Hasskell

Capítulo 25: Carmur

consume :: System -> Noise -> Maybe Signal

consume system noise =

Carmur

Día 1

Carmur Alcatraz tenía un sistema para cada cosa y no lo llamaba sistema.

Lo llamaba simplemente de la manera correcta. El café a las seis cuarenta. La ventana abierta exactamente diez centímetros en invierno, quince en verano. Los zapatos orientados hacia la puerta pero sin tocarla. Cuarenta y siete años viviendo así y el mundo había tenido, en general, la decencia de responder.

Yo llegué a las seis treinta y nueve.

Ese es siempre el momento más informativo. Antes del café. Antes de que el sistema empiece. Carmur en ese intervalo era un hombre sentado en el borde de la cama con las manos sobre las rodillas y los ojos fijos en un punto de la pared que no era nada. No meditación. No angustia. Solo el estado previo de alguien que espera que el mundo arranque antes de sumarse a él.

Cuando me vio no se movió.

Eso era nuevo.

Las personas que no se mueven al verme son siempre más interesantes que las que gritan. Pero Carmur no se quedó quieto por sorpresa ni por control. Se quedó quieto porque ya había calculado algo antes de que yo terminara de aparecer. Eso era diferente.

—Llegas temprano —dijo.

No había pregunta en eso. No había miedo. Solo el tono de alguien que registra una variación en el sistema y decide si requiere ajuste.

Usé la cara de Renata. Su manera de cruzar los brazos cuando esperaba. El ángulo exacto de su cabeza cuando escuchaba. Lo había construido con cuidado, con cada recuerdo disponible, con la temperatura específica de alguien que Carmur había querido de una manera que todavía no había encontrado dónde guardar.

—El café tarda lo mismo —dije.

Carmur me miró durante tres segundos más de lo necesario.

Luego se paró y fue a la cocina.

Lo seguí. El departamento funcionaba con esa lógica de los espacios que han sido pensados por una sola persona durante mucho tiempo. Todo en su lugar pero no decorado, solo dispuesto. Una silla frente a la ventana con la vista exacta a la calle. La mesa con las esquinas libres. Nada sobre la heladera.

Puso el café.

A las seis cuarenta.

—¿Cómo estás? —dije.

Carmur no respondió de inmediato.

No de la manera en que las personas no responden cuando piensan. Sino de la manera en que no responden cuando la pregunta activa algo que prefieren no activar. Fue un segundo. Solo un segundo. Pero era el segundo de alguien que lleva años construyendo una respuesta para esa pregunta y todavía no la tiene.

—Bien —dijo.

Era mentira. No por oscuridad. Sino porque bien era la respuesta que cerraba la pregunta más rápido y Carmur prefería las cosas cerradas.

Lo guardé. Tenía temperatura. No mucha todavía. Pero tenía la calidad específica de algo que ha estado comprimido durante tiempo suficiente para volverse denso.

Nos sentamos. Tomó el café con las dos manos. Dejó la taza en el mismo lugar exacto cada vez que la soltaba. No lo pensaba. Era simplemente lo que hacía.

A las nueve en punto sonó la canción.

Del teléfono. Volumen moderado, ni discreto ni alto. Running Up That Hill. La misma desde el principio hasta el final, sin saltarla, sin bajarla. Carmur la escuchó sin dejar de mirar la calle. Como quien escucha algo que ya no necesita atención pero que tampoco puede no escuchar.

Cuando terminó continuó la conversación como si no hubiera pasado nada.

Porque para él no había pasado nada. O había pasado algo que no requería explicación.

Yo tomé nota de la canción. De su temperatura. De la manera en que Carmur se alineaba levemente hacia el teléfono durante los últimos treinta segundos, ese movimiento casi invisible de quien se asegura de que algo llegue completo.

Hablamos el resto de la mañana. Carmur hablaba con precisión. Frases cortas, concretas, sin adorno. No porque fuera frío sino porque para él las palabras eran instrumentos y los instrumentos no necesitan ser bonitos, solo útiles. Me contó su semana sin jerarquía, el mismo tono para lo ordinario y para lo difícil, como si la distinción no le pareciera necesaria.

Renata hablaba así.

Eso era información útil.

Antes de irme dije algo pequeño sobre un recuerdo. Algo que ella habría dicho. Algo de antes.

Carmur lo escuchó.

No sonrió. No se entristeció. Solo asintió una vez, con ese gesto de quien recibe información que ya tenía pero que igual vale la pena confirmar.

—Sí —dijo. —Así fue.

Y volvió a mirar la calle.

Afuera el martes seguía su curso. Yo me fui con poco en las manos pero con algo que prometía. No hay una grieta todavía. Solo el contorno de un sistema que funcionaba con demasiada precisión para no tener un punto donde la precisión se volvía contra sí misma.

Solo tenía que encontrarlo.

let signal = locate (system - noise)



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En el texto hay: reencuentros, pensar, ficción recursiva

Editado: 30.04.2026

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