un rato más en el agua. Mis clases de natación no había durado mucho, ya que Sebastián, mi instructor, recibió una llamada de la escuela de su hijo diciéndole que el pequeño Gregori había tenido un pequeño percance en la escuela y que necesitaban su presencia, eso debido a que su esposa por el momento se encontraba fuera de la ciudad y la niñera tenía su día libre. Lo que me dejaba el resto del día relajado, sin omitir que tenía que acompañar a Camile a la universidad, que no tenía hora de salida, y ni siquiera me la había cruzado en los alrededores; algo que me pareció extraño, ya que ella nunca falta al trabajo.

Ya eran más de las diez, así que decidí salir de la piscina, coger mi móvil que había dejado en la tumbona, y comprobar si había recibido un correo del último pedido que había hecho para terminar los planos del edificio. En ese momento, entró una llamada de Yara; echaba de menos su voz cada mañana como cada día, preguntándome qué estaba haciendo todo el rato, peor que el FBI, pero aun así se la quería.




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