Hasta el final

15. Impaciente

—No le debo nada.

Aún ni siquiera puede escucharme, de todos modos aclaro:

—Por conseguir esa mínima e inservible información. No le debo nada.

Camino lento hasta la ventana. Estamos en el desván del sector este, justo encima de mis aposentos. Tan cerca como para despertarme en medio de las noches de insomnio para torturarlo y tan cerca como para evitar cualquier intento de huida. Aparte, era el único que estaba vacío, de ese modo ahorré tiempo. En las otras buhardillas, repletas de muebles viejos, armaduras y armas oxidadas, Tedric podría intentar dar con cualquier objeto a su alcance en un intento de liberar sus cadenas. No planeo arriesgarme.

Han pasado tres horas, las consecuencias de inhalar alcaloides tropánicos pueden ser leves o graves, dependiendo la cantidad y la fortaleza del sistema nervioso, por así decirlo. Lamentablemente, le encargué a Lykos moler una cantidad leve, no puede morir si aún tengo preguntas para hacerle. Llegar a Zaveria con nulo conocimiento sería perjudicial, sí, pero eso no es lo único importante. Tedric Whitam conoce a un traidor en mi castillo.

No ha parado de sudar y temblar. También balbucea cosas sin sentido sobre magia, escamas calientes y su madre, que lo hacen ver más patético de lo que ya es.

La noche se presenta tranquila para el pueblo y hago una mueca. Desde lo alto puedo verlos, como feas hormigas, construyendo la maldita iglesia que ellos mismos pedían, rogaban, tener desde que la anterior fue destruida. Siempre tan religiosos hasta decir basta. Sedientos de una redención que jamás obtendrán.

—Adelante —digo cuando tocan la puerta.

—Mi señora —se inclina Kosevic.

—¿Ya tienen algo?

—Me temo que no. Ninguno de esos hombres parece estar involucrado.

Una punzada atraviesa mi cabeza y cierro los ojos.

—Pero no nos detendremos —agrega.

—No lo hagan hasta que lo ordene —suspiro—. Allí afuera aún quedan muchos posibles culpables.

Asiente.

—Ya he enviado a los hombres hasta Trescot como ordenó.

Quería ir en persona, pero tengo otros asuntos que tratar. Kosevic dirige su atención a Tedric.

—Veo que aún no despierta.

—No. Solo alucina y dice incoherencias —suelto frustrada sin quitar la vista de la ventana.

—Puedo encargarme, así usted continúa con los interrogatorios. La llamaré si él despierta.

—No. Yo me quedo aquí, lo despertaré como sea y voy a sacarle la verdad a golpes. Tú vuelve abajo y encuentra al hombre de la máscara.

—¿Sacarle la verdad?

Asiento y por fin lo miro.

—Algo muy extraño está sucediendo Kosevic. Algo que no estoy viendo —alego, ocultando el agobio en mi tono. Se acerca un paso con el interrogante en el rostro—. No solo necesito averiguar respecto a su territorio o si hay una reina en Zaveria. Aquí mismo, entre mis muros o en mi pueblo, tenemos a un traidor.

—Pero Majestad, todos los habitantes de Vogoryn son traidores —me recuerda.

—Lo sé. No me refiero a eso —sacudo la cabeza— es…el hecho de que Tedric hallara a la manada Moon por su cuenta, con la excusa de que Zemir le indicó el camino. Los lobos no le confían algo tan importante a un humano y, además, a uno completamente desconocido.

—¿Usted piensa que… tal vez él ya conocía la ubicación?

—Lo creo. Pero, ¿cómo?

Mira el suelo polvoriento de forma pensativa antes de hablar.

—Me dijo que ese lobo pasó torturas antes de ser abandonado en el bosque. Y si sabía la importancia de revelar la localización de la manada, entonces tal vez era una venganza en contra de ellos —razona. Niego.

—¿Y la persona que me vió entrando al cuarto de Trey esa noche? ¿Por qué fue corriendo a decirle a mi mayor enemigo? ¿Lo hizo con la esperanza de que Tedric pueda quitarme la corona?

—Es posible.

—Hay alguien suelto dentro del castillo que ya me traicionó y aún no está pagando las consecuencias. Puede estar haciendo o planeando cualquier cosa.

Pronunciar en voz alta las inquietudes que me invaden a cada segundo, sirven para ponerlo todo en perspectiva y aliviar mi tensión. Solo un poco.

—Luego está Esmond que le revela al rey lo que sabe sobre el secuestro de Lyrian.

—¿Qué? —la cicatriz se le arruga junto con todo su rostro— ¿Le ha dicho algo sobre ella?

—Sí. Que está en el bosque Trescot.

Eleva las cejas con sorpresa.

—Sin golpes, sin forzarlo, solo… decidió contarle al adorado rey de Zaveria en dónde tienen a mi curandera.

Ya he hablado con Cyrel e hizo un pésimo trabajo. Dijo que las palabras del rey fueron muy irrelevantes, que no pareció esforzarse demasiado por quitarle la verdad al hombre. Que en la mitad del interrogatorio se comunicaron con murmullos, tanto hasta el punto de hablarse al oído y, luego, con dos miradas cargadas de significado, Esmond le confesó lo poco que había escuchado.

—Tiene razón, señora, aquí hay algo que huele muy mal.

Que veamos lo mismo me hace asentir con la cabeza.

—Exacto, y voy a averiguar qué es.

El balde con agua helada no funciona

El balde con agua helada no funciona. Las tres patadas en el estómago sí. Retrocedo cuando vomita y expulsa de su sistema un poco del polvo de semillas que inhaló. Asqueroso. Aunque he visto cosas peores.

—Mierda —Está fuera de sí, apuesto a que no recuerda ni su nombre. Solo eso lo haría insultar. Las cadenas en sus muñecas y tobillos golpean contra el suelo cuando intenta moverse. Las mira con los ojos entrecerrados, luego apoya la espalda y la cabeza contra la pared hasta hacer contacto visual— Oh, maldita…



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En el texto hay: tension, enemiestolover, slow burn

Editado: 12.02.2026

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