Isabelle
—Ero piccola, forse sei o sette anni —dijo con una pequeña risa, recordando su niñez—. Mia madre mi cercava dappertutto. Alla fine, mi hanno trovato vicino a un banco di dolci.
Me había contado cómo su madre la había buscado por todas partes hasta que la encontraron cerca de un puesto de dulces. No pude evitar reír suavemente ante la imagen de una pequeña Luna perdida por buscar dulces, aunque también podía imaginar la preocupación de su madre en aquel momento.
—E ti hanno sgridata? —pregunté, curiosa por saber si la habían castigado.
—¡Oh, sì! Mia madre era arrabbiata, ma poi mi ha comprato una caramella. Era sempre così —admitió con una sonrisa nostálgica.
Mi corazón se enterneció con las palabras de Luna. Aunque su madre se había enfadado con ella, después del susto decidió comprarle un dulce. Parecía ser algo habitual entre ellas, como dijo: “Siempre era así”.
Habíamos pasado los últimos minutos del trayecto hablando en italiano, algo que a Luna la hacía sentir más cómoda. Su acento suave y melodioso llenaba el coche con pequeñas historias de su vida en Italia. Sin embargo, había llegado el momento de cambiar al inglés para que pudiera practicar y ver su progreso, algo que se había vuelto cotidiano para nosotras.
—Luna, ¿cómo estuvo tu día ayer? —le pregunté, manteniendo la vista en la carretera.
Luna me miró rápidamente, un poco sorprendida por la pregunta, antes de sonreír de forma tímida.
—Estuvo bien… uh… trabajo, ya sabes. Estuvo ocupado… pero… bien —me dijo, con su acento marcado, aún un poco insegura con las palabras.
Sonreí, comprendiendo su esfuerzo.
—Lo estás haciendo genial, Luna. No te preocupes por los errores, lo importante es practicar —dije, dándole un vistazo rápido y animador mientras conducía.
Luna asintió con una sonrisa agradecida, pero noté que seguía algo nerviosa.
—Gracias, Isabelle —sus palabras estaban llenas de sinceridad y gratitud.
—Non importa —respondí. Entendía la dificultad de aprender un nuevo idioma; yo también había tenido muchos problemas al aprender, igual que ella.
Luna se encogió de hombros.
—Um… había un cliente… uh… impaciente. No entendí todo… pero… creo que al final… estaba feliz —dijo con cierta timidez.
—¿Y qué hiciste? —pregunté, interesada en cómo había manejado la situación.
—Uh… pedí que repita… más despacio —hizo una pausa, buscando las palabras—. Y usé el… ¿cómo se dice?
Se llevó una mano al mentón, pensativa.
—¿Traductor?
—¡Sí, eso! El traductor… en mi… teléfono.
Solté una risa ligera.
—Eso es excelente, Luna. Pedir que repitan y usar herramientas es lo que todos hacemos cuando aprendemos un idioma. Incluso yo lo hago cuando no estoy segura de algo en italiano.
Luna me miró con curiosidad.
—¿De… verdad?
—Por supuesto. Nadie lo sabe todo y no hay vergüenza en pedir ayuda. Además, cada vez que lo haces, aprendes un poco más.
Cuando llegamos al restaurante, el aroma a pan recién horneado y especias llenaba el ambiente, creando una sensación cálida y acogedora. Luna tomó un respiro profundo antes de salir del coche, como si ese pequeño gesto le diera confianza.
—¿Entramos? —le dije con una sonrisa, tratando de animarla.
Luna asintió, ajustando su delantal, que llevaba doblado en el brazo, y caminamos juntas hacia la entrada. A pesar de los nervios que aún se reflejaban en su expresión, se notaba su determinación.
El restaurante estaba comenzando a llenarse. Los camareros se movían de un lado a otro con bandejas en las manos, y el sonido de los cubiertos chocando contra los platos se mezclaba con las voces de los clientes y la música suave de fondo. Detrás del mostrador, el señor Dimitri daba instrucciones rápidas con su voz firme y grave.
—¡Buenos días a todos! —dijo Luna con entusiasmo al entrar. Sin pausas ni equivocaciones; era una de las frases que pronunciaba con total seguridad.
El chef la miró y asintió en respuesta antes de volver a su trabajo.
Me dirigí a mi espacio junto a Jackson, que ya me esperaba con su típica sonrisa cargada de superioridad, organizando los ingredientes del día. Se giró levemente al escuchar la voz de Luna y la observó con interés mientras cortaba verduras con destreza.
—Mírala nada más —comentó con un tono que mezclaba burla y curiosidad—. Cada día se la ve más segura. Aún torpe, pero con ganas de mejorar. ¿Crees que llegará a algo?
—Creo que tiene potencial —respondí sin apartar la vista de mi estación—. Al menos, trabaja duro.
Jackson soltó una leve risa y negó con la cabeza.
—El esfuerzo es admirable, pero no siempre es suficiente. Ya sabes cómo es esto, Isabelle. Algunos simplemente no tienen lo necesario para destacar.
No respondí, prefiriendo concentrarme en mis tareas. Jackson siempre encontraba la manera de menospreciar a los demás, aunque en esta ocasión percibí algo diferente en su tono, como si no solo estuviera refiriéndose a Luna.
Editado: 30.07.2026