Hasta el último golpe

Primer Asalto

Jonathan

Llegué a mi esquina y sujeté las cuerdas. En unos segundos, la pelea va a empezar. Mi respiración estaba agitada, y sentía cómo mi cuerpo temblaba sin control. Mis músculos se tensaron en el momento en que escuché la campana.

Round 1…

Me di la vuelta y me percaté de que Dylan ya se había acercado a mí. Subí la guardia para cubrirme. Era el momento de demostrar que todo mi esfuerzo había dado frutos. Una serie de jabs y cruzados me impactaron, haciéndome retroceder. Mi espalda chocó contra las cuerdas del ring. No habían pasado ni diez segundos y ya estaba acorralado.

Pero sabía qué hacer. Esquivé uno de sus cruzados y escapé por su derecha, cambiando de posición. Ahora él era quien estaba contra las cuerdas. Es el momento, utilizaré una ráfaga. Estaba decidido a usar una combinación que el campeón había empleado contra mí en esta misma situación. Cambié de guardia y lancé una ráfaga de jabs de derecha que chocaron contra la defensa de Dylan, pero, en un instante, sentí cómo un contragolpe impactaba en mi barbilla.

Retrocedí, aturdido, pero sin bajar la guardia. No entendía cómo había escapado de eso; yo había estado en su lugar muchas veces y era imposible.

Dylan se acercó sin miedo y lanzó un gancho que apenas logré esquivar por pura suerte.

El terror empezó a invadirme. Esquivaba sus golpes como podía, intentando poner distancia entre nosotros. Tenía que pensar en mi siguiente movimiento. Estaba tan concentrado en defenderme que no me había dado cuenta de que había vuelto a la esquina.

Dylan no dudó. Comenzó a lanzar combinaciones de ganchos y cruzados que machacaban mi cuerpo sin piedad.

Observé con atención cada uno de sus golpes, esperando una abertura. Uno de sus cruzados dejó su costado vulnerable. “¡Ahí está!” Apreté el puño y lancé un gancho de derecha directo a sus costillas.

Le dolió.

Se arqueó, pero casi al instante, como castigo, me conectó un uppercut seguido de una combinación de jabs y cruzados.

Mis brazos cayeron. Vi cómo Dylan empezaba a difuminarse entre las luces. Sentí el frío del suelo del ring recorriendo toda mi espalda. Estaba en la lona… otra vez.

Uno… Dos… Tres…

“Ese conteo es tan familiar. ¿Estoy en el gimnasio? No… ¿dónde estoy?”

Cuatro… Cinco… Seis…

Abrí los ojos y distinguí una silueta oscura rodeada de luz. “¿Qué está diciendo? No lo entiendo…”

—¡Jonathan, arriba!

Ese grito me devolvió por completo. Abrí los ojos de golpe, me arrodillé y me puse de pie al instante.

—¿Puedes continuar? —preguntó el árbitro, sujetándome la cabeza.

Asentí. Me dio una palmada y dijo algo más que no llegué a entender.

Distinguí a Dylan acercándose con la guardia alta, pero justo cuando iba a lanzar un golpe, sonó la campana.

Dylan se detuvo y bajó la guardia antes de regresar a su esquina. Yo hice lo mismo.

Al girarme, vi al señor Knox y a sus asistentes ya dentro del ring, esperando a que me acercara.

Caminé hacia ellos y me senté en un pequeño banco. Uno de los asistentes me dio agua y acercó una cubeta para que escupiera.

—¿Estás bien? —preguntó otro de los asistentes mientras me revisaba el rostro, presionando suavemente mi mejilla.

No respondí de inmediato. Mi respiración seguía desordenada y el zumbido en mis oídos apenas me dejaba concentrarme. Sentía el sabor metálico de la sangre mezclarse con el agua que acababa de escupir.

—¡¿Qué diablos intentaste, chico?! ¡Desaprovechaste una oportunidad clara para contraatacar! —me regañó el señor Knox, inclinándose frente a mí.

Levanté la mirada, aún algo aturdido.

—¿Por qué intentaste una ráfaga? Ese no es tu estilo. —Su voz era dura—. No cambies tu forma de pelear. Usa lo que ya sabes hacer, muchacho.

Apreté los dientes. Tenía razón. Había intentado imitar algo que no dominaba.

Cerré los ojos un instante y recordé los entrenamientos. Las repeticiones. Los movimientos básicos una y otra vez. No era un peleador de ráfagas rápidas… era de golpes de potencia, de entrar a corta distancia.

—Entendido, señor —respondí, esta vez con firmeza.

Uno de los asistentes presionó una bolsa fría contra mi mejilla. El dolor me ayudó a despejarme.

El señor Knox me dio una palmada en el hombro.

—Corta distancia. Utiliza cruzados y ganchos —añadió, ya bajando del ring junto a su equipo—. Oblígalo a pelear donde tú eres fuerte.

Me quedé solo en el banco por un segundo.

Al otro lado del ring, Dylan respiraba con calma, como si nada hubiera pasado.

“No está fuera de mi alcance.”

El sonido de la campana rompió el silencio.

Round 2…

Al sonar, me levanté de inmediato. Esta vez no dudé.

Tomé la delantera, acercándome a Dylan con la guardia alta, pero sin precipitarme. Medí la distancia. Un paso más… “ahora estoy dentro.” Sin dudarlo, lancé un cruzado.



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En el texto hay: boxeo, accion, romace

Editado: 18.04.2026

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