Hasta el último golpe

El retador

El retador

Isabelle

Al llegar al restaurante, una ola de temor familiar se apoderó de mí, aferrándose a mi pecho a pesar del ambiente cálido y acogedor. La presión de no fallar nunca desaparecía, acechando en cada rincón de mi mente.

Me dirigí a la cocina con determinación. Sabía que cada plato que salía de ahí llevaba el nombre del chef Dimitri, y con él, su reputación. Observé los ingredientes frescos frente a mí, alineados con precisión y comencé a trabajar.

Las tareas diarias bajo las órdenes del señor Dimitri no variaban: limpiar el área de trabajo, lavar vegetales e instrumentos, repasar recetas y, en ocasiones, preparar algún platillo. Jackson me ayudaba en todas ellas, o al menos eso parecía.

Porque su presencia no pasaba desapercibida. Su mirada, constante y penetrante, se posaba sobre mí con una intensidad que me erizaba la piel. Como si evaluara cada uno de mis movimientos, como si estuviera esperando, casi con anticipación, el momento exacto en que cometería un error.

Intentaba ignorarlo. Como siempre.

El descanso llegó puntual, trayendo consigo un breve respiro que apenas alcanzaba para recomponerme. Al acercarme al área de descanso, vi a Jackson inclinado sobre su teléfono, con el ceño ligeramente fruncido y una expresión concentrada. Reconocí la voz del presentador deportivo incluso antes de ver la pantalla.

—¿Qué estás viendo, Jackson? —pregunté, intentando sonar casual, casi amigable.

Él alzó la mirada hacia mí y esbozó una sonrisa ladeada, cargada de ironía, como si la pregunta le resultara obvia o innecesaria. Sin prisa, giró el teléfono en mi dirección.

—Una repetición de una pelea de boxeo —respondió con desinterés—. Un amigo mío peleó hace poco.

Me incliné un poco más para ver la pantalla. Al reconocer a Jonathan, mi corazón dio un pequeño brinco de alegría.

—¿Eres amigo de Jonathan? —pregunté casi de inmediato, sin ocultar mi sorpresa.

El efecto en Jackson fue inmediato. Frunció el ceño, no con enojo, sino con una confusión teñida de algo más, algo que no alcanzaba a definir.

—Ehh… no—respondió, acercando el teléfono con un gesto ligeramente más brusco de lo necesario. Señaló al otro hombre en la pantalla—. Él es mi amigo.

Tardé un segundo en recordarlo. Dylan.

Justo cuando terminaba de encajar las piezas, el video llegó a su fin y los comentaristas comenzaron su análisis.

~Tal parece que el joven Harris chocó contra una pared, ¿o tú qué opinas, Andrea?~

~Opino lo mismo, Alan. Aunque Harris dominó la pelea en los primeros rounds, Everhart, a pesar de sus caídas, logró recuperarse y nivelarla. Creo que Harris subestimó la capacidad de su oponente… y eso le costó caro.~

~Exacto. La estrategia inicial de Harris fue efectiva, pero Everhart supo adaptarse y terminar derribando su defensa.~

~Los entrenadores de Harris deben estar revisando esta pelea con lupa. En este deporte, subestimar a alguien puede ser fatal, y quedó demostrado en esta pelea.~

~Ya veremos cómo afecta esta derrota a su carrera. A veces, la adversidad es la mejor maestra para un boxeador en ascenso.~

Mientras las voces continuaban, no pude evitar sentir la mirada de Jackson sobre mí otra vez. No era casual, no era inocente, y definitivamente no era cómoda.

Mientras seguía mirando el teléfono, la voz grave y autoritaria del chef Dimitri irrumpió en el breve descanso como un golpe seco.

—¡Hey, ustedes, vuelvan a la cocina!

No hubo espacio para más. Ambos reaccionamos de inmediato.

Dejé el teléfono y regresé a mi estación sin mirar atrás. El ritmo volvió a imponerse. El sonido de los cuchillos, el chisporroteo de las sartenes, las órdenes cortas, todo retomó su curso, como si ese pequeño respiro nunca hubiera existido.

Pero mi mente no estaba ahí.

Intenté concentrarme, obligándome a seguir cada paso de la receta, a no desviarme ni un segundo. Pero era inútil. No podía dejar de pensar en él, en lo que esa pelea habría significado realmente para Jonathan, en cómo se habría sentido al final.

Y, sin quererlo, también en la forma en que Jackson había reaccionado.

Al terminar la jornada, tomé mi bolso y me dirigí hacia la salida, sintiendo el cansancio asentarse en mis hombros.

—Hasta mañana, chef —me despedí.

El señor Dimitri apenas respondió con un gesto de mano, seco, sin siquiera dirigirme la mirada.

Empujé la puerta y el aire exterior me golpeó con suavidad. Apenas di unos pasos cuando escuché pasos apresurados detrás de mí.

Jackson. Se colocó a mi lado con naturalidad.

—Me preguntaste si era amigo del otro boxeador del video —dijo, retomando la conversación sin preámbulos. Su tono pretendía ser casual, pero había algo tenso debajo, algo que no terminaba de encajar—. Dime… ¿Quién es él?

No era una simple pregunta, había interés. Uno demasiado directo para ser indiferente.



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En el texto hay: boxeo, accion, romace

Editado: 10.05.2026

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