Harper

Silencio y miedo

Asier

¿Cuál es la sensación de sentirse perdido, de acabar encontrando lo que buscabas y no sentirte estable? Esta era exactamente la respuesta. Todo lo que viene sin pensarlo. Todo lo que te agobia sin control, lo que te hace sentir bien, pero te llena de muchos miedos.

Quién me iba a decir a mí que besar sus labios supondría ese punto de ruptura que me haría perder toda la cordura y dejarme llevar por el momento.

Decidí cogerla por la cintura y arrinconarla contra la pared, perdiendo el miedo y besarla sin control, deseándola insaciablemente.

Mis labios se mueven al unísono con los suyos, mientras juego con mi lengua y escucho sus jadeos.

—¡Para un momento! —Escuché un pequeño gemido que me hizo detenerme.

Me sitúo en sus ojos, mientras sus manos están en mi pecho, y noto un poco su cansancio, al igual que mi respiración es un poco entrecortada.

Me pasé la mano por el pelo y me aparté de ella.

—Lo siento... —dije con un poco de miedo.

—Creo que nos hemos dejado llevar —escuché su tímida voz. —Esto no debió pasar.

No debía, era verdad. Pero algo quiso que pasara. Quizás este era el lugar y el momento para que sucediera, que aparentemente ya estaba marcado. Pero, ¿qué pasaría después de este beso? Fue la duda que vi en sus ojos, y el miedo que insaciablemente atacó mi pecho.

Esto me recordó a Joseph, un viejo amigo de la universidad que me contó cómo toda su amistad se fue a la mierda cuando él se enamoró. Al igual que Janely, se sintió abrumada, pero sólo lo veía como un amigo. Aun así, a veces las cosas pueden ser diferentes. Porque, aunque me declaré a ella indirectamente, fue ese beso el que lo cambió todo. Un beso que no exigí, una acción que no llevé a cabo y que hace que me encuentre delante de ella, quizás en la situación más incómoda de mi vida, pero la cual aprecio.

Quería acercarme de nuevo, decirle que no era un error besarme, que llevaba muchos años esperando que esto sucediera.  Así que con la parálisis en los pies reteniéndome, hice un esfuerzo y por primera vez rompí ese muro entre los dos y me encontré tirando de ella hacia mi pecho y besándola de nuevo.

Despegué mis labios húmedos de los suyos y toqué su mejilla.

—Sonaría estúpido, sí...

En eso Per puso su mano en mi boca deteniendo lo que iba a decirle, viendo como dibujaba en sus labios la palabra silencio.

—Per, mi amor, la cena está lista.

—Es mi madre —dice Per nerviosa, —¿Qué hago? No quiero que nos encuentre aquí.

—Ya se lo has dicho a Per, Camile.

Era la voz de mi madre.

Per y yo nos quedamos quietos. Incluso olvidé lo que iba a decirle.

—¡Mierda! —susurré, apartando la mano de Per de mi boca y la miré atentamente.

Per me miró enarcando una ceja.

—Le dije a mi madre que venía a buscarte a tu habitación.

—¡Qué! Si no nos encuentran en la habitación…

—Quédate detrás de mí, por favor. —dije, moviéndome muy despacio delante de ella, esperando que mis pasos no se oyeran fuera del baño.

—Per no está en su habitación —oí hablar a Camile-.

—Y Asier tampoco está... A ver, ¿en dónde se han metido estos chicos?

—¿Qué es eso? —oí que mi madre le preguntaba a Camile.

—Suena como un móvil.

Bendita sincronización para que sonara mi móvil.

—¡Apágalo, apágalo!

Per se escuchaba desesperada y yo por igual.

Hice todo lo posible por meter la mano en el bolsillo y cortar la llamada. Lo cual había conseguido, aunque ya estaba sobre aviso de que mi madre y Camile ya la habían oído.

En ese preciso momento quería ser como el avestruz, o más bien quería que la tierra me tragara y me escupiera en otro lugar.

Menudo lío estábamos a punto de montar ahora mismo.

—Morgan y Camile, ¿qué estáis haciendo?

Era la voz de mi padre.

—¡En serio! —Per me apretó la mano y puso los ojos en blanco.

—¡Me lo dices a mí! —la miré muy atentamente. ¿Qué voy a saber yo de esto? Acosado por ti, acorralado en un baño y prácticamente siendo descubiertos por nuestros padres.

—¡Ahora es culpa mía! —Me dio una palmada en la espalda, que me hizo dar un pequeño grito de atención. —¡Quítate! ¡Y no me hables!

Vi cómo Per pasaba a mi lado y abría la puerta de golpe, encontrándome a nuestros padres mirándonos fijamente.

—¡Per! —grité —¡Detente ahí!

—¡No, y aléjate!

Sali del baño y me detuve.

—Pues, estamos en la misma casa, ¿Cómo coño quieres que me aleje?

—Enciérrate en tu habitación si puedes, pero haz todo lo posible para que no te vea la cara. —Se paró en el pasillo y me señaló con el dedo.




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