Jonathan
Una nueva semana. Conduzco hacia el gimnasio, listo para retomar el entrenamiento después de mi recuperación. Esa pelea me había dañado más que la de Dylan; tal vez él tenía más músculo y fuerza, pero Matthew, su pegada y su ritmo eran impresionantes. No parecían los golpes del chico con quien corrí en la calle; era evidente que, arriba del ring, se convertía en alguien totalmente diferente.
Solo he peleado dos veces como profesional, pero ya me han mostrado lo fascinante y distinto que es este mundo: pelear sin casco, con guantes más ligeros y recibir los golpes de lleno. Es doloroso, pero no importa si ese es el camino para llegar a la cima.
Mientras conduzco, pienso en Isabelle y en esa conversación que lo cambió todo. El deseo en sus ojos, la firmeza en su voz al decirme que quería formar una familia conmigo, no dejo de recordar ese momento.
Todo en mi vida avanzaba de gran forma: mi carrera como profesional acababa de comenzar, al igual que la posibilidad de formar una familia y cumplir el sueño de Isabelle. Era mucho en qué pensar. Sé que el dinero será indispensable para todo lo que viene, y por eso daré siempre lo mejor de mí para mejorar y ganar cada pelea en el futuro.
Llego al gimnasio y estaciono, inhalando profundamente antes de apagar el motor. Afuera, el sol apenas comienza a asomarse por las ventanas del edificio, y escucho los ecos de los sacos de boxeo siendo golpeados desde dentro. Al bajar del auto, me estiro un poco, soltando la tensión de los hombros.
Al entrar, mis ojos recorren el gimnasio hasta encontrar al campeón. Lo observo mientras practica algunos movimientos, concentrado y serio como siempre. Me sorprendo: tenía entendido que aún le faltaban dos semanas de recuperación, pero ahí está, entrenando con la misma intensidad. Su mirada es distinta desde que salió del hospital; hay una intensidad en él que, aunque antes existía, ahora parece mayor. No puedo evitar preguntarme qué pasó durante su recuperación o en su pelea, pero tuvo que ser algo realmente fuerte.
Desvío la vista ligeramente y noto a alguien más. Un chico nuevo, joven, más o menos de mi edad, con una expresión despreocupada mientras estira. Sonríe con tranquilidad, pero cuando me ve, su expresión cambia de inmediato. Sus ojos se fijan en mí con seriedad, transmitiéndome una extraña sensación, la misma que sentí con Jackson cuando lo conocí.
Un pequeño escalofrí recorre mi espalda antes de girarme. “¿Qué extraño?”, pienso mientras camino hacia el vestuario, sintiendo su mirada clavada en mí hasta que desaparezco tras la puerta.
Tras cambiarme y salir del vestidor, camino hacia una banca para vendarme, pero antes de poder sentarme, alguien me detiene.
—Ey, muchacho —el señor Knox se acerca y me quita las vendas de las manos—. Aún no te vendas. Primero tienes que ir a correr.
Su orden me parece extraña.
—¿Cambio de rutina? —pregunto, poniéndome de pie.
—Sí. A partir de ahora vas a entrenar con mi nieto y Ethan —dice, encaminándome hacia afuera, donde el campeón y el chico nuevo ya están listos para correr—. Necesitas una rutina más pesada ahora que eres profesional, y más aún por tu próxima pelea. Ese chico, Jackson… lo investigué un poco. Tiene un buen récord.
Asiento mientras sigo al señor Knox. Miro con curiosidad al chico nuevo. “El debe ser Ethan”, pienso mientras me acerco. En cuanto me detengo a su lado, Ethan me mira de reojo. Aunque es rápido, percibo esa mirada llena de confianza y seguridad, pero con ese extraño matiz. No puedo dejar de analizarlo.
—¡Ya váyanse! Intenten seguirle el paso a mi nieto —ordena el señor Knox.
Ellos comienzan a trotar de inmediato. Me quedo quieto un segundo, hasta que un golpe en la espalda me lanza hacia adelante.
—¡La orden también era para ti! ¡Alcanzalos, muchacho!
—¡Sí! —empiezo a correr para alcanzarlos. En pocos segundos ya estoy a su lado. Desacelero y me adapto a su ritmo.
Mientras trotaba, la mención de Jackson regresó a mi mente. Sabía que tenía que entrenar más para avanzar, pero lo de su récord, nunca me había detenido a pensar contra quién me enfrentaría realmente. “Tengo que analizar algunas de sus peleas”, me dije.
Mientras mis pensamientos se enredaban en el pensamiento de mi futura pelea, el campeón comenzó a acelerar el paso. Su movimiento era controlado incluso al correr; parecía un corredor olímpico alejándose sin esfuerzo. Ethan no tardó en seguirlo, imitando su técnica, dejándome atrás.
“Es hora de correr”, pensé, aumentando el ritmo. No solo quería alcanzarlos, también necesitaba demostrarme que podía seguirles el paso. Mis piernas comenzaron a moverse más rápido, sintiendo cómo los músculos se calentaban. A diferencia del campeón, yo no solía correr largas distancias; no formaba parte de mi rutina, pero eso acababa de cambiar. Ahora tendría que hacerlo todos los días, igual que él.
El viento golpeaba mi rostro mientras los veía alejarse cada vez más. Ethan se mantenía a la par del campeón. Parecían competidores natos: cada paso firme y fluido.
Mi respiración se volvió más pesada, pero me negaba a rendirme. “Si voy a enfrentarme a Jackson, primero tengo que ser capaz de seguirles el paso”, me repetí, forzándome aún más.
Editado: 08.07.2026