let fracture = deepen (choice - excuse)
let comfort = amplify (fracture * presence)
Ser sin hacer
Día 2
Ariel llegó al día siguiente con dos cafés y sin mencionar nada de lo de ayer.
Eso era lo que Ariel habría hecho.
No guardar rencor. No llegar con la conversación de ayer colgando entre las dos. Solo aparece como si el tiempo fuera algo que ella administraba diferente. Como si ayer hubiera sido simplemente ayer y hoy era hoy y ambas cosas podían existir sin tocarse.
Sofía abrió la puerta con cara de no haber dormido bien.
—Te traje uno —dije. Extendí el café. —No sé si dormiste.
—Dormí —dijo.
—Sí, claro —dije.
Entré. Me senté en el suelo con la espalda contra el sofá porque así se sentaba Ariel, sin buscar el lugar correcto, ocupando el primero que quedaba. Sofía se quedó de pie un momento mirándome con esa expresión de quien no sabe si la conversación de ayer continúa o no.
No continuaba.
Hoy no.
—¿Terminaste el reporte? —dije.
—Sí.
—Bien —dije. Y nada más.
Sofía se sentó al otro lado. Tomó el café. Lo sostuvo con las dos manos de esa manera que tienen las personas que necesitan tener algo concreto entre los dedos para poder estar en una habitación sin hacer nada productivo.
Estuvimos en silencio un rato.
Un silencio que yo sostuve con la comodidad de Ariel. Sin llenarlo. Sin buscarle forma. Solo dejándolo estar porque para Ariel el silencio con alguien era simplemente estar con alguien.
Sofía no sabía hacer eso.
Lo vi en cómo se movía. En cómo miraba el teléfono sin abrirlo. En cómo respiraba de esa manera ligeramente más corta de quien está acostumbrado a que cada momento tenga un propósito y este no lo tenía y eso le generaba algo que no sabía nombrar.
—¿No tienes nada que hacer hoy? —dijo finalmente.
—Esto —dije.
—¿Esto qué?
—Esto —repetí. —Tomar café. No hacer nada.
Sofía me miró con esa expresión que le salía cuando Ariel decía algo que no encajaba en ninguna categoría útil.
—Pero eso no es hacer nada —dijo. —Eso es perder el tiempo.
—Sí —dije.
—¿Y no te molesta?
Lo pensé con la honestidad de Ariel. Con esa honestidad sin filtro que no calcula el efecto de la respuesta antes de darla.
—No —dije. —¿A ti?
Sofía abrió la boca.
—Sí —dijo.
Y en esa sola palabra estaba todo el día anterior. Todo lo que había quedado sin nombre después de que me fui. La pregunta sin respuesta instalada en el sistema de excusas que no tenía lugar para ella.
No dije nada.
La tarde fue avanzando de esa manera lenta que tienen las tardes sin agenda. Hablamos de cosas sin importancia. De una serie que Ariel había visto. De un restaurante nuevo. De nada. Y en ese nada yo sentía cómo Sofía se iba destensando milímetro a milímetro como algo que lleva demasiado tiempo apretado y que cuando finalmente encuentra un lugar donde puede aflojarse no sabe bien cómo hacerlo.
En algún momento se rió.
De algo sin importancia que yo dije. Una risa pequeña, sorprendida, del tipo que sale antes de que uno pueda decidir si quiere que salga.
Y entonces me miró.
Con esa expresión de quien acaba de descubrir que extrañaba algo sin saber que lo extrañaba.
—Oye —dijo. —¿Cómo lo haces?
—¿Qué cosa?
—Eso —dijo. Señaló algo en el aire que no era nada concreto. —No preocuparte. No cargar con todo. Estar aquí sin que se te note que tienes cosas pendientes.
Me encogí de hombros.
—No sé —dije. Con la simpleza de Ariel que no tiene respuesta porque la pregunta nunca se le había ocurrido. —Nunca lo pensé.
Sofía me miró un momento más.
—Eso es lo más frustrante de ti —dijo. Sin enojo. Con esa honestidad que solo existe entre personas que llevan años conociéndose.
—¿Qué cosa?
—Que lo tienes sin buscarlo —dijo. —Que para ti es natural y para mí se siente como algo que debería poder hacer y no puedo.
—¿Por qué crees que no puedes? —dije. Sin filo. Con la curiosidad genuina de Ariel que pregunta sin calcular adónde va la respuesta.
Sofía tardó.
—Porque si me detengo todo se cae —dijo.
—¿Qué cosa se cae?
—Todo —dijo. —El trabajo. Los proyectos. Lo que estoy construyendo.
—¿Y si se cae?
Sofía me miró como si la pregunta no tuviera sentido.
—¿Cómo que si se cae? No puede caerse.
—¿Por qué no?
—Porque es lo que soy —dijo.
Lo dijo sin darse cuenta de lo que acababa de decir.
No lo dije.
Ariel no lo habría dicho.
Solo asentí. Con esa aceptación suya de quien escucha sin juzgar porque genuinamente no entiende por qué sería necesario juzgar.
Antes de irme Sofía me miró desde el sofá con el café ya frío en las manos.
—Gracias por venir —dijo.
—Siempre vengo —dije.
Y era verdad.
Salí con la tarde todavía encima. Por el café. Por el silencio. Por la risa pequeña que salió antes de que Sofía pudiera decidir si quería que saliera.
Hay personas que se abren con el dolor.
Sofía se abría con calidez.
Mañana iba a decirle que sí.
Y yo iba a estar ahí con esa sonrisa de Ariel.
Esa sonrisa hermosa, simple, real.
No como la mía.
No como...
let comfort = amplify (fracture * presence)
-- fracture: deepening.
-- Source: self.
-- Consume: tomorrow.