Hasta el último golpe

Una Lección de Poder

Jackson

Las luces sobre el cuadrilátero me pertenecían, como siempre. El sudor resbalaba por mi frente, pero no era por el esfuerzo, sino por el calor de los reflectores y la atención fija de los periodistas apostados al borde del gimnasio. Este no era un combate real, claro. Era un simple sparring, un espectáculo para entretener y reafirmar lo que todos ya sabían: que yo estaba en una liga muy por encima de los pobres bastardos que se atrevían a compartir el ring conmigo.

Frente a mí, un pobre tipo. Su nombre no importaba; era irrelevante, como el resto de su existencia. Estaba allí porque necesitaban a alguien que recibiera los golpes, y él había tenido la mala suerte de aceptar.

Los primeros minutos fueron casi aburridos. Lo dejé lanzar un par de golpes sin propósito, más para exhibir lo patético que era que para intentar tocarme. Yo esquivaba con facilidad, apenas moviendo el torso. Mis pies se deslizaban alrededor de él, firmes pero ligeros. De vez en cuando conectaba un jab, solo para recordarle que estaba jugando con él. Vi el miedo en sus ojos, disfrazado de determinación. Cómo disfruto el momento en que se dan cuenta de que no pueden ganar.

—¡Vamos! Haz algo. Si quieres, puedo bajar la guardia para que sea más fácil —dije con una sonrisa ladeada, asegurándome de que mi voz fuera lo suficientemente alta para que los micrófonos captaran cada palabra.

El final llegó cuando decidí que ya había tenido suficiente. Me acerqué y conecté un uppercut en su abdomen para hacerle bajar la guardia, seguido de un gancho de izquierda que impactó limpio en su mejilla. Su cabeza giró con un chasquido satisfactorio. Patético. Rematé con un directo al mentón, un golpe que lo envió al suelo al instante.

El ruido de los periodistas se detuvo por un segundo. Luego, los flashes de las cámaras iluminaron la escena mientras levantaba las manos en señal de victoria. Mi sonrisa brillaba tanto como las luces. Miré a los periodistas y le guiñé un ojo a uno de ellos, sabiendo que esa imagen estaría en todos los titulares al día siguiente.

El tipo seguía en el suelo, inconsciente o demasiado humillado para levantarse. No importaba. Esto no era sobre él. Esto era sobre mí, como todo lo demás. Los aplausos llenaron el aire; no eran solo para mí, sino para el espectáculo. Pero daba igual. Yo era el espectáculo.

Mientras bajaba las manos, mi mirada se detuvo en una chica entre los periodistas. Morena, cabello lacio hasta los hombros y unos labios que atrapaban la atención. Sostenía un micrófono, pero no hablaba. En cambio, me observaba con una mezcla de fascinación y algo más, algo que decidí interpretar como admiración.

Perfecto”, pensé. Ese era el verdadero premio.

Cuando todo terminó y las luces comenzaron a apagarse, me aseguré de caminar hacia donde ella estaba. Los demás periodistas seguían haciéndome preguntas, pero los ignoré por completo. No tenía que responderle a nadie.

—Tú —dije, señalándola con una sonrisa—. Eres nueva, ¿verdad? No te había visto antes.

Ella parpadeó, sorprendida, pero luego recuperó la compostura.

—Sí, es mi primera vez cubriendo algo así. Buen combate —dijo, intentando sonar profesional.

—No fue un combate, ni siquiera se le podría llamar sparring –respondí, inclinándome ligeramente hacia ella—. Pero gracias. ¿Cómo te llamas?

—Zoe —respondió, algo tensa.

—Zoe —repetí, dejando que su nombre rodara en mi lengua como si fuera un manjar—. Bueno, Zoe, creo que mereces una entrevista exclusiva. Pero no aquí. Este lugar es un caos. ¿Qué tal si seguimos hablando en un sitio más tranquilo?

Ella dudó, y antes de que pudiera responder, añadí:

—Prometo que no te arrepentirás. Además, sería una pena desperdiciar tu tiempo en medio de esta multitud.

Al final, aceptó. Por supuesto que lo hizo. Nadie le decía que no a Jackson Foster.

Mientras caminábamos hacia la salida, me encontré con Dylan, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—¿A dónde vas, Jackson? —preguntó con un tono entre molesto y autoritario.

Su mirada se deslizó hacia Zoe, que se detuvo un paso detrás de mí, un poco tímida.

—No quiero desperdiciar mi día libre —respondí sin detenerme, con una despreocupación calculada—. Tú diviértete aquí. Y recuerda: nuestra apuesta era que tenías que ganar tu pelea para dejar de raparte.

Deslicé la mano por su cabeza calva, recordándole cómo había ganado. Dylan apartó mi mano de un golpe, pero no dijo nada más. Sabía que le molestaba haber perdido contra mí, aunque fue decisión suya enfrentarme aun conociendo el resultado.

Una vez fuera del gimnasio, Zoe y yo caminamos hacia mi auto: un deportivo negro que llamaba tanto la atención como yo mismo. Abrí la puerta del copiloto para ella, dejando que ese pequeño gesto hiciera su efecto. Luego subí y encendí el motor, que rugió como un león.

—Entonces, Zoe —dije mientras nos alejábamos—, dime: ¿qué quieres saber sobre Jackson Foster?

La entrevista estaba a punto de comenzar.

El trayecto a mi casa fue breve, aunque suficiente para que Zoe intentara mantener su profesionalismo. Hizo un par de preguntas genéricas sobre mi entrenamiento y mi próxima pelea, que respondí sin preocupación alguna.



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En el texto hay: boxeo, accion, romace

Editado: 08.07.2026

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