Harvey Valli y los Teddy Bears

Capu - 2 - El juego de cartas

En Felpathan hay casos que llegan a la firma haciendo mucho ruido y éste era uno de ellos. Cuando mi jefa dejó la carpeta sobre mi escritorio, la miré durante unos segundos antes de abrirla.

— ¿Qué tenemos?
— Un cliente que insiste en que es inocente.
— Entonces tenemos un martes cualquiera.

Tomé la carpeta y comencé a revisarla, viendo que tenía en mis manos un caso que parecía complicado ya que había dinero de por medio, contratos, declaraciones contradictorias y una contraparte que llevaba semanas preparando su estrategia. Nada que me quitara el sueño o eso creía porque, para mí, un caso siempre había sido parecido a un juego de cartas, no importaba cuántas tuviera el otro jugador sobre la mesa, importaba saber cuáles eran buenas, cuáles eran malas y, sobre todo, cuáles estaba escondiendo.

Entrevisté a mi defendido esa misma tarde, Eddie Hurón, alguien bastante particular por no decir... Extraño.

— Quiero que me cuente todo -le dije.
— Ya le conté todo.
— No. Me contó lo que usted considera conveniente que yo sepa.

Me miró en silencio.

— Hay una diferencia.

No respondió, tomé algunas notas y cerré la carpeta.

— Bien. Lo represento.

No era la primera vez que un cliente intentaba ocultarme información. Tampoco sería la primera vez que terminaba encontrándola. El problema fue que esta vez la otra parte llegó preparada.

La deposición comenzó a la mañana siguiente, yo tenía mis documentos, la contraparte tenía los suyos y, al menos durante los primeros minutos, todo parecía desarrollarse exactamente como esperaba hasta que apareció la primera pregunta.

— ¿Puede confirmar que su cliente recibió el informe el día diecisiete?

Miré mis documentos, sí.

— Sí.
— ¿Y que respondió al informe el día diecinueve?

Volví a mirar, sí.

— Sí.

El abogado contrario dejó otro documento sobre la mesa.

— Entonces explíqueme por qué su cliente declaró que nunca tuvo conocimiento de esos antecedentes antes del día veintitrés.

Silencio, miré a mi defendido y él evitó mi mirada. Ahí apareció la primera grieta, pero no era la única porque la contraparte siguió preguntando y cada respuesta que mi cliente había dado anteriormente parecía haber dejado una huella que ahora podían seguir. Una contradicción llevaba a otra. Un documento llevaba a una declaración anterior. Una fecha llevaba a otra. Intenté reconducir la deposición.

— Objeción.

La pregunta fue reformulada, volví a objetar y la respuesta apareció de todas formas. Intenté cambiar el rumbo, pero la contraparte ya lo había previsto y entonces entendí algo que no me gustó nada. No estaba jugando una mano sencilla, el otro lado había estudiado mis cartas.

Miré nuevamente a mi cliente.

— ¿Hay algo más que quiera decirme antes de que sigamos?
— No.

Mentía y yo sabía a causa de la expresión del abogado contrario, quien también lo sabía.

Continuamos, cada minuto que pasaba dejaba más claro que mi posición era mucho más débil de lo que había supuesto y, cuando finalmente terminó la deposición, cerré mi carpeta, no dije nada. Mi defendido intentó acercarse.

— Harvey, yo...

Levanté una mano.

— Ahora no.

Salí de la sala y caminé por el pasillo del tribunal sin mirar atrás. Durante años había aprendido que un buen abogado no necesita tener todas las cartas sobre la mesa, necesita saber cuáles tiene y ese día tenía un problema, no sabía cuáles eran mis cartas y, peor aún, no sabía cuáles tenía mi cliente. Me detuve frente al ascensor y respiré profundamente. Por primera vez en mucho tiempo, el juego no estaba bajo mi control.

Las puertas se abrieron, entré y, mientras bajaba hacia el primer piso, solo pude pensar una cosa: Esta vez no tenía los ases en la mano.




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