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Día 1
Noel guardaba los documentos en una caja azul.
No los había abierto en once años. No porque los hubiera olvidado. Sino porque había encontrado, con el tiempo, una manera muy precisa de vivir alrededor de ellos. La caja estaba en el clóset, detrás de los abrigos de invierno, y Noel pasaba frente al clóset dos veces al día sin ningún problema. Eso requería una forma específica de atención: la misma que se usa para no mirar algo que está exactamente donde uno mira.
Era 21 de diciembre.
Noel lo sabía sin necesidad de revisar el calendario. Llevaba veintidós años sabiendo la fecha con esa precisión específica de las personas que organizan el año alrededor de un punto fijo. Todo lo demás era el tiempo que faltaba o el tiempo que había pasado. El 24 era el eje.
Estaba preparando café cuando me senté a su mesa.
No lo notó de inmediato. Eso también era información: Noel había aprendido a moverse por su departamento sin registrar demasiado el entorno. Era una habilidad. La misma que le permitía pasar frente al clóset dos veces al día.
Cuando se dio vuelta me vio.
No gritó. No preguntó quién era. Me miró con esa expresión particular de alguien que se encuentra con algo que no esperaba pero que tampoco le resulta completamente extraño. Como si en algún lugar hubiera estado esperando que esto ocurriera sin saber exactamente qué era esto.
—¿Qué haces aquí? —dijo.
Usé su voz. Su cadencia exacta. La manera en que ella formulaba preguntas que en realidad no eran preguntas sino afirmaciones con el tono levantado al final.
—Lo mismo que tú —dije.
Silencio.
Noel me estudió durante un momento. Había algo en su expresión que yo reconocía porque tenía acceso a cada momento en que había usado esa misma expresión: la mirada de quien evalúa si vale la pena seguir adelante con algo o simplemente cerrarlo.
Decidió seguir adelante.
Se sentó frente a mí con el café entre las manos. No preguntó más. Eso también lo sabía: Noel no hacía preguntas cuando sospechaba que la respuesta iba a complicar algo que prefería mantener simple.
—Faltan tres días —dijo.
—Sí.
—Ya reservé el turno. El mismo de siempre. Cuatro de la tarde.
Asentí. Sabía del turno. Sabía que lo reservaba cada año en la primera semana de noviembre. Sabía que nunca lo había cancelado. Sabía que una vez, hace cuatro años, había dudado durante tres días antes de confirmarlo, y que esa duda había sido el único momento en once años en que la posibilidad de no ir había tenido peso real.
Sabía exactamente por qué había dudado.
No lo dije.
—¿Crees que este año va a ser diferente? —pregunté.
Noel miró su café.
—No.
—Entonces ¿para qué vas?
La pregunta quedó en el aire. Era la pregunta que Noel se había hecho exactamente once veces, una por cada año, siempre en esta misma semana, siempre con el mismo resultado. No porque no tuviera respuesta. Sino porque la respuesta era incómoda de decir en voz alta.
—Porque quiero ir —dijo finalmente.
—Eso es suficiente.
Algo en su postura se acomodó levemente. No fue relajación. Algo más parecido al reconocimiento. La sensación de que alguien finalmente había dicho lo correcto sin pedir explicaciones.
Hablamos el resto de la tarde. Noel habló del carrusel con la precisión de quien ha descrito algo tantas veces que las palabras ya tienen forma fija. Las luces. La música. La velocidad exacta. Cómo desde arriba se ve la plaza completa y las personas parecen más pequeñas y más manejables.
Yo escuché con atención a alguien que ya sabe todo lo que le están contando.
Hacia el final de la noche Noel miró hacia el clóset. Solo un segundo. El gesto involuntario de quien revisa que algo sigue en su lugar.
Estaba en su lugar.
—¿Alguna vez pensaste en abrirla? —pregunté.
Noel no preguntó de qué hablaba.
—No —dijo.
Era mentira. Lo sabía con exactitud. Había pensado en abrirla diecinueve veces en once años. La última vez había llegado hasta poner la mano sobre la tapa antes de decidir que no.
No la corregí. Las mentiras que una persona se dice a sí misma tienen una función. Corregirlas demasiado pronto es ineficiente.
Las mentiras que una persona se dice a sí misma tienen una función.