Hasta el final

17. ¿Un triunfo?

He evitado lo mejor posible tener la presencia de Vittero Cain a mi alrededor. Por alguna razón, continúo sintiendo que es un reflejo del pasado. El espejismo de alguien muerto y conectado a mi persona; tan real como que el sol sale después de la noche. Debería ordenar que le coloquen una bolsa de patatas sobre la cara.

Empero me temo que fue solicitado por los zaverianos. El artista capaz de dibujar cualquier rostro, ha hecho panfletos de Trey con mis descripciones. Al capitán Skyler Green le pareció buena idea plasmar Vogoryn con su cara para que aparezca más rápido. Así tal vez alguien lo identifica y les ahorra tiempo.

Si supiera que nadie va a encontrarlo jamás.

Mis hombres se encargaron de repartirlos y colocarlos hasta en las tabernas menos frecuentadas.

—¿Está todo listo?

—Lo dejamos tal y como estaba al inicio, Majestad Roskel.

Green sostiene a su caballo con una mano, tiene la capa sobre los hombros y los guantes de cuero nuevamente. Sus diecinueve soldados lo esperan a unos metros, montados y listos para partir.

—Recuerde todas las precauciones a tener allí dentro. Es un camino inestable.

—Si, agradezco sus consejos. Estaremos bien.

Asiento, doy un paso atrás mientras sube al caballo.

—Regresaré con el rey —es lo último que dice cuando se aleja dando trotes. Uno mis manos al frente y sonrío. Sus espaldas cada vez se aprecian más pequeñas.

—¿Está segura de que obedecerá? —un rastro de molestia tiñe el tono de Kosevic.

—Solo espera un momento —lo calmo. Movimientos bruscos nos llaman la atención a lo lejos. Un caballo se alza de entre el resto, con violencia, alarma.

—¡So!

—¡Tranquilo muchacho!

De inmediato corremos hasta allí, el césped se hunde a mi paso.

—¿Qué sucede? —exclamo. Hay un círculo y, en medio, Tedric sosega al animal.

—¡Señor!

—¡Majestad, está aquí!

El tonto rey no mira a nadie, tampoco corresponde al entusiasmo de sus soldados. Baja del caballo cuando está seguro de haberlo dominado, el capitán igual. Lo reverencia.

—Majestad, estábamos a punto de entrar en ese bosque para buscarlo.

Tedric camina sosteniendo al caballo de las riendas, pasa por mi lado sin mirarme. Toma aire.

—Hubiera sido un riesgo innecesario, Skyler —responde con voz rasposa—. Pero gracias.

Luego de recibir cientos de inclinaciones por parte de los hombres y de explicarle al rey que es su deber mantenerlo a salvo, se percatan del daño en su cuerpo.

—Por favor, rey Whitam. Permítame ofrecerle una habitación y a mi mejor sanadora para revisar sus heridas.

Por fin levanta la cabeza para mirarme.

—No se moleste.

—No es molestia.

No le queda de otra. Lo sabe. Solo le permito la entrada al capitán y al rey. Green lo sostiene como puede mientras Tedric renguea hasta poder acostarlo sobre un colchón boca abajo. Lykos aparece con la misma curandera que encontró para sanar a Esmond.

—Mi señor, ¿en dónde está Edgar?

Un silencio le sigue a la pregunta. Si intenta algo, tengo preparada el arma con que apuñalaré a su escolta.

—Le di mis provisiones. Quiso quedarse unos días más para encontrar al prisionero Trey. No pude convencerlo de regresar.

El hombre tuerce la barba.

—Pues que valiente de su parte quedarse allí solo.

Nadie agrega nada. Le ordeno a Zayda que traiga agua y comida abundante para alimentar al rey quien tiene ojeras y vello en el mantón. Una mujer pelirroja entra al cuarto junto a Lykos con un bolso colgando y una caja en las manos.

—Señora, le presento a Arnelia. Ella sanará al rey.

La chica, insegura y de baja estatura, se inclina ante mí. No abre la boca, usa la vestimenta grande y sucia, zapatos desgastados, tan descuidada e igual a todos los traidores de mi pueblo. Controlo mis deseos de rebajarla hasta convertirla en un pequeño cachorro asustado y tembloroso.

—Prosigue.

Todos, excepto Lykos por seguridad, despejamos el espacio para que la chica haga su trabajo. Bien. Está hecho. Ahora debo surtir más planes para estrujar la mayor información posible de diecinueve soldados.

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Los sorteos han sido cancelados hasta que sepa quién es el traidor que vive dentro del castillo. Tampoco me arriesgaré a introducir dentro, a los raptores de mi sanadora. Nadie está alegre con mi decisión y las cosas están tensas.

Por fortuna, me es indiferente lo que opina el pueblo.

Respecto a mis planes, el calvo de barba gris que, ahora sé, es nombrado como Roshal Brando, tiene una mayor cercanía con el capitán. Por lo tanto, debo descartarlo como un posible colaborador.

Hace dos semanas, luego de la llegada de Tedric, Green y yo tuvimos una larga charla en la que le repito lo que ya sabe. Por ende, puso a sus hombres a rehacer el campamento. En mi castillo, ninguno volverá a poner un pie.

—Recuérdame por qué permito esto, Kosevic.

—Para no ingresar en Zaveria a ciegas. Para no morir en cuanto nos acerquemos al territorio. Para encontrar lo que buscamos. Por nuestra propia paz y la…

—Suficiente.

Le pido que se retire. Quiero tener intimidad con mi víctima.

Me he centrado en Lyrian. Mis hombres no encontraron rastro de su paradero en Trescot, yo tampoco. Mis órdenes fueron claras, nadie dejará de buscarla allí ni en los hogares de mi pueblo conspirador. No puede haberse desvanecido en el aire.



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En el texto hay: tension, enemiestolover, slow burn

Editado: 01.03.2026

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