Harvey Valli y los Teddy Bears

Capu - 6 - La carta que faltaba

Después de salir del karaoke, caminé durante un buen rato por Felpathan sin un destino demasiado claro. No tenía ganas de volver inmediatamente a la oficina, pero tampoco quería irme a casa con la cabeza todavía dando vueltas. Había pasado los últimos días revisando documentos, declaraciones, informes y contratos hasta el punto de conocerlos casi de memoria, y aun así había terminado descubriendo que mi propio cliente era un desfalcador. Lo curioso era que, después de haber cantado «Sherry», el caso ya no me parecía tan confuso como unas horas antes. No porque la música hubiera resuelto mágicamente mis problemas, sino porque, por primera vez en varios días, había conseguido dejar de mirar el expediente con rabia.

Volví a la oficina y encendí nuevamente el computador. Abrí el informe del investigador y comencé a revisar todo desde el principio, pero esta vez sin buscar una forma de salvar a Eddie Hurón, eso ya no era asunto mío, más considerando que había terminado mi relación con él y le di veinticuatro horas para ordenar sus asuntos y entregarse a la policía. Lo que necesitaba ahora era entender qué demonios había ocurrido con el caso y, sobre todo, por qué la contraparte había conseguido ponerme contra las cuerdas durante la deposición. Había algo que no cuadraba y estaba convencido de que no se trataba solamente de las mentiras de Eddie.

Volví a las transferencias, revisé las sociedades relacionadas, comparé las fechas de los contratos y abrí nuevamente las declaraciones que había recibido durante las últimas semanas. Una operación aparecía registrada en una fecha, otra en una distinta y una tercera parecía corregida posteriormente. Al principio pensé que eran simplemente parte del entramado que Eddie había construido para esconder el dinero, pero entonces encontré algo que me hizo detenerme. Abrí uno de los contratos y revisé la fecha de firma. Después abrí el informe de la contraparte y busqué la misma operación. La información coincidía, pero la interpretación era completamente distinta. Ahí estaba.

No era una prueba que pudiera salvar a Eddie Hurón, ni tampoco un documento que demostrara que mi cliente era inocente. Era algo mucho más útil: una pieza que demostraba que la contraparte estaba mezclando operaciones fraudulentas de Eddie con obligaciones que pertenecían legítimamente a la empresa que yo representaba. Habían encontrado el fraude, sí, pero estaban utilizando ese descubrimiento para construir una acusación mucho más amplia de lo que los documentos realmente permitían sostener.

Sonreí.

— La carta que faltaba.

Seguí revisando los documentos con una tranquilidad que no había tenido desde que comenzó el caso. Ahora todo empezaba a encajar. Las transferencias explicaban una parte, los contratos modificados explicaban otra y las declaraciones de Eddie explicaban por qué había intentado ocultarlo, pero faltaba establecer dónde terminaba la responsabilidad de mi cliente y dónde comenzaba la de Eddie. La respuesta estaba escondida a plena vista, en uno de esos documentos que había leído tantas veces que había dejado de verlo.

Tomé una hoja y comencé a ordenar las fechas. Después hice lo mismo con las operaciones y, finalmente, con las declaraciones. Cuando terminé, tenía frente a mí una línea de tiempo que explicaba exactamente lo que había ocurrido. Eddie había utilizado las estructuras de la empresa para mover dinero y esconder operaciones, pero la contraparte había tomado esas irregularidades y las había presentado como si toda la compañía hubiera participado deliberadamente en ellas. Eso cambiaba completamente el panorama.

Me recosté en la silla y sonreí.

— Ahora sí.

Durante los últimos días había estado jugando sin saber qué cartas tenía en la mano. Después de la deposición pensé que no tenía ninguna. Luego descubrí que Eddie Hurón tenía demasiadas y que, además, estaba haciendo trampa. Ahora finalmente entendía qué estaba pasando. No necesitaba recuperar las cartas que Eddie había escondido. Necesitaba jugar las que todavía tenía yo.

Preparé la estrategia para la siguiente audiencia, ordené los documentos que iba a presentar y marqué cada una de las contradicciones que pensaba utilizar. No sabía exactamente cómo reaccionaría la contraparte, pero eso ya no me preocupaba. Por primera vez, desde que había comenzado el caso, tenía claro qué quería demostrar y, más importante todavía, sabía dónde encontrarlo.

Apagué el computador y miré la hora. Era tarde, pero no me importaba. Había pasado demasiados días persiguiendo una carta que no sabía dónde estaba y finalmente la había encontrado. No había sido Eddie, ni la contraparte, ni siquiera uno de esos documentos que había revisado hasta quedar con los ojos cuadrados. La carta había estado sobre la mesa desde el principio. Yo simplemente había estado demasiado ocupado tratando de ganar el caso como para verla.

Me levanté, tomé mi chaqueta y salí de la oficina con la tranquilidad de que Eddie Hurón tendría que responder por sus propios actos mientras que yo solamente tenía un caso que ganar y, esta vez, tenía las cartas en la mano.




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